Historia

Manuela Sáenz: Rebelde, transgresora y libertaria

23 de noviembre 2017.

Manuela Sáenz  nació en la ciudad de  Quito  en las postrimerías del siglo XVIII, la mayoría de las fuentes coinciden que fue por el año de 1797, hija de padres acaudalados de la aristocracia colonial pero producto  de una relación ilegitima, su madre, María Aizpuru  Sierra, miembro de una importante familia criolla había tenido amoríos secretos con el Oidor de la Real Audiencia de Quito Simón Sáenz de Vergara, lo que parece denotar que la transgresión a la norma marca la vida de Manuela desde el inicio de sus días. Su educación fue delineada por parámetros estrictos, pues en el marco de un régimen estamental, se esperaba mucho de la formación para una niña de su “calidad”. Así,  su infancia transcurrió entre el cuidado de las monjas conceptas y la hacienda de los Aizpuru, luego, entrada su juventud, por auspicios de su padre fue ingresada en el Monasterio de Santa Catalina para continuar con la formación permitida a las mujeres de la época, además de prepararse  en las actividades  propias del espacio doméstico,  allí aprendió a manejar otros idiomas como francés e inglés, además de poder acceder a clásicos de la literatura, lo que abrió sus ojos y alentaba sus ansias por el mundo más allá de las limitaciones del convento. Manuela sentía un rechazo profundo por la rutina  y la monotonía impuestas a la condición femenina.

En un siglo de plena descomposición del orden colonial, su juventud está rodeada por  el estallido de las primeras manifestaciones de la revolución  emancipadora  que se generaron  en  Ecuador,  en 1809 los criollos  constituyen una Junta de Gobierno Provisional, evento que es conocido como el Primer Grito de Independencia, al año siguiente los miembros y líderes de esta Junta fueron apresados  y su sangre derramada a manos de los españoles; estos sucesos se quedaran grabados en su memoria y despertarían progresivamente el corazón patriota de Manuela.

Desde su infancia Manuela estará  acompañada por sus dos criadas negras Jonathás y Natán quienes serán a lo largo de su vida  sus  incondicionales aliadas y cómplices en la causa enmancipadora.

Luego de una unión acordada por  su padre, Manuela  contrae matrimonio  en 1817 con el británico James Thorne  y se instala en la ciudad de Lima,  es en esta ciudad donde empieza a frecuentar los círculos a favor de la revolución, asiste a tertulias y establece vínculos con importantes representantes de la lucha patriota.

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La actriz hispano-colombiana, Juana Acosta personificando a Manuelita Sáenz en la película Libertador, protagonizada por Edgar Ramírez

La mayoría de las referencias acerca de la vida de Manuela la retratan como una joven aguerrida y de espíritu rebelde, aprendió a montar caballo muy bien en las haciendas familiares, Victor Von Hagen en las Cuatro estaciones de Manuela la describe de la siguiente forma: Había en ella algo muy libre, casi descocado; sin embargo, las manos bellas y cuidadas uñas, que sostenían levemente las riendas, mostraban los ahusados dedos de la dama. Eran manos capaces de acción.”[1] Historiadores, novelistas y ensayistas perciben una dualidad  en la compleja y exultante  personalidad de Manuela Saenz.

“Antítesis viviente, era dulce y violenta, metódica e impetuosa, recatada y liviana, femenina y varonil, comedida y desbordada, analítica e intuitiva, fanática y liberal”[2].

Es preciso decir, que aunque  el estatus de Manuela correspondiera  al  de la elite mantuana, la ilegitimidad de su origen, la estigma de bastardía, en un  sistema en decadencia y   lleno  de prejuicios  marcado por el concepto del honor,  la diferenciación social y el rechazo que ello implicaba, seguramente moldearon su  personalidad, oponiéndola a los valores  de opresión y exclusión que imponía la religión y la  estructura del sistema  colonial. Aborrecía las convenciones sociales que pesaban sobre el hecho de ser mujer, por ello, no dudaba en transgredir y escandalizar a los más modosos, usando pantalones, manejando armas, fumando, montando a caballo o expresando con claridad y sin recato sus ideas libertarias.

