Opinión

No hay letargo que valga. Por Edgar Méndez.

24 de junio 2018.

El buen Comunicador no escapa a las injusticias cotidianas. Lo vivimos siempre al coexistir con las incongruencias del prójimo: esa incongruencia en la Política Pública que es ineficiente; esa incongruencia que nos hace ver como tontos; la incongruencia cuya única utilidad, es que nada sea útil.

El buen Comunicador que está muy claro en ese diagnóstico, trata de equilibrar  entre aquello que no puede dominar, y entre aquello que podemos transformar. En la orilla de lo que se puede cambiar para bien, está la altisonancia sociopolítica de la burocracia, que siempre busca infantilizar su ineficacia culpando  al promotor del bienestar de los malos resultados de la altisonancia política que impulsa la injusticia cotidiana.

El buen Comunicador es el verdugo de la injusticia cotidiana: la desidia, la falta de motivación, la no planificación y la evasión cuya única respuesta es el silencio (donde lo inútil tiene utilidad).

Como ser humano individual, no soy responsable de las fallas del prójimo o del Sistema por el cual nos regimos. Procure cada quien de ocuparse de sus actos, sin perjuicio de la estabilidad del otro, aplique la otredad (Otredad: ser sensible al otro). Y trato de hacer de mi discurso una  Acción de Comunicación Humana.

El mundo está hoy en un desgarre diario, pensamos que en la búsqueda de un norte, pero las injusticias cotidianas hacen del ser humano mas insensible que de costumbre. El problema es el Sistema, muy cuadrado, muy encerrado, muy acostumbrado a la ineficiencia esa que apuesta al letargo.

Pero mientras se luche, se escriba, se comunique, se sienta y sigamos inquietos… No hay letargo que valga.

Edgar Méndez

Internacionalista

Msc en Comunicación y Políticas Públicas

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