Opinión

¿Para cuando mi premio?. Por Lídice Ortega

08 de abril 2018.

Nada le parecía más tranquilo que quedarse en su casa a repensar, reparar recuerdos y tratar de no quedarse dormida en la primera página del libro que tantas veces comenzó a leer. Así eran las tardes de Susana, una mujer que trataba de no perder la vida entre ropa y platos sucios; ninguna quiere hacerlo, vivir en cautiverio puede ser un destino fatal para cualquier mujer medianamente consciente.

Susana aun era joven (así lo consideraba ella) y no deseaba que los días le pasaran por el lado sin dejar una huella, procuraba hacer memorable cada tarea que realizaba. Pero estaba segura que lavando platos aun cuando ella creara el mejor ¨ método ¨ para hacerlo, no sería como la humanidad la recordaría… ni hablar de su forma muy original de colgar y doblar la ropa, pero vamos a ser honestas y honestos ¿quién ha conquistado un lugar en  las páginas de la historia por este tipo de tareas?

Las tareas, poco sencillas, más esenciales y minuciosas se realizan en el hogar y muchas mujeres mueren anónimas realizándolas, ninguna a no ser que tengan un buen consejero de mercadeo o que sea una burguesa ha trascendido del ámbito doméstico por sus magníficas estrategias de lavar el baño,  sin embargo,  en casa todas las personas disfrutamos de la limpieza y el bienestar del trabajo ¨ obligatorio ¨ que realizan las mamás.

Hasta parece incomodar a los otros habitantes del hogar cuando se trata de ¨ imponer ¨ algunos cambios para facilitar la convivencia y la vida en colectivo; imagínate ¿cómo se te va a ocurrir colocar toallas con toallas? o las franelas ¿por qué dividirlas entre las que usas en casa y las que usas para salir? en fin…  horas de trabajo que terminan invisibles, poco apreciadas y completamente despreciadas en cuanto toca vestirse de prisa.

“Eso que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado” [1] no cabe duda que el trabajo que las mujeres realizamos en nombre del amor a la familia, al marido, al hijo, a la hija y así la infinidad de vínculos en los que puede estar finamente tejido discreto encanto del patriarcado capitalista que no ha sido otra cosa distinta que poner  la fuerza vital de las mujeres al servicio de producir y facilitar al capitalismo la explotación de los asalariados.

Que con el salario de uno, vivan dos… ¿es esto justo? El capital puede tomar toda la riqueza que los trabajadores producen, puede tomar toda la riqueza porque las mujeres producen trabajadores casi gratis.[2]

[1] Silvia Federici

[2] ídem

Lídice Ortega.

 

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