Opinión

El misil contra la paz política. Por Walter Ortiz

07 de agosto 2018.

Walter Ortiz

Venezuela históricamente, y más en período reciente, ha rechazado de todas las formas posibles cualquier acción que entronice la violencia como forma de hacer política. En su  momento, durante el período de democracia de carácter formal 1958-1998 (muy cuestionada por su sistemático accionar excluyente y violador de los derechos humanos) encontró a una población donde no caló la lucha armada de la izquierda venezolana, quienes luego entrarían al poder con la llegada de Hugo Chávez a Miraflores en 1999, en las confluencias políticas e ideológicas que hacen la comunidad política llamada chavismo.

En el tiempo reciente, hechos como el golpe de Estado del 11 de abril de 2002; el sabotaje petrolero de 2002-2003; y los intentos insurreccionales violentos de 2014 y 2017 sufrieron en carne propia el rechazo paciente, democrático y decidido de las grandes mayorías nacionales, al punto tal que en la actualidad si bien gozamos de una relativa paz política, ella ha sido fruto de cuatro victorias electorales consecutivas de la Revolución Bolivariana, las cuales no han podido ser científicamente despachadas como producto de un fraude a la constitución o al sistema político nacional.

Por ello es que lo sucedido el sábado pasado, donde fue frustrado casi que milagrosamente y gracias a la precisa actuación de los grupos de seguridad, un atentado para cegar la vida del Presidente de la República Nicolás Maduro Moros, representa algo sumamente grave no sólo por atentar contra la integridad del jefe del Estado, sino por las consecuencias impensables que puede tener un plan de este tipo de resultar exitoso.

Esta generación de venezolanos y venezolanas, mayoritariamente joven en su composición, no ha tenido la oportunidad de vivir suceso parecido a lo ocurrido en la Avenida Bolívar (lugar simbólico del chavismo en especial para la celebración de sus victorias) durante el 81 aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana.

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Sólo los hombres y mujeres más longevos pueden recordar el suceso más serio contra la investidura de un Jefe de Estado, como lo fue el atentado contra el Presidente Rómulo Betancourt el 24 de junio de 1960 cuando se disponía a celebrar el día del ejército en el Paseo Los Próceres. El líder adeco aparecerá 24 horas más tarde con las manos quemadas y otras lesiones de consideración acusando al dictador de la República Dominicana Rafael Leónidas Trujillo como el autor intelectual del mismo.

Entonces, siendo un evento extraordinario a los ojos contemporáneos, no resulta nada raro que hayan intentos de banalizarlo, desde la duda sin razón hasta un acto fraguado desde el mismo gobierno nacional, hemos sido testigos de los esfuerzos de sectores notablemente comprometidos con la alteración de la paz republicana por despachar este asunto como un “anécdota más” como para facilitar a partir de esto cualquier escalada que tenga como objetivo la República Bolivariana de Venezuela y su posible demolición como estado-nación.

Resulta claro, a juzgar por los primeros indicios presentados al país por las autoridades, que el intento de asesinar al Presidente de la República (cuya calificación jurídica parece dejar ver un magnicidio en grado de frustración), es algo real tal como deja ver la existencia de un dron que causo estragos de consideración en un edificio adyacente a la Avenida Bolívar, así como el más cercano a la tarima presidencial que fue desviado a tiempo y que con su estallido causó los sietes heridos de consideración, debido a la onda expansiva, todos miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

El silencio de algunos sectores manifiestamente enemigos de la paz en Venezuela, a nivel nacional e internacional, y el despacho de este acto como un “auto atentado” realizado por la oposición venezolana, carente siquiera de niveles de autonomía y entregada a voluntad a los intereses foráneos que medran en Washington; puede tener claros propósitos con un objetivo estratégico: evitar la asunción al poder de Nicolás Maduro el 10 de enero de 2019, para cumplir con el mandato presidencial para el período 2019-2025 tal como lo obtuvo en las elecciones del 20 de mayo pasado.

Los ejercicios tácticos dan para todo. Conversión de Venezuela en un estado fallido y la necesidad de juramentar un gobierno en el exilio. Desmembramiento del estado-nación con una coalición de derecha que utilizaría al país como punta del iceberg para demoler la declaración de América Latina como zona de paz y libre de armas nucleares, para su conversión en un oriente medio tropical; guerra regional  (por ejemplo entre Colombia y Venezuela) tendiente a favorecer la reversión de los movimientos populares en la región, evitando que la izquierda regrese al poder. Todo es factible a partir de un suceso tan grave.

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A ello se suman las infames y casi premonitorias declaraciones a este hecho, realizadas por el Presidente de Colombia Juan Manuel Santos, vaticinando una eventual caída del Gobierno de Venezuela a horas de lo acaecido en la histórica avenida de la ciudad de Caracas.

Si alguien a estas alturas dudaba de la aplicación al extremo de un plan contra la República Bolivariana de Venezuela, extensible a América Latina, este atentado no deja duda alguna. El repudio y la condena absoluta, sumada a la construcción de una gran frente de defensa nacional de la independencia republicana parecen cuestiones ineludibles en el escenario actual.

A esto hay que adicionar el reforzamiento de la seguridad delas altas autoridades del estado venezolano así como de los espacios estratégicos cuya alteración pueda significar conmociones y sufrimientos a nuestro pueblo, ya sumido en calamidades propias de una situación que tiene dos caras, la de la guerra abierta y la de los errores estructurales y coyunturales cometidos por el Gobierno Bolivariano.

Este misil contra la paz no parece ser el último eslabón de un fascismo y una derecha mundial que pretende caotizarlo todo, en esta guerra mundial por partes, denunciada en su momento por el Papa Francisco, que vienen entronizando y donde la primera reserva certificada de petróleo del mundo es bocado de primer orden.

 

@walterjoseortiz

Politólogo Promoción “Simón Bolívar” UCV, con componente docente en la UNEFA

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