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La canonización de Óscar Arnulfo Romero, el valiente santo que enfrentó la tiranía fascista salvadoreña de los años 80

15 de octubre 2018.

Este domingo fue canonizado al monseñor Óscar Arnulfo Romero, en emotiva ceremonia eclesiastica oficiada por el Papa Francisco I (Jorge Mario Bergoglio).

San Óscar Arnulfo Romero nació en El Salvador el 15 de agosto 1917, en la Ciudad Barrios, departamento de San Miguel. Su familia, de origen humilde y modesta, estaba constituida por su padre, Santos, su madre, Guadalupe, y sus siete hermanos.

Romeró se caracterizo por romper el esquema de los grandes gerarcas de la iglesia que ataviados con joyas, lujos y degustando suculentas cenas se limitan a profesar la palabra de cristo desde el pulpito si tener contacto con las clases populares ni interceder o luchar en pro de las demandas de los más necesitados.

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El 13 de mayo de 2015 San Romero fue beatificado por el papa Francisco, al reconocerse que fue asesinado “in odium fidei” (en odio por su fe), mientras oficiaba una misa. La beatificación del santo de América representó un acto de justicia, no solo para la comunidad católica, sino para todos los salvadoreños, ya que se reivindicó la memoria histórica del país.

San Romero abrió las puertas de la Iglesia a los campesinos desplazados y condenó la represión del Ejército durante la guerra civil salvadoreña (1980-1982). A lo largo de su vida se encargó de denunciar la violencia militar, razón por la que fue asesinado con el objetivo de callar su voz, siempre en pro de esta lucha.

Pese al máximo reconocimiento que recibió de la Santa Sede este domingo, la labor del mártir salvadoreño no siempre fue reconocida ni comprendida por la jerarquía del catolicismo.

Romero, quien ya era considerado un santo para muchos en El Salvador y en América Latina, fue una figura controvertida desde su nombramiento como arzobispo de San Salvador en 1977 hasta su asesinato, el 24 de marzo de 1980, por el disparo de un ultraderechista agente del ejercito salvadoreño.

Con sus denuncias de violaciones a los derechos humanos por parte del gobierno militar, se ganó numerosos enemigos en un clima de fuerte tensión en la nación centroamericana.

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Monseñor Óscar arnulfo Romero

Monseñor Romero era un popular representante de la iglesia catolica en El Salvador, un conotado activista social y defensor de los Derechos Humanos, los fieles sencillamente le amaban y se sentían representados por Óscar Arnulfo Romero en medio de un conflicto armado interno y las grtezcas violaciones de DDHH perpetradas por las fuerzas armadas militares que gobernaban la nación centroamericana por medio de una denominada ‘Junta Revolucionaria de Gobierno’.

Para marzo de 1980, los derechista José Napoleón Duarte y el Coronel Adolfo Majano, pasaron a controlar la  ‘Junta Revolucionaria de Gobierno’ recibiendo asesoría de los Estados Unidos e incrementando salvajemente las violaciones de DDHH, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, represión, censura y persecución política. (El 3 de marzo, Héctor Dada Hirezi renunció a su cargo dentro de la ‘Junta Revolucionaria de Gobierno’, incorporándose en su lugar, el líder del Partido Democrata Cistiano, José Napoleón Duarte).

Monseñor Romero se oponía radicalmente a las manifestaciones tiranicas que caracterizaban al gobierno salvadoreño, El 2 de febrero de 1980, Romero pronuncia un contundente discurso en la Universidad Católica de Lovaina, donde fue distinguido con el doctorado honoris causa como reconocimiento en su lucha en defensa de los DDHH; “Las mayorías pobres de nuestro país son oprimidas y reprimidas cotidianamente por las estructuras económicas y políticas de nuestro país. Entre nosotros siguen siendo verdad las terribles palabras de los profetas de Israel. Existen entre nosotros los que venden el justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres; los que hacen que se acerque un reino de violencia, acostados en camas de marfil; los que juntan casa con casa y anexionan campo a campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país… Es, pues, un hecho claro que nuestra Iglesia ha sido perseguida en los tres últimos años. Pero lo más importante es observar por qué ha sido perseguida. No se ha perseguido a cualquier sacerdote ni atacado a cualquier institución. Se ha perseguido y atacado aquella parte de la Iglesia que se ha puesto del lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa. Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución a la Iglesia: los pobres. De nuevo son los pobres lo que nos hacen comprender lo que realmente ha ocurrido. Y por ello la Iglesia ha entendido la persecución desde los pobres. La persecución ha sido ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el destino de los pobres”.

