Política

Leopoldo López a NY Times: En América Latina hubo golpes de Estado que convocaron elecciones. No quiero descartar nada, porque la ventana electoral se ha cerrado

01 de marzo 2017.

El periodista Wil S. Hylton publicó en el diario New York Times  un reportaje sobre el líder de Voluntad Popular, Leopoldo López.

El comunicador estadounidense plasma su opinión sobre el proceso judicial que pesa sobre el exprecandidato presidencial (2012) y exalcalde del municipio Chacao, así como la actual situación político-económica que vive Venezuela.

Wil S. Hylton, en el reportaje publicado por el NY Times y titulado: Can Venezuela Be Saved? (¿Se puede salvar a Venezuela?) señala:

López fue arrestado en febrero de 2014 después de liderar una protesta pública que se volvió violenta. Los fiscales reconocieron ante el tribunal que López era técnicamente pacífico, pero lo acusaron de incitar a otros al odio y a la violencia. Antes de su arresto, se encontraba entre los líderes de oposición más prominentes y populares en Venezuela. Las encuestas sugerían que podía derrotar al presidente Nicolás Maduro, el impopular sucesor de Hugo Chávez, en una elección libre. En el juicio, fue sentenciado a trece años y nueve meses de prisión.

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Desde entonces, se ha convertido en el prisionero político más destacado de América Latina, sino del mundo. Su caso ha sido defendido por casi todas las organizaciones mundiales de derechos humanos y está representado por el abogado Jared Genser, conocido como el Extractor por su trabajo con presos políticos como Liu Xiaobo, Mohamed Nasheed y Aung San Suu Kyi. La lista de líderes mundiales que le han pedido al gobierno venezolano que libere a López incluye a Angela Merkel de Alemania, Emmanuel Macron de Francia, Theresa May del Reino Unido y Justin Trudeau de Canadá; es una de las raras coincidencias políticas entre Barack Obama y Donald Trump.

En Venezuela, López se ha convertido en una especie de símbolo. Su nombre y su rostro están estampados en vallas publicitarias, camisetas y pancartas, pero existe un amplio desacuerdo sobre lo que él representa. El gobierno venezolano rutinariamente lo menosprecia como un reaccionario de derecha de la clase dominante que quiere revertir el progreso social del chavismo y restaurar la aristocracia terrateniente; la derecha venezolana, por su parte, considera a López como un neomarxista, cuya propuesta de distribuir la riqueza petrolera del país entre la gente solo profundizaría la agenda chavista.

S. Hylton,  destaca las dificultades que ha afrontado López para comunicarse con algún medio de comunicación: “Una orden del Tribunal Supremo de Justicia le prohíbe específicamente hablar con los medios y, como mínimo, lo más seguro era asumir que su casa tenía micrófonos, probablemente también había cámaras ocultas y su computadora seguramente fue hackeada para poder monitorear las actividades que realiza en internet.

El mundo está lleno de métodos bizantinos para poder comunicarse a través de canales encriptados, pero la mayoría de ellos no están disponibles para una persona que está encarcelada en su casa y vigilada por la seguridad estatal de un régimen autoritario. Hicimos lo poco que pudimos para ser discretos, sabiendo que no era suficiente. En vez de conectarnos por Skype o FaceTime, utilizamos un servicio de video en el que nos parecía menos probable que fuera una plataforma que ya estaba intervenida por la policía.

Cada vez que hablábamos, López usaba un par de audífonos por lo que cualquier interferencia convencional de audio solo tomaría su lado de la conversación y, en general, adoptamos el tono de viejos amigos que se ponen al día. Aunque esto no es tan exagerado como suena.

Leopoldo López: En América Latina hubo golpes de Estado que convocaron elecciones. No quiero descartar nada, porque la ventana electoral se ha cerrado

S. Hylton revela que ha mantenido varias comunicaciones via web con el líder de Voluntad Popular desde que se encuentra bajo arresto domiciliario, el periodista de NY Times relata: Recientemente le pregunté cómo estaba manejando la presión. La policía secreta acababa de volver a su casa con otra orden para arrestarlo, y él se estaba despidiendo de su esposa, Lilian, que estaba embarazada de ocho meses, cuando uno de los agentes recibió una llamada telefónica para suspender el arresto. No quedaba claro si iban a regresar para llevárselo.

