Opinión

Venezuela, una patria de recuerdos. Por Alexis Delgado Alfonzo

06 de febrero 2018.

Venezuela es una Tierra de Gracia, eso me inculcaron mis padres, abuelos y maestros desde lo más tierno de mis primeras enseñanzas. Crecí en medio de una familia profesional, no adinerada, pero que, con mucho esfuerzo por parte de mis padres pudimos vivir de manera tranquila en aquel país maravilloso que era la oportunidad para todos aquellos que desearan surgir a partir del fruto de su esfuerzo.

La niñez de mi generación (mediados de la década de los 80 e inicio de los 90), crecimos en una Venezuela muy distinta a la que tenemos en la actualidad. Mi generación que, hoy en día cuenta con una media de 30 años, formamos parte del centro de la productividad del país, pero que, aunado a todos los lugares comunes que compartimos, también tenemos, al igual que las generaciones que nos antecedieron, algo en común, el terrible hábito de acostumbrarnos a vivir de recuerdos. A lo largo de este breve artículo me propongo a hacer una reflexión personal de lo que significa vivir de recuerdos. No es objetivo de estas líneas buscar culpables o exonerar a implicados de lo que ocurrió. Únicamente busco que, sin importar el credo o punto de vista política que tenga cada lector, nos demos cuenta lo que simboliza y representa la diferencia de lo que éramos los venezolanos en mi época de infancia  y lo que somos en el país en estos tiempos.

El refranero popular nos dice que “Recordar es vivir”, esto es cierto hasta cierto punto y un arma de doble filo si no se emplea de la manera adecuada. Comencemos por el principio: “Recordar es vivir”, cuando mis padres nos contaban a mi hermano mayor y a mí lo que hicieron en las distintas etapas de su vida, nos hacían, desde cierto punto de vista revivir sus sensaciones y emociones. Estos recuerdos, en momentos gratos, en otros no tanto, siempre estaban rematados por la clásica y célebre frase mencionada “Recordar es vivir”, la cual siempre se decía con una espontánea sonrisa que delataba la nostalgia y añoranza de aquellos tiempos pretéritos. Empero, al salir de los breves instantes de aquella magia de los recuerdos, no era sustituida aquella sonrisa por un rictus de amargura porque, aunque después de muchos esfuerzos, tanto mi padre como mi madre habían podido sentirse realizados.

¿En qué momento empieza a ser un arma de doble filo la frase “Recordar es vivir”?

Mi generación fue creciendo de conformidad a los valores y metas aprendidas por nuestros progenitores. Estudiar, formarse, trabajar duro para alcanzar lo que te propones. Empero, en nuestros días, la realidad ha cambiado de manera sustancial. Parece que poco importa si estudias o trabajas duro porque el resultado no es otro que subsistir en un país en donde, lo único que parece no escasear es la miseria y los anti valores.

Lo que, para mis padres representaba una comunión agradable con su pasado, el empleo de la frase “Recordar es vivir”  para mi generación representa una suerte de psicotrópico para combatir la depresión y la frustración de unos sueños que, cuya realización parecen sernos esquivos. Para mi generación recordar es un esfuerzo por olvidar las penurias del hoy para sustituirlas con las glorias del ayer.

No se trata de, únicamente lamentar las carencias materiales, eso sería una mirada pueril y vacía de nuestra cruda realidad. Lo realmente lamentable no es que mis padres podían viajar o tener automóvil y mi generación muy difícilmente puede permitirse estos lujos, aun cuando trabaje arduamente como para merecerlo, lo terriblemente delicado del mal empleo del “Recordar es vivir” para mi generación es que, claro que es bueno recordar pero no a expensas del momento o, dicho de otro modo, de nada sirve recordar el pasado si no eres capaz de vivir el presente y, mucho menos visualizar un futuro. Aunado a esto, se añade una añoranza mucho peor que las carencias meramente materiales, las humanas. En los últimos años, nuestra amada tierra patria se ha visto desangrada por la intensa diáspora que ha fracturado familias enteras y ha cubierto de una tristeza generalizada a la bella gente que hace vida en mi amado suelo patrio.

Me da mucho dolor que tantos familiares y amigos hayan tenido que sintetizar toda su vida en tan solo un par de maletas para emular lo vivido por tantos de nuestros antecesores que, vinieron de tierras lejanas con una “mano adelante y otra atrás”. Me da dolor tener que vivir de recuerdos de lo que comía, me divertía o incluso de la gente con la cual compartía, porque en la actualidad no puedo tener lo que tenía antaño… pero, más dolor me da con las generaciones presentes que solo les tocó vivir con lo poco que humanamente podamos darles, ya que, ellos ni siquiera podrán contar con el psicotrópico del “Recordar es vivir”

Venezolano que haz mudado tu suelo patrio por el resto del mundo, nunca dejes de soñar y recordar la patria que te dio el nacer y, en la que viviste y aprendiste lo que eres hoy en día. Extranjero que lees estas palabras, nunca permitas que tu país se convierta en una nación onírica y de recuerdos.

Alexis Delgado Alfonzo

Historiador

 

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