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Sus actuaciones en lo intelectual, político y militar

Desde su estancia en Lima, Manuela fue vinculándose aún más  a los ideales de la emancipación, se incorpora  directamente como sujeto activo en los círculos y actividades  de insurgencia. Allí conoce a José de San Martín y a su compañera sentimental,  Rosita Campusano. En el marco de la  Proclamación de la  Independencia del Perú en 1821,  su participación en las  tareas a favor de la causa patriota  y su valiosa contribución en la sublevación  del Batallón Numancia donde participaba su hermano, es recompensada   por  San Martín quien le otorga la Orden  del Sol con el grado  de Caballeresca. En 1822 Manuela regresa a Quito para reclamar una herencia materna y se prepara entonces para colaborar  en el ejército independentista  mientras discurre de la batalla de Pichincha; está entrenada en actividades militares, sirve como correo del ejército, espía y atiende a los heridos.

Es en este año  en el cual Manuela conoce a Bolívar en su entrada triunfal a la  ciudad de Quito y empieza una historia de idílico romance, sin embargo estos años al lado de Bolívar no solo  significaron una pasión ardiente entre los dos, sino que para Manuela inicia la efervescencia de su  vida política, empezando a tener un papel preponderante en la lucha independentista.

Alfonso Gonzales Rumanzo la refiere en los siguientes términos:

“Ninguna vida de mujer, en la historia latinoamericana, con tan soberbio despliegue de inteligencia, sagacidad y orgullo; valentía, decisión y a la vez señorío puesto en dignidad; capacidad política, sentido de dominio y de poder conspirativo; desinterés, además, y generosidad llevados al último límite. Un carácter, en suma, definidor de un destino. Si se recorre la historia continental desde antes de la independencia, o en ella y después, ninguna mujer aparece con tantas preeminencias, manifestadas todas en el hacer público.[3]

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Tamsin Clarke, actriz anglo-venezonala, interpretando a Manuela Sáenz en una obra de teatro presentada en Costa Rica.

Es un lugar común en  la historiografía confinarla al nivel de  amante, compañera o protectora del Libertador, sin embargo para el momento del encuentro entre estos dos, ya Manuela   ostentaba la banda de Caballeresca del Sol.  Su participación tanto en las batallas de Pinchincha,  como en la de Ayacucho en las que se distingue como Teniente de Húsares y Coronela respectivamente,  su contribución en 1823  con la reducción  del motín de Quito, su desempeño junto a Bolívar en la Campaña hacia Lima,  le otorgan  un lugar protagónico en una época de silenciamiento a las acciones femeninas en los espacios públicos, lo que contrapone  la figura de Manuela Sáenz a la tratada desde la historiografía tradicional que invisibiliza el papel de  mujer en la gesta independentista. Manuela además, una mujer de personalidad altiva y virtuosa inteligencia, amante de la lectura y del conocimiento,  se había documentado ampliamente en los clásicos de la ilustración,  y esto la hizo acreedora de la Secretaría de Bolívar y del  resguardo de los documentos personales y políticos del Libertador. Cuando residen en santa Fe de Bogotá y Bolívar enfrenta la oposición a su gobierno, es la aguerrida y valiente  Manuela quien le  salva la vida dos veces, escapando a la conspiración “septembrina” con ayuda de esta;  la llamará desde ese momento La Libertadora del Libertador. Es Manuela la que le alerta sobre los traidores y le recuerda que no debe perdonarles, la que quema simbólicamente a Santander, una mujer con personalidad y lugar propio en la historia lo que la  hace amada y odiada por seguidores y detractores de la causa republicana.

Sus etapas: antes, durante y después de Bolívar.