“¿Cómo te sientes?”, le pregunté.

“Es difícil”, dijo. “Es difícil después de lo que pasó. Todos los días creo que es el último día que tengo para estar con mis hijos”.

Le pregunté si alguna vez pensó en escapar. “La mayoría de la gente me dice que debería”, dijo. “Pero creo que el compromiso con la causa significa que tengo que correr el riesgo”.

“Tuve un momento de iluminación”, recordó López. “Fue durante una noche en la que no podía dormir y me movía de un lado a otro de la cama, pensando en el hijo de puta que era el director de la prisión. Estaba muy molesto y, al día siguiente, me desperté y dije: ‘¿Qué estoy haciendo? Este tipo me está quitando mi tranquilidad, mi sueño’”. Se dio cuenta de que la acumulación de su ira amenazaba con distorsionar toda su forma de pensar. Entonces comenzó a separar la indignación de su furia. Continuó desafiando las reglas arbitrarias de la prisión, escribiendo y mandando al exterior una serie de mensajes subversivos, pero cuando los guardias entraban en su celda para buscar los mensajes, gritando y destrozando sus cosas, intentaba mantener la calma. Se apartaba, levantaba las manos en una postura de autodefensa y decía en un tono moderado que se protegería si era necesario. El resto del día, en las interminables franjas de soledad, trató de sincerarse sobre lo que le había costado la ira. No solo era una amenaza para su estado mental, sino también para su política, su movimiento y la forma en que concebía el futuro.

“En el pasado, me confrontaba con las visiones diferentes”, me dijo. “Ahora entiendo que todas son necesarias para salir de este desastre”. Pensó en los libros que había leído sobre la Europa de la posguerra y en el surgimiento de Sudáfrica después del apartheid, y se dio cuenta de que Venezuela nunca será estable mientras se mantengan las divisiones. Es necesario forjar, como Mandela con F. W. de Klerk o King con Lyndon Johnson, cierta confianza entre la oposición y los partidarios del chavismo. “Mucha gente de la oposición tiene resentimientos, y lo entiendo”, me dijo. “Pero creo que nuestra responsabilidad es ir más allá del resentimiento personal. Cuatro años de prisión me han dado la posibilidad de ver las cosas de otra manera, de poner la rabia en perspectiva”.

“No es fácil”, dijo en voz baja. “No es fácil, pero tengo la responsabilidad de decir lo que pienso. Llevo cuatro años en prisión por decir lo que pienso y, si me censuro, la dictadura me derrota”.

El periodista estadounidense revela: López también se mostraba flexible en sus ideas sobre la transición. En la mayoría de nuestras conversaciones se opuso firmemente a la idea de una acción militar pero, una noche que hablamos, dijo que estaba empezando a pensar de manera diferente. Un mecanismo no deseado podría generar un cambio que sería bienvenido. López señaló a Wil S. Hylton; “En 1958, hubo un golpe militar que comenzó la transición a la democracia”, dijo. “Y en otros países de América Latina hubo golpes de Estado que convocaron elecciones. Entonces no quiero descartar nada, porque la ventana electoral se ha cerrado. Necesitamos avanzar en muchos niveles distintos. Uno son las protestas callejeras; otro es la coordinación con la comunidad internacional. Así es como estoy pensando ahora: necesitamos aumentar todas las formas de presión. Cualquier cosa, cualquier cosa que deba suceder para convocar una elección libre y justa”. Wil S. Hylton señala sobre López: Pensando en todos estos cambios, me pareció que López trataba de lograr un equilibrio cada vez más difícil. Estaba dispuesto a aceptar propuestas que hace seis meses le parecían aborrecibles, pero también estaba haciendo un esfuerzo mayor para abrirle la puerta al diálogo. La lucha que enfrenta es una versión intensificada de la tensión presente en toda la historia. Y lo hizo para determinar el esquivo punto de apoyo entre su ira y su fe.