“El mundo de los pobres con características sociales y políticas bien concretas, nos enseña dónde debe encarnarse la Iglesia para evitar la falsa universalización que termina siempre en connivencia con los poderosos. El mundo de los pobres nos enseña cómo ha de ser el amor cristiano, que busca ciertamente la paz, pero desenmascara el falso pacifismo, la resignación y la inactividad; que debe ser ciertamente gratuito pero debe buscar la eficacia histórica. El mundo de los pobres nos enseña que la sublimidad del amor cristiano debe pasar por la imperante necesidad de la justicia para las mayorías y no debe rehuir la lucha honrada. El mundo de los pobres nos enseña que la liberación llegará no sólo cuando los pobres sean puros destinatarios de los beneficios de gobiernos o de la misma Iglesia, sino actores y protagonistas ellos mismos de su lucha y de su liberación desenmascarando así la raíz última de falsos paternalismos aun eclesiales. Y también el mundo real de los pobres nos enseña de qué se trata en la esperanza cristiana”.

Monseñor Óscar Arnulfo Romero junto al Papa Juna Pablo II.

El diario EL CLARIN señala sobre la relación de óscar Arnulfo Romero y Juna Pablo II: Monseñor Romero, que era de origen más bien conservador, simpatizante del Opus Dei, se rebeló a la dictadura salvadoreña y la represión sangrienta de los militares. Fue acusado de vecindad con la Teología de la Liberación. El Papa Juan Pablo II no lo ayudó. Al contrario: en la última audiencia que le dio en el Vaticano le reprochó una actitud demasiado rígida con el régimen salvadoreño y poco dura con los guerrilleros. 

El día 23 de marzo de 1980, un día antes de su asesinato, monseñor Romero hizo desde la catedral un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño, en su homilía titulada La Iglesia, un servicio de liberación personal, comunitaria, trascendente, que más tarde se conoció como Homilía de fuego: “Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”.

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ASESINATO DE ARNULFO ROMERO

Romero

ASESINATO DE ARNULFO ROMERO

Una monja besa la frente del cuerpo de monseñor Óscar Arnulfo Romero.

El lunes 24 de marzo de 1980 aproximadamente a las 6:30pm fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador desde un auto con capota de color rojo, impactó en su corazón momentos antes de la Sagrada Consagración. Tenía 62 años.

En el 2011 se determinó que el autor material de los disparos fue el subsargento Samayor Acosta se desempeñaba en aquella época como miembro del equipo de seguridad del expresidente salvadoreño coronel derechista Arturo Armando Molina, la orden del asesinato de Romero fue directamente girada por el mayor Roberto D’Abuisson (ex Jefe de la sección política del Departamento de Inteligencia (G-2) de la Guardia Nacional y director de la ANSESAL, una agencia de inteligencia del Ejército y fundador del partido ARENA) y el Mario Molina, hijo del expresidente Arturo Armando Molina.

La canonización

Papa Francisco

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Ultiman detalles en capital salvadoreña para evento por canonización Romero

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En 2017, el papa Francisco firmó los decretos que permitían la canonización de San Romero.El 13 de mayo de 2015 San Romero fue beatificado por el papa Francisco, al reconocerse que fue asesinado “in odium fidei” (en odio por su fe), mientras oficiaba una misa. La beatificación del santo de América. Estos decretos reconocen el milagro atribuido a la intercesión del santo, el que fue la curación de un cáncer incurable de una persona, sin explicación médica.

Francisco elogió del san Oscar Romero, asesinado en 1980 por un comando de la ultraderecha, que abandonó “la seguridad del mundo, incluso su propia incolumidad, para entregar su vida según el Evangelio, cercano a los pobres y a su gente, con el corazón magnetizado por Jesús y sus hermanos”.

38 años desde su muerte, por primera vez el corazón geográfico del catolicismo estaba colmado de gorras azules y bufandas blancas, que llevaban los miles de salvadoreños que llegaron a la capital italiana.

El Milagro de San Romero de América

Biblia abierta con una estampa con la imagen de monseñor Romero

Biblia abierta con la oración a monseñor Romero

Cecilia Flores sobrevivió por razones científicamente inexplicables a un síndrome que la tuvo a un paso de muerte, lo que la Iglesia católica aceptó como un milagro atribuido a monseñor Óscar Arnulfo Romero, el arzobispo asesinado el 24 de marzo de 1980 y que fue canonizado este domingo.

Ama de casa sencilla y de semblante alegre, esta salvadoreña de 36 años madre de dos niños y una niña es una católica muy devota y forma parte de una comunidad neocatecumenal en la Iglesia junto a su esposo, Alejandro Rivas.

En enero de 2015, Flores se enteró de que estaba embarazada, una noticia que la alegró pero al mismo tiempo le causó preocupación. De seis embarazos previos, cuatro habían terminaron en pérdidas y los médicos le habían advertido que no tuviera más hijos porque ponía en peligro su vida. De los otros dos embarazos nacieron sus hijos Emiliano, actualmente de 13 años, y Rebeca, de cinco. Fue un embarazo de alto riesgo que requirió constante vigilancia médica. El 27 de agosto su esposo la llevó al hospital de Maternidad 1 de Mayo, en San Salvador.

Debido a que sufría de presión alta, fue sometida a una cesárea de emergencia y en los primeros minutos del 28 de agosto nació su tercer hijo, Luis Carlos, que ahora tiene tres años.

“Nace el niño, nace bien, en perfectas condiciones, ni siquiera estuvo en incubadora, fue un niño sano”, “Pero yo, al estar en recuperación, me comencé a sentir inflamada. Me mandaron a una sala de cuidados intensivos del hospital 1 de Mayo pues iba empeorando” cuenta Cecilia Flores.

Un intenso dolor abdominal hizo que volviera al hospital. Los médicos realizaron numerosos análisis que confirmaron un daño progresivo en el hígado y los riñones. El diagnóstico fue que Cecilia padecía el síndrome de Hellp (las siglas de Hemolysis, Elevated Liver Enzymes and Low Platelet count o Hemólisis, Enzimas Hepáticas Elevadas y Cuenta Baja de Plaquetas) que, entre otros daños, causa insuficiencia renal y hemorragia de hígado.

“Sentía que estaba muriendo, tenía un dolor insoportable”, recuerda Flores, que comenzaba a presentar fallas renales y pulmonares, por los cuales los médicos decidieron inducirle un coma. “Pasé en coma desde el 31 de agosto hasta el 8 de setiembre, no supe nada de lo que sucedió”, agregó.

Con Cecilia en coma, la preocupación invadió a su marido: “Yo vi la lucha continua de los médicos”. Luego de varios exámenes médicos, fue diagnosticada con el Síndrome de HELLP, una rara afección que puede ser mortal.

“Ese síndrome fulminante de HELLP es un grupo de síntomas que se presenta en las mujeres embarazadas, algunas veces se manifiesta en la semana posterior al nacimiento del bebé y entre las complicaciones se encuentran edema pulmonar, insuficiencia renal, insuficiencia y hemorragia del hígado”, “A juicio de los especialistas, se trató de un síndrome que necesariamente la habría llevado a la muerte”, señaló monseñor Rafael Urrutia, canciller de la Iglesia católica salvadoreña.

Tras conocer el diagnóstico y dejando a Flores en estado muy crítico en el hospital, su esposo Alejandro Rivas, se marchó a su casa lamentando las palabras de los médicos que no le daban muchas esperanzas de vida a su mujer.

En la madrugada del 5 de septiembre, Alejandro Rivas tomó una Biblia y de ella cayó una estampa de Romero con una oración para pedir su intercesión por un milagro. Le rezó y le pidió por la salud y vida de su esposa.”La verdad, no me declaraba un seguidor de Romero”, relata Alejandro al tiempo que recuerda que, con la estampa del beato entre su manos, comenzó a recitar aquella oración por la salud de su esposa. “Fue una plegaria sincera”. Sin saberlo en ese momento y casi en el mismo instante, Melvin Rubio, amigo cercano de la familia, rezaba la misma oración por la salud de Cecilia desde la cripta de la Catedral Metropolitana de San Salvador, en donde descansan los restos de monseñor Romero.

Algo sucedió desde ese día: Cecilia comenzó a recuperarse y fue sacada del coma. “El 4 de septiembre el doctor me dice que ella se está muriendo, y el 14 de setiembre ella sale caminando del hospital… ¿Qué es esto si no un milagro? No tiene otra explicación”, asegura Rivas.

Según Urrutia, el caso de Cecilia Flores fue “muy estudiado” y se llegó a la conclusión de que lo sucedido a la mujer “no tenía una explicación científica” y por tanto, “era un milagro”.

“Tuvo que obrar una fuerza superior en el caso de Cecilia, no hay más explicación”, asegura el doctor Armando Lucha, director del hospital 1 de Mayo y uno de los médicos encargados de revisar el expediente clínico de Flores, de más de 900 páginas, a pedido de la Iglesia.

El miércoles 7 de marzo de 2018, mientras preparaba el desayuno para su familia, Cecilia recibió un mensaje en su teléfono celular: “El Vaticano hará santo a Monseñor Romero”.

Luego de dar gracias en silencio, preparó a su hijo menor y se dirigió a la cripta de la Catedral de San Salvador para dar gracias frente al beato mismo.

“Yo no necesitaba ni que el Vaticano ni que nadie viniera a decirnos a nosotros que esto había sido un milagro”, señala Cecilia y una vez más su esposo la complementa. “Tengo una prueba física de que Dios actúa en nuestras vidas”, dice, y discretamente toma la mano de su esposa.

Cecilia Flores, a quien no le quedaron secuelas del síndrome de HELLP según estudios médicos, estuvo con su familia al Vaticano para la ceremonia en la que canonizaron a monseñor Romero y a agradecer al santo que le salvó la vida.

Cecilia Flores con su familia

Cecilia Flores con su familia.

Cecilia Flores, junto a su esposo y su hijo

Cecilia Flores con su esposo y bebé Luis. El niño toca con su mano una pintura de monseñor Romero

 

K.Camacho.

Con información de AFP/EFE/RAI/Telesur/BBC Mundo

 

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