Historia

Una historia tras el Gloria al Bravo Pueblo. Por Alexis Delgado Alfonzo

08 de diciembre 2017.

Los símbolos patrios constituyen uno de los elementos simbólicos más importantes en la conformación de la identidad nacional y del arraigo por el suelo natal. No obstante, hasta estos elementos que desde niños se nos han inculcado que son tan sagrados, comúnmente también pueden verse impregnados de algunas tergiversaciones intencionadas con el único objeto de adecuar dichos poderosos símbolos a una ideología nacional. A lo largo de este artículo nos dedicaremos a dar una mirada superficial a una teoría elaborada y sostenida por un importante grupo de musicólogos e historiadores, según la cual, nuestro amado Gloria al Bravo Pueblo ha sido intencionadamente atribuido a unos autores que no son los reales con un propósito simbólico muy marcado.

Lo que conocemos desde finales del siglo XIX como las gloriosas notas de nuestro himno nacional, el Gloria al Bravo Pueblo, fue originalmente una de las tantas canciones patrióticas de inicios de dicha centuria.  Según algunos historiadores y musicólogos, su letra fue obra del maestro patriota, don Andrés Bello quien la compuso a partir de los acontecimientos del 19 de abril de 1810.  Era, en realidad, la adaptación de una canción de cuna, de un sencillo “arrorró”, que Lino Gallardo, mediante el simple recurso de cambiarle el “tempo” y el ritmo, convirtió en una especie de canción marcial. Esta canción patriótica fue la escogida por Antonio Guzmán Blanco para, el 25 de mayo de 1881 decretarla oficialmente como himno nacional. Este mandatario megalómano fue uno de los primeros, junto con Francisco de Miranda en entender la suprema importancia de los símbolos patrios. Ahora, ¿qué motivó a Guzmán Blanco a escatimarle la autoría del Gloria al Bravo Pueblo a Bello y Gallardo para otorgárselo a Vicente Sálias y Juan José Landaeta?  La respuesta a esta capital inquietud es tan mezquina como simbólica, Guzmán Blanco quería fundamentar las bases de una nueva Venezuela sustentada en el pensamiento de Bolívar y en el culto a los héroes. Tanto Andrés Bello como Lino Gallardo fueron patriotas pero adversaron al Libertador en varias oportunidades tanto en público como en privado, por lo cual, el país no podía permitirse que los autores materiales e intelectuales del himno nacional fueran, por decirlo de un modo, anti bolivarianos.

Para Guzmán Blanco, así como al resto de los altos dignatarios de aquel inicio del culto bolivariano, Andrés Bello era únicamente un apóstata traidor al Libertador, un ser abominable que entregó la mayor parte de su obra y pensamiento a otro país, por ende un enemigo de la patria que debía quedar en el ostracismo del olvido. Por su parte, Lino Gallardo no era muy distinto, porque, si bien es cierto que fue un activo partidario de las causas patrióticas entre 1810 y 1812 y haber sido encarcelado en La Guaira por el delito de sedición, gradualmente fue perdiendo el ardor patriota y se dedicó con esa pasión a la música. Por si eso no fuera poco, en 1830, Lino Gallardo se convirtió en uno de los principales protegidos del más grande de los enemigos del Libertador en el concepto de los cultores bolivarianos, el General José Antonio Páez, lo cual lo hacía también un enemigo de la idea del nuevo estado venezolano y sus basamentos bolivarianos.

Juan José Landaeta fue un músico contemporáneo con Gallardo y murió en medio del famoso y terrible terremoto de 1812. Como los muertos no pueden esclarecer circunstancias, Landaeta fue el personaje ideal para atribuirle la composición de la música de la canción patriótica que, 70 años después se convertiría en el himno nacional.

Para el momento en el que Guzmán Blanco decretó la canción patria, Francisca de Paula Gallardo, hija del auténtico compositor de la música del Gloria al Bravo Pueblo, reclamó de manera airada aquel atropello a la memoria de su padre, empero, el poder gubernamental, en manos de Guzmán Blanco no prestaron el más mínimo caso a este reclamo.

El músico e Historiador Alberto Calzavara, poco antes de morir, localizó en París un ejemplar de un periódico (“El Americano”), editado en febrero de 1874, es decir, casi siete años antes del disparate guzmancista, en el que se publicaba la canción patriótica y se indicaba como sus autores a Andrés Bello y a Lino Gallardo. Es un hecho más que demostrado, pues, que fueron Bello y Gallardo, nada bolivarianos, los autores. Como lo es, también, que el “Gloria al Bravo Pueblo” nunca fue cantado por los soldados independentistas, que preferían “La Marsellesa” y otras canciones revolucionarias de su tiempo.

Como podemos ver, nuestra historia no siempre dice todo lo que en verdad ocurrió, o lo que es verdadero. En muchas oportunidades, tristemente la Historia ha sido un vehículo para adoctrinar militantes, en la autoría real del himno nacional podemos encontrar este aspecto. Ni Bello ni Gallardo eran bolivarianos, este fue su pecado capital por el cual fueron sentenciados a la expropiación de su obra y al ostracismo del olvido.

Alexis Delgado Alfonzo

Historiador

@historialexis

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