Una comunicación clasificada dirigida a EEUU describió a López como: Representante del ala radical, cree que una campaña incesante de manifestaciones callejeras y desobediencia civil, No dudaría en romper con sus colegas de la oposición para salirse con la suya, figura divisionista, arrogante, vengativo y hambriento de poder

En el reportaje titulado: Can Venezuela Be Saved? (¿Se puede salvar a Venezuela?) se describe a López de la siguiente manera: Dentro del movimiento opositor, López representaba un ala radical. Sin embargo, el término “radical” suele usarse de manera engañosa para referirse a este dirigente. Él está a favor de un modelo económico mixto de servicios sociales expansivos en atención médica, educación y vivienda, compensado por un gran sector privado de manufactura e industria. En el espectro de la política estadounidense, por ejemplo, probablemente pertenecería al ala progresista del Partido Demócrata. Donde se puede describir a López como un radical es en la forma en que asume su actividad política. Él cree que una campaña incesante de manifestaciones callejeras y desobediencia civil es esencial para desafiar al gobierno autoritario. En 2002, cualquier persona que caminara por Caracas tenía buenas posibilidades de ver al alcalde de Chacao parado en la banca de un parque público, gritándole a una multitud con un megáfono.

Un cable clasificado enviado a Washington describió su rebelión como “muy publicitada” y señalaba que López no dudaría “en romper con sus colegas de la oposición para salirse con la suya”. Otro se refirió a él como “una figura divisionista” que “a menudo era descrito como arrogante, vengativo y hambriento de poder”. Wil S. Hylton

Cuán útil fue esto para su proyecto de construir un partido político con potencial de gobierno es una cuestión de opinión, pero López creía que su movimiento no llegaría a ninguna parte confiando en la mecánica de los partidos tradicionales. Una forma de medir el éxito de su estrategia es estudiar las reacciones que provocó. López se convirtió en un blanco frecuente de ataques físicos y administrativos. De 2002 a 2006, hubo tres intentos importantes para acabar con su vida, uno de los cuales lo dejó acunando a uno de sus guardaespaldas que murió por un disparo que estaba destinado contra él.

Durante su mandato como alcalde, la contraloría lo acusó de pagar los gastos municipales con una partida incorrecta de su presupuesto y le prohibió postularse a cargos públicos hasta 2014. López apeló la decisión y se preparó para aspirar a la alcaldía de Caracas. Lideraba las encuestas con el 65 por ciento de los votos cuando el Tribunal Supremo de Justicia ratificó la decisión del contralor. La Corte Interamericana de Derechos Humanos dictaminó que la prohibición era ilegal y ordenó al gobierno de Venezuela que dejara competir a López, pero el gobierno ignoró la orden y desde entonces se le ha prohibido ocupar un cargo público.

Para 2008 comenzó a tener enfrentamientos con otros líderes de la oposición. Se fue del partido que ayudó a fundar, se unió a otro movimiento y pronto también tuvo problemas con su liderazgo. En agosto, ese partido lo expulsó, y López comenzó a hacer planes para crear otro más. Los diplomáticos estadounidenses en Caracas no estaban seguros de qué hacer con él. Un cable clasificado enviado a Washington describió su rebelión como “muy publicitada” y señalaba que López no dudaría “en romper con sus colegas de la oposición para salirse con la suya”. Otro se refirió a él como “una figura divisionista” que “a menudo era descrito como arrogante, vengativo y hambriento de poder”.

Wil S. Hylton, en el reportaje publicado por el NY Times y titulado: Can Venezuela Be Saved? (¿Se puede salvar a Venezuela?) destaca los cuestionamientos formulados últimamente contra López no solo por parte del Gobierno, sino también por factores de la oposición: Hoy sus críticos no solo incluyen a la izquierda y a la derecha, sino a gran parte de los venezolanos que alguna vez lo vieron como un futuro presidente. No entienden lo que López está haciendo dentro de esa casa, escondida en esa calle arbolada de los suburbios acomodados de Caracas, pero sospechan que se ha sentido cómodo allí, junto a su esposa y sus hijos; que la riqueza de su familia lo aísla de la crisis económica; que la policía secreta que rodea su hogar lo protege del crimen, y no pueden evitar preguntarse si Leopoldo López finalmente se dio por vencido. Ellos saben, como él, que si emite una declaración pública, divulga otro mensaje de video o si vuelve a trepar el muro de su casa para dirigirse a sus seguidores, la policía secreta se apresurará a encarcelarlo de nuevo. En el pasado, López nunca permitió que ese peligro lo detuviera. Al menos tendría una oportunidad de expresarse y muchos se preguntan por qué no lo ha hecho.