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Como ya se ha dicho, el papel de Manuela como actor político, empieza antes de que apareciera Bolívar en su vida, aunque su niñez está rodeada de comodidades, Manuela al ser huérfana de madre estuvo permanentemente al cuidado de las esclavas de la hacienda, con lo que probablemente se generaron  vínculos con la vida y las  ideas de los más oprimidos, siendo muy joven es influenciada por un entorno en ebullición que conduce ineludiblemente hacia  la emancipación. Conocer a San Martín y entablar amistad con Rosita Campusano  le sirvió a Manuela para ir sumándose como colaboradora en las actividades patriotas. Manuela es participe del proceso de infiltración al batallón realista de Numancia del que era parte su hermano José María Saenz con el que compartía ideales, logrando la adhesión de este batallón al ejercito patriota. Asimismo,  su participación activa organizando a las damas  criollas de la sociedad limeña  a favor de la conspiración patriota  hace que Manuela sea reconocida mediante la Orden del Sol por José de San Martín. Estos acontecimientos coinciden con su etapa de casada, sin embargo, el estar envuelta en una unión que nunca le resultó  cómoda, además,  concertada por su padre con un hombre ingles que le doblaba la edad, y el hecho  de haberse enamorado de  Bolívar, la desvincularían de su matrimonio irremediablemente.

Durante los ocho años que Bolívar permaneció en la vida de Manuela, el amor los mantuvo  unidos a pesar de las distancias físicas y las dificultades, en 1822 se inicia una relación criticada por el estatus de casada que mantenía Manuela “Ella asume el reto y desafía la doble moral colonial, que conoce de sobra y desprecia, es consecuente con ese amor hasta su muerte”[4]. Decide entonces no regresar al hogar con James Thorne y aventurarse en las vicisitudes de la  lucha por la independencia. Manuela y Bolívar se encuentran entre campaña y campaña, son los tiempos de las reflexiones sobre la política y el amor en la correspondencia entre ambos, en las misivas ella lo aconseja, lo guía y lo reclama. Por un lado Bolívar viaja constantemente, por el otro Manuela va ascendiendo por su compromiso y sus actuaciones en el ejército libertador Húsar, Teniente de Húsar, Capitán de Húsar[5] son los grados que va obteniendo progresivamente hasta lograr el título de Coronela.

Estando Manuela en Quito contrarresta personalmente  una sublevación en la plaza de Quito, se aparece en uniforme de Húsar junto a sus dos criadas Natán y Jonathá, el Libertador le escribe preocupado desde Lima “Sé que lo haces por la causa de la Libertad, a más que por mí mismo, al disolver, con la intrepidez que te caracteriza, ese motín que atosigaba el orden legal establecido por la República, y encomendado al general Solom en Quito. Tu has escandalizado a media humanidad, pero solo por tu temperamento admirable. Tu alma es entonces la que derrota los prejuicios y las costumbres de lo absurdo…”.[6]

Iniciada la Campaña Libertaria de Perú desde la ciudad de Lima, Bolívar  le pide a Manuela que asuma la secretaría y se encargue de sus documentos personales y políticos, Manuela se traslada a Lima para ser la guarda y custodia del archivo del Libertador. Los próximos años serán de encuentros, separaciones y de fructífera correspondencia. Los intentos por separar la Gran Colombia empiezan a dar frutos  y las sublevaciones en la ciudad de Lima encabezadas por Pedro Jose Bustamante no pueden ser sofocadas, Manuela es hecha presa en el Convento de Carmelitas, es enviada al destierro y avisa al General Bolívar que tomará dirección a Quito, para reunirse luego con el en Bogotá donde permanece a su lado cuidando de su integridad y salvándole dos veces del magnicidio.

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La actriz cubana, Beatriz Valdés, interpretando a Manuela Saénz en el film La Libertadora del Libertador.

Manuela juega un papel importantísimo en esta etapa, mientras Bolívar viaja al Atlántico en medio de la disolución inminente  de la Gran Colombia, ella se queda en Bogotá apoyando la insurrección que le devuelva el poder al General Urdaneta y  de forma que Bolívar pueda regresar como presidente,  este episodio quedará marcado como la última vez que se verían, pues la muerte espera a Bolívar en Santa Marta en el  año treinta.

Después de la muerte de Bolívar  no hace más que defender la memoria del Libertador y los valores de la Gran Colombia. Como proféticas  sus palabras “Mi patria es el Continente de America y he nacido bajo la linea del Ecuador”, Manuela se sumerge en un recorrido como exiliada de los enemigos de Bolívar, en 1834  es expulsada  por el Gobierno Noