Arte

Los conmovedores escritos de Shakira, la hija de Evio Di Marzo

04 de junio 2018.

La periodista Shakira Di Marzo, hija del celebre cantante Evio Di Marzo, plasmó durante los últimos días dos conmovedores escritos en homenaje a su padre.

En horas de la noche del lunes 28 de junio trascendió la terrible noticia del asesinato del gran cantautor venezolano Evio Di Marzo, el artista fue objeto de un robo en las adyacencias de Bellas Artes cuando se trasladaba en su vehículo, al resistirse los criminales le dispararon.

Durante el fin de semana circuló la información según la cual comisiones de la Fuerza de Acciones Especiales (FAES) de la Policía Nacional Bolivariana habrían dado de baja en un enfrentamiento a un sujeto apodado “El Chato” quien esta vinculado con la banda delictiva que asesino a Di Marzo.  Las informaciones señalan que alias “El Chato” facilitó el arma a uno de los asesinos de Di Marzo, el autor material del crimen continúa prófugo.

El crimen de Di Marzo despertó una ola de dolor e indignación en Venezuela donde el accionar del hampa cobra cada vez más la vida de personas inocentes, todo ante la ignominia del Estado y celestinesco un sistema judicial que privilegia la libertad de los grupos criminales por encima de su castigo.

En 1978, Evio Di Marzo formó Adrenalina Caribe en la populosa barriada de Sarría, el cantautor y su agrupación formaron parte de una de las más fructíferas generaciones de cantantes que se ha dado en la historia de la musica nacional, la generación de los años 80′, junto a su hermano Yordano, Franco De Vita, Ilan Chester, Guillermo Davila, Colina, Karina, Melissa, Elisa Rego, Aditus, Grupo Unicornio, Grupo Los Chamos, la Adrenalina Caribe de Evio Di Marzo, trascendió como una referencia de la música en los años 80 en Latinoamérica.

“De donde viene tu nombre”, “Yo sin ti no valgo nada”, “Selva del Tiempo”, “No es facil amar a una mujer”, son solo algunos de los éxitos interpretados por el inolvidable cantautor venezolano Evio Di Marzo.

A continuación los dos escritos de la hija de Evio, Shakira Di Marzo: Cuando te matan a tu papá y Carta a Papa. 

Cuando te matan a tu papá. Por Shakira Di Marzo

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Pensé que a nosotros no nos podía suceder algo así, pensé que éramos invencibles, que nada nos iba a entorpecer la existencia, que a pesar de la realidad y la crisis, íbamos a permanecer invictos

Somos venezolanos, desde el más grande hasta el más chiquito. Comemos arepa, nos gusta la playa, cantamos caribe, sentimos salsa. Somos igual que todos, aunque seamos tan diferentes.

Un día, más temprano que tarde, supe que éramos muchos -demasiados diría yo- y la cifra insoportable de las estadísticas de violencia en Venezuela acechaba mis noches y me acosaba con las mismas preguntas: ¿a quién de nosotros le pasará algo? ¿a quién le tocará?

Pasaron los años, y me sentía orgullosa de mantener la suerte intacta. Estaba segura de que, si no había sucedido nada en todo este tiempo, era porque ya le habíamos ganado a las probabilidades, como si fuéramos elegidos divinamente.

No fue así.

A mi papá lo mataron y era al que más asumía intocable. Porque cuando una tiene un héroe, no cree en balas ni en despiadados.

Mataron a Evio, el de Adrenalina Caribe, el de las pizzas, “al hermano de Yordano”. Mataron al hijo, al padre, al abuelo, al tío, al esposo, al amigo. Al final del día, mataron a Evio, que, por cosas de la vida, resultó ser mi papá.

No vengo a dar cátedra, no pienso explicar quién era él, vaya usted y haga la tarea, hágase el favor de salir de su presente, viaje un rato y descubra De dónde viene su nombre. Yo solo vengo a recordarle, si es que alguna vez los vio, los colores de los atardeceres en Pampatar. La calidez de la gente andina, de su primavera eterna y bondad. Los sonidos de la selva, donde no hay tiempo ni edad. La sal de mar. Las noches frescas de la ciudad. La arepa dulce. Y el amor por amar.

Recordarle,
Que las aves cantan cuando hay viento y cuando hay falta.
Que, aunque nos asfixien, el aire seguirá ahí.
Que las aguas te ahogarán, aunque quieras ahogar a otro.
Que las noches siempre serán oscuras y los días, del color que le vengan en gana.
Que el sol calienta y el fuego quema.
Que el viento sopla tan fuerte como tus ideas
Que las estrellas iluminan en pasado, aunque jures por ellas en presente
Que somos las hormigas del universo, aunque te sientas un gigante al ser perverso.
Que todo hombre fue niño y nació con corazón.

Recordarle,
Que mataron a Evio
A niños
jóvenes
estudiantes
ancianos
mujeres
hombres
PERSONAS.

Pero a Venezuela…
A Venezuela nunca la podrá usted matar.

Carta a Papa. Por Shakira Di Marzo

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Mi papá era el único que se atribuía el nombre de un álbum musical para resolver cualquier error momentáneo.

Mi papá no pedía un moccacino, él pedía un “moco e chino”.

Él no nos daba amor, él nos daba un “round de cariño”.

Cuando llamaban a la casa, no decía solo “aló”. Decía, “aló, departamento de cadáveres”.

Cuando tenía sed, me decía que comprara una bolsa de maní salado. Y por alguna razón extraña, se me quitaba la sed.

Ese era mi papá, una especie de extensión de Otrova Gomas. Cualquier escenario débil, lo convertía en un potente momento de risa.

Hablaba hasta con las piedras y era un experto en meterse en problemas, pero mejor en salir de ellos.

Cualquier desgracia era material para una tragicomedia. Eso es un arte y él me enseñó a desarrollarlo.

Porque la verdad es que mi papá no solo era un gran músico, era un profeta de su verdad. Si hay alguien que vivía como pensaba, era él y eso nadie -nadie- se lo va a quitar.

A mi no me importa nada, no me importan las desgracias, nosotros somos magos de la realidad, nosotros aprendimos de ti.

Aprendimos a escuchar con dolor y amor.

Aprendimos a nadar, aprendimos a comer, pero a comer de verdad. Nos enseñaste a odiar, a olvidar y a reír.

Aprendimos a pescar, a tocar el violín, a tocar el cello, la guitarra, la batería, el piano.

Aprendimos a escucharte. Aprendimos a leer. Todo. Pero no aprender por aprender, sino de verdad, con intensidad, de esa que solo nosotros sabemos manejar, de esa que solo entre nosotros sabemos de qué va.

Me atribuyo todo, me quedo con todo. Me “como tu amor y cago el infierno”.

Me quedo con tus masajes eternos, me quedo con el vaso enorme de chocolatada de taco en el estudio viendo videos de conciertos de Yes, de David Bowie y de los Beatles por horas. Ese vaso era eterno, querías que así fuera.

Me quedo comiendo pizza, aunque ninguna será tan buena como la que hacía Juan cuando estabas con él.

Me quedo en Boca de Uchire, me quedo en Choroní, me quedo en Puerto Azul, me quedo en Naiguatá, en la casita que perdimos.

Me quedo por horas en el sunfish, insolada, extasiada.

No me importa nada, papá. Te amo.

Me quedo, sabiendo que la musa “no viene a ti”. La musa está siempre ahí, insoportable y amorosa.

Porque ser poeta no es solo escribir poemas, es ver con ojos desvelados, con ojos renacidos, con ojos estallados.

Me quedo con la pasta los domingos en casa de los nonnos comiendo hasta decir basta. ¡Y cómo nos costaba!

Me quedo pasando frío en Mérida, montando caballos y tomando calentao’.

Me quedo en la cena de a dos que tuvimos en la Colonia Tovar, a ti te encantaba la rodilla de cerdo, pero como eras creyente solo te diste el placer de volver a hacerlo conmigo solo para que yo la probara.

Yo la odié. Pero esa noche estaba feliz por ti, porque te gustaba la cerveza de los alemanes, la rodilla y la nata flambeada.

Me quedo con las conversaciones en la madrugada, me quedo sabiendo que soy tu Winnie, tu campeona, tu pichona.

Me quedo sabiéndote campeón.

Pero lo más importante, me quedo sabiendo vivir, porque no sabía lo que tenía en la vida, hasta que me quedé sin ti.

Te amo, te amamos.

Shakira

Rortz.

Con información de Climax @revistaclimax

 

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