Hugo Chávez desmanteló las instituciones democráticas del país. Es posible pensar en Chávez como un totalitario o un tirano por reprimir a sus oponentes, pero el término “dictador” no encaja para describir a un presidente que fue tan popular.

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El reportero del NY Times realizó un análisis sobre la era del predecesor del actual presidente Nicolás Maduro, Hugo Rafael Chávez Frías: Los problemas económicos de Venezuela se habían vuelto tan graves que, en 1989, un aumento en las tarifas de los autobuses ayudó a desencadenar grandes disturbios que se conocieron como “El Caracazo”. Para cuando los hermanos Chávez estuvieron listos para intentar su golpe en 1992, a muchos venezolanos le gustaba la idea de que el poder establecido fuera derrocado. Aunque el golpe fracasó y Chávez pasó dos años en prisión, emergió como una celebridad menor y en 1998 se postuló para la presidencia.

Chávez cumplió muchas de sus promesas. Durante su gestión, el desempleo se redujo a la mitad, el producto interno bruto creció más del doble, la mortalidad infantil se redujo en casi un tercio y la tasa de pobreza se redujo casi a la mitad. Wil S. Hylton.

Durante su gobierno, la desigualdad de ingresos cayó a uno de los niveles más bajos en el hemisferio occidental. Chávez no tuvo que robar elecciones. Fue muy popular entre los pobres y presentó sus propuestas casi todos los años. Introdujo la votación por pantalla táctil, con reconocimiento de huella digital y un recibo impreso, un sistema electoral que Jimmy Carter describió como “el mejor del mundo” entre todos los países que había monitoreado. Wil S. Hylton.

Esos logros se le pueden atribuir a otros factores como un aumento de diez veces en el precio del petróleo, lo que colmó de recursos a su administración, y también se puede argumentar que Chávez fracasó miserablemente al momento de anticipar la caída en los precios del crudo, pero no se le puede acusar de hacerle promesas a los pobres y luego gobernar para los ricos o quedarse con todo el dinero. Wil S. Hylton.

Ahora resulta fácil —mientras el país sufre una de las peores crisis de su historia contemporánea— descartar todo el proyecto del chavismo. Pero la elección de 1998 coincidió con una oleada de movimientos sociales y políticos por los cuales Chávez, con su energía e indignación, prometió tomar medidas enérgicas contra la corrupción y aumentar el salario mínimo, por lo que se convirtió en un aliado natural de esas fuerzas ciudadanas. A pesar del camino que tomó en sus últimos mandatos, Chávez cumplió muchas de sus promesas. Durante su gestión, el desempleo se redujo a la mitad, el producto interno bruto creció más del doble, la mortalidad infantil se redujo en casi un tercio y la tasa de pobreza se redujo casi a la mitad. Esos logros se le pueden atribuir a otros factores como un aumento de diez veces en el precio del petróleo, lo que colmó de recursos a su administración, y también se puede argumentar que Chávez fracasó miserablemente al momento de anticipar la caída en los precios del crudo, pero no se le puede acusar de hacerle promesas a los pobres y luego gobernar para los ricos o quedarse con todo el dinero.

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Durante su gobierno, la desigualdad de ingresos cayó a uno de los niveles más bajos en el hemisferio occidental. Chávez no tuvo que robar elecciones. Fue muy popular entre los pobres y presentó sus propuestas casi todos los años. Introdujo la votación por pantalla táctil, con reconocimiento de huella digital y un recibo impreso, un sistema electoral que Jimmy Carter describió como “el mejor del mundo” entre todos los países que había monitoreado.

Chávez también poseía un impulso autocrático que fue discordante desde el principio. En el transcurso de los catorce años que duró en el cargo, desmanteló las instituciones democráticas del país, una por una. Hay un debate interesante entre los teóricos políticos sobre cómo llamar a un líder que destruye una democracia con apoyo democrático. Es posible pensar en Chávez como un totalitario o un tirano por reprimir a sus oponentes, pero el término “dictador” no encaja para describir a un presidente que fue tan popular. Chávez no ocultó su desprecio por el sistema político existente en el país; ni siquiera pudo terminar su primera toma de posesión sin improvisar, en medio de la ceremonia de juramento, la promesa de reescribir la Constitución, lo que hizo rápidamente, consolidando su poder sobre el Congreso y los tribunales.

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Cualquier límite que Chávez hubiera estado dispuesto a aceptar desapareció en abril de 2002, cuando una junta de oficiales militares y líderes de derecha intentaron derrocarlo con un golpe. Durante aproximadamente 36 horas, instalaron como presidente a un hombre llamado Pedro Carmona, que era el director de la principal asociación de cámaras comerciales de Venezuela. El gobierno de Carmona procedió a socavar las instituciones a una velocidad que haría sonrojar a Chávez. En el único día de su presidencia, disolvió al Congreso, el Tribunal Supremo de Justicia, la Constitución y comenzó a expulsar del ejército venezolano a cualquier oficial leal a Chávez. Esto fue demasiado incluso para los críticos del chavismo. Las calles de Caracas explotaron con protestas y la multitud se acercó al palacio presidencial. Pronto, Chávez volvió a la presidencia, consolidando su poder más rápido que nunca. Persiguió a sus rivales y llenó los tribunales con sus aliados e impuso tantas restricciones a la industria que el sector privado esencialmente desapareció.

Podría pensarse que la década entre el golpe y su muerte en 2013 fue un proceso gradual de desangramiento de recursos públicos para el consumo público. A un nivel básico, Chávez simplemente no era muy bueno en la gestión económica. Su presupuesto gastó los ingresos de los altos precios del petróleo y su control sobre la compañía petrolera estatal resultó desastroso. Chávez creía que debido a que las reservas de petróleo son un recurso limitado, tenía sentido limitar la producción y aumentar el precio de cada barril. Esta forma de pensar es ampliamente discutida y, en muchos casos, muy criticada. Los productores constantemente desarrollan nuevas formas de explorar y explotar el crudo; entre la revolución del petróleo de esquisto estadounidense y la creciente competencia de la energía alternativa, la mayoría de las petroleras actuales quieren bombear la mayor cantidad de crudo tan rápido como puedan.

Cuando Chávez tomó el poder en Venezuela, la petrolera estatal producía alrededor de 3,4 millones de barriles por día y durante su gestión planeó casi duplicar el volumen. En cambio, a través de una combinación de las teorías equivocadas de Chávez y una falla general al momento de invertir en la compañía e instalar a sus secuaces personales para manejarla, la producción de petróleo venezolano se ha reducido a casi la mitad. Los precios del petróleo también han disminuido considerablemente en los últimos años, pero el país tiene poco que vender. Según los datos más recientes, el petróleo representa alrededor del 95 por ciento de los ingresos de exportación venezolanos. Gran parte de ese crudo se está enviando a Rusia y China a cambio de ayuda con la deuda externa nacional, lo que le ha otorgado a ambos países reclamos expansivos sobre la producción venezolana. Cuanto más desesperado se vuelve el régimen de Maduro, más pueden ganar esos países.

Lilian Tintori denuncia ingreso del SEBIN a residencia de López luego de la publicación del artículo del NY Times

Wil S. Hylton en el reportaje publicado por el NY Times y titulado: Can Venezuela Be Saved? (¿Se puede salvar a Venezuela?) destaca: Después de la publicación de este artículo, una comisión armada del Servicio Bolivariano de Inteligencia ingresó a la residencia caraqueña de Leopoldo López en Caracas a primeras horas de la mañana del 1 de marzo, según denunció Lilian Tintori, esposa del líder político. La incursión fue repudiada como “ilegal, violatoria de derechos e intimidatoria”, por el Secretario General de la OEA, Luis Almagro. Hasta el momento, los oficiales de inteligencia continúan dentro de la residencia, según ha sido reportado.

Rortz.

Con información de Wil S. Hylton, NY Times

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