Mundo

50 años de la Masacre de Tlatelolco, cuando el Gobierno mexicano asesorado por la CIA asesinó más de 300 estudiantes y trabajadores acusandolos de ‘comunistas’

02 de septiembre 2018.

Transcurría el segundo día del mes de octubre del año de 1968 y el mundo se paralizaba al observar con terror cómo cientos de estudiantes eran masacrados en México por manifestarse en contra del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, cuya Administración acusaba al movimiento estudiantil de estar conformado por “terroristas” y “delincientes” que pretendían instaurar un régimen “comunista” como parte de un “Plan Subversivo de Proyección Internacional”.

Las manifestaciones del estudiantado y la sociedad mexicana estaban basadas en una serie exigencias de respeto a la autonomía universitaria y reclamos contra las políticas represivas y de censura impuestas por el presidente Gustavo Díaz Ordaz.

Una serie de acciones represivas por parte de los organismos de seguridad del Estado habían desencadenado en la violación de los recintos universitarios y detención de varios estudiantes, lo que generó en una acción de huelga liderada por los movimientos estudiantiles de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

El movimiento estudiantil logró el respaldo de sindicatos, grupos de vecinos y hasta amas de casa. A las primeras manifestaciones, en julio de 1968, acudieron cientos de jóvenes, pero al paso de los meses aumentó el número de asistentes. En la llamada Marcha del Silencio, el 13 de septiembre, participaron más de 300.000 personas. Las protestas se extendieron por varias ciudades del país.

“Fue muy bonito. Los alumnos, algunos padres y gente que los apoyaban se volcaron a las calles en manifestaciones que llegaron a ser de 400.000 o 600.000 personas y en las que se tomó el Zócalo —en el centro histórico de la Ciudad de México—. Gritaban consignas, estaban alegres de participar. A partir de ahí se formó una sociedad más participativa, mas politizada. Con mayor participación de los jóvenes y mucho mayor preocupación por el país. Creo que para los estudiantes de entonces la victoria era el hecho de ganar la calle, de manifestarse, sentir que la ciudad y el país podrían ser de ellos”. Elena Poniatowska,  libro, “La Noche de Tlatelolco”.

El movimiento estudiantil y la Cosejo Nacional de Huelga (CNH)-conformado por estudiantes, profesores, intelectuales y trabajadores- exigían al Gobierno la disolución del cuerpo de granaderos, eliminar de las leyes el delito de disolución social, castigo a los responsables de agredir estudiantes, liberación de todos los presos políticos, y un diálogo público y abierto del Consejo Nacional de Huelga (CHN) con el Gobierno federal.

ESTOS ERAN EN DETALLE LOS SEIS PUNTOS DEMANDADOS POR EL CNH:

Libertad a los presos políticos.

Destitución de jefes policiales, los generales Luis Cueto Ramírez y Raúl Mendiolea y el teniente coronel, Armando Frías.

Extinción del cuerpo de granaderos.

Derogación del art. 145 y 145 bis del Código Penal Federal que condenaba el delito de disolución social y funcionaba como el argumento jurídico que justificaba las agresiones.

Indemnización a los familiares de los muertos y heridos desde el inicio del movimiento.

– Instauración de mesa de diálogo del Cosejo Nacional de Huelga (CNH) con el Gobierno y respeto a las garantías laborales, judiciales y académicas de las autoridades universitarias.

Las demandas del movimiento estudiantil son respondidas el 18 de septiembre Alrededor de las diez de la noche, el ejército ocupa Ciudad Universitaria. Son detenidas cerca de quinientas personas, ya el Presidente Díaz Ordaz había advertido, “No quisiéramos vernos en el caso de tomar medidas que no deseamos, pero que tomaremos si es necesario; lo que sea nuestro deber hacer, lo haremos; hasta donde estemos obligados a llegar llegaremos”.

“El movimiento de 68 no se comprendería si no se considera que en esa época existía un régimen autoritario y represivo”. “Antes de nosotros hubo otros mexicanos que habían reclamado más o menos lo mismo: cumplimiento de la ley, respeto a los derechos y la Constitución”. “Sobre todo en los años 60 hubo una sucesión de intervenciones militares en las universidades, que fue creando un ambiente de descontento y de malestar entre la juventud”. “Los estudiantes del 68 en México se unieron a un reclamo internacional frente al orden existente en aquel tiempo”. “En el caso nuestro era un orden muy autoritario, que no respetaba las movilizaciones de reclamo social”, señala a BBC Rolando Cordera, consejero por la Escuela de Economía ante el CNH.

Exèrcit al Zócalo-28 d'agost.jpg

Los últimos 12 días del mes de septiembre se caracterizaron por fuertes enfrentamiento entre estudiantes y elementos de los organismos de seguridad. El rector de la UNAM, Barrios Sierra, rechaza las acciones represivas, “Los problemas de los jóvenes, sólo pueden resolverse por la vía de la educación, jamás por la fuerza, la violencia o la corrupción”.

Un agravante que hacia perder la paciencia al Gobierno mexicano era nada más y nada menos que la proximidad de la inauguración de los Juegos Olímpicos  pautados para el 12 de octubre, la Administración de Díaz Ordaz tenía claro que no permitiría grandes movilizaciones estudiantiles que empañaran la celebración  del magno evento deportivo que tendría como sede por primera vez a suelo Azteca.

Sería la primera vez que los Juegos Olímpicos se transmitirían por satélite a todo el mundo, para cubrir las Olimpiadas llegaron periodistas enviados por medios internacionales. Para ese momento, las protestas estudiantiles eran más intensas. Muchos periodistas empezaron a cubrir las movilizaciones. No era la imagen de país que pretendía enviar el gobierno de Díaz Ordaz. Además, el presidente mexicano estaba convencido que los estudiantes formaban parte de una especie de conjura comunista en contra de los juegos.

OPERACIÓN GALEANA: LA MASACRE

Imagen relacionada

Luis Echeverria, Secretario de Gobierno y el Presidente Gustavo Díaz Ordaz.

El movimiento estudiantil había convocado a un gran mitin en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, estaba previsto que concentración terminaría con una marcha hacia las instalaciones del Instituto Politécnico Nacional (IPN) en el Casco de Santo Tomás.

La decisión ya había sido tomada por el presidente Gustavo Díaz Ordaz y su Secretario de Gobierno, Luis Echeverría sería el encargado de comunicarlo a los cuerpos de seguridad, consideraban que los recursos políticos se habían agotado y era momento de hacer uso de la fuerza, el Ejecutivo ordenaba así la Operación Galeana, cuyo objetivo era evitar que la marcha de Tlatelolco al Casco de Santo Tomás se llevara a cabo, capturar a los líderes del movimiento estudiantil y anular definitivamente las protestas.

Aproximadamente a la 1:00pm las tropas mexicanas comienzan a movilizarse hacia el barrio de Tlatelolco. El 44 batallón de infantería se dirige a la estación de ferrocarril de Buenavista, al lado del sector ampliado Paseo de la Reforma, ya cerca de la Plaza de las Tres Culturas donde se reunirán los estudiantes por la tarde. Paralelamente comandados por el coronel Ernesto Gutiérrez Gómez, el batallón Olimpia, ocupa varios espacios de los edificios que estaban cercanos a la Plaza donde se concentrarían los estudiantes, (Puntos estratégicos de las edificaciones:Chihuahua, 2 de Abril, 15 de Septiembre, I.S.S.S.T.E. 11, Revolución de 1910 y la Iglesia de Santiago fueron tomadas por los funcionarios militares), la nefasta acción tendría características de emboscada.

Foto

En el transcurso de la tarde, Joel Ortega Juárez, miembro del movimiento estudiantil, avisa a sus compañeros de la presencia militar y de la imposibilidad de llevar la protesta desde Tlatelolco hasta el Casco de Santo Tomás, “Al llegar al pie de los elevadores del edificio Chihuahua noté que había muchos hombres vestidos de civil con un corte de pelo militar”.

A las 5.00pm la Plaza de las Tres Culturas está llena, unas 20.000 personas se han reunido para escuchar a los líderes estudiantiles, simultáneamente funcionarios del batallón Olimpia vestidos de civiles e identificados con un guante blanco en su mano derecha,  se infiltran entre los manifestantes.Foto

La periodista Oriana Fallaci llega a la tercera planta del edificio Chihuahua y escucha el cambio de planes de los estudiantes ante la presencia militar: “Compañeros, vamos a cambiar el programa. Nadie irá a las escuelas porque ahí estarán esperándonos para matarnos. Cuando el mitin termine todos deben irse a su casa”.

Apenas los líderes estudiantiles alertan a los manifestantes por la presencia militar y anuncian la suspensión de la movilización hacia las instalaciones del Instituto Politécnico Nacional (IPN), un helicóptero sobrevuela la zona y dispara una bengala, es la señala para iniciar la masacre, el ejército abre fuego contra los presentes.

La multitud corre despavorida en varias direcciones pero los militares están en la mayoría de los accesos a la plaza. Los soldados atraviesan rápidamente las ruinas de Tlatelolco y le disparan con metralla a los manifestantes. El pánico se apodera del lugar, gritos de auxilio se escuchan por doquier, varios caen impactados por las balas, los miembros del batallón Olimpia impiden entrar o salir al edificio Chihuahua, dentro, donde permanecen los dirigentes del movimiento, se escuchan disparos, frente a las escaleras del mismo edificio algunas personas caen muertas.

Soldados en la UNAM.

fotos ineditas 2 de octubre 68 unam 40

fotos ineditas 2 de octubre 68 unam 38

Resultado de imagen de masacre de tlatelolco

fotos ineditas 2 de octubre 68 unam 39

fotos ineditas 2 de octubre 68 unam 35

Resultado de imagen de masacre de tlatelolco

fotos ineditas 2 de octubre 68 unam 32

fotos ineditas 2 de octubre 68 unam 28

“Se vieron tres luces de bengala verdes y a partir de ahí comenzó la balacera en contra de los estudiantes indefensos. Dicen que había hombres que tenían un guante o un pañuelo blanco en la mano que se comunicaban entre sí y que ellos eran los que disparaban… las cifras de muertos van desde 50 hasta 300. Al día siguiente los periódicos y las televisiones no dijeron nada. Fue poco a poco que han ido saliendo las cosas”. Elena Poniatowska.

La masacre continuó durante toda la noche, con soldados y policías operando casa por casa en los edificios de departamentos adyacentes a la plaza. Testigos de la masacre hablan de cifras que oscilan entre 300 y 1500 víctimas mortales, afirman que los cadáveres fueron primero retirados en ambulancias y más tarde los militares llegaron y amontonaron cuerpos, sin saber si estaban vivos o muertos, en los camiones militares, testimonios señalan que los cuerpos fueron amontonados en camiones de basura y enviados a destinos desconocidos. Los soldados reunieron a los estudiantes en las paredes de los elevadores del edificio Chihuahua, son desnudados y brutalmente golpeados.

El Ejército se lleva a los detenidos y algunos cuerpos al Campo Militar número 1. Algunos detenidos son trasladados al Campo Militar número 1, Santa Martha Acatitla y a Lecumberri, comienza el peregrinaje de los familiares de los desaparecidos para encontrarlos vivos o muertos. Algunos estudiantes permanecieron escondidos en la zona durante toda la noche. Varios periodistas también fueron detenidos y golpeados, las cámaras fotográficas fueron incautadas y las películas veladas para que no salieran imágenes de la masacre a la luz pública, sin embargo algunas gráficas fueron filtradas.

Al día siguiente los medios de comunicación, censurados y controlados por el Estado, invisibilizaron la masacre u optaron por hablar de “enfrentamiento”.

El Gobierno de Díaz Ordaz solo reconoce 20 muertes y afirma que la balacera fue iniciada por grupos armados del sector manifestante que dispararon contra funcionarios del ejército.

El para entonces secretario de Gobierno, Luis Echeverría, en una entrevista al diario mexicano El Universal en 1998, destacó el papel del Batallón Olimpia y afirmó que los hechos del 02 de octubre de 1968 fueron ordenados por el Presidente Gustavo Díaz Ordaz, “El Batallón Olimpia se formó en la Defensa Nacional, con gente de distintas corporaciones militares, originalmente para mantener el orden, evitar desórdenes en los Juego Olímpicos. Y luego en Tlatelolco. Sí, lo mandaron a Tlatelolco. El Presidente. El jefe del Ejército es el Presidente. El jefe del Ejército es el Presidente, nadie influye, ni el Secretario de la Defensa, nadie influye, más, no podría ser. De acuerdo con la ley orgánica del Ejército, el presidente es el comandante supremo. El Ejército y el Estado Mayor”.

Tras los hechos del 2 de octubre, casi un año después, en su Informe de Gobierno de 1969, ante el Congreso de la Unión, el presidente Gustavo Díaz Ordaz afirmó “Asumo íntegramente la responsabilidad personal, ética, jurídica, política e histórica por las decisiones del gobierno en relación con los sucesos del año pasado”.

El historiador conservador, Enrique Krauze  afirmó manejar un manuscrito de Díaz Ordaz, en el cual indica que las organizaciones estudiantiles colocaron en las azoteas cercanas a “provocadores”, que, armados con metralletas, abrieron fuego contra sus propios compañeros y contra los militares que vigilaban la concentración.

Fue el único movimiento estudiantil en 1968, en el mundo, que terminó en una matanza; duró El movimiento estudiantil mexicano de 1968 duró 146 días y fue la única movilización de esas características que terminó en matanza durante ese año, aun hoy día no se ha podido determinar la cantidad de muertos y desaparecidos que originó la salvaje acción represiva del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, el mandatario inauguró 10 días después los Juegos Olímpicos sin inconveniente alguno, dos años después México también sería sede del Mundial de Futbol, magno evento que también inauguró Gustavo Díaz Ordaz.

Gustavo Díaz Ordaz murió en 1979 víctima de cáncer de colón.

El presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz (izquierda) con el presidente estadounidense Richard Nixon durante un recorrido en automóvil en San Diego, California en 1970.

 

La CIA participó en la masacre

Resultado de imagen de DIAZ ORDAZ Y EEUU

Según documentos secretos del gobierno estadounidense desclasificados en los últimos años, la CIA tuvo una fuerte influencia en las decisiones del presidente, Gustavo Díaz Ordaz, contra las protestas estudiantiles.

“La CIA estaba absolutamente convencida de que el movimiento tenía apoyo e inspiración no sólo desde Cuba sino de la Unión Soviética”, afirma Kate Doyle, directora de análisis de la política de EE.UU. en América Latina del Archivo de Seguridad Nacional.

Todos los días, durante al menos cuatro meses, la CIA siguió los pasos del movimiento estudiantil que se desarrolló en México en 1968. La vigilancia no fue sólo en la capital del país, donde la organización y protestas tuvieron más fuerza, sino en varios estados. Los agentes recabaron datos de los líderes estudiantiles, ayudaron a grabar conversaciones telefónicas y asambleas en las escuelas.

Winston Scott, jefe de la oficina de la CIA en México entre 1956 y 1969.

El presidente Díaz Ordaz tenia excelentes relaciones con Winston Scott, jefe de la CIA en México entre 1956 y 1969. Scott creó una red de informantes en altos círculos políticos del país. La operación se llamó LITEMPO y logró reclutar al menos a 12 agentes, entre ellos Díaz Ordaz y Echeverría Álvarez (ambos ocuparían la presidencia de México), bajo sueldo de la CIA. No se sabe cuánto dinero recibían pues la información fue borrada en los documentos desclasificados.

El gobierno estadounidense de Lyndon B. Johnson, creía tener razones para vigilar conflictos sociales en Latinoamérica. Ese año ocurrió el movimiento Mayo del 68 que desató una huelga general en Francia. Y en decenas de ciudades de Estados Unidos arreciaron las protestas contra la guerra en Vietnam. Éste era el escenario de la CIA ese año, cuando en la capital mexicana nació el movimiento estudiantil que en pocos meses se extendió en varias ciudades del país.

Kate Doyle encabezó el Proyecto México del NSA, que consiguió la desclasificación de numerosos informes secretos de la CIA sobre el movimiento estudiantil de 1968 en el país. Los documentos de la Agencia estadounidense empezaron en los primeros meses de ese año. “Vigilaban al movimiento no sólo en la capital sino por todo el país”. “Hay cables, información de inteligencia en México reportando actividades de grupos estudiantiles en Veracruz, Puebla, Michoacán sobre sus marchas, conversaciones, protestas, sus políticas, sus líderes”.

La oficina de Winston Scott, empezó a entregar informes casi a diario a Díaz Ordaz y al cuartel general de la CIA en Langley (Virginia, EE.UU.)

“Había una relación muy estrecha y un intercambio de información de inteligencia entre los dos”, señala Doyle. Pero también una especie de intercambio ideológico: Scott “representaba la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos, transmitía su ideología anticomunista en todas sus conversaciones e informes”. Díaz Ordaz pensaba lo mismo. “Crearon un círculo cerrado de opinión que no les ayudó mucho a entender realmente lo que pasaba en México en ese entonces”.

El investigador Sergio Aguayo coincide. La agencia estadounidense “fortaleció la visión paranoica que tenía Díaz Ordaz sobre el movimiento, al que consideraba parte de un complot del comunismo internacional”.

Rortz.

Con información de El Universal(El País/ El Mundo/BBC/ Telesur/ “La Noche de Tlatelolco” Elena Poniatowska.

 

 

 

COMENTARIOS EL JOJOTO
Al inicio
A %d blogueros les gusta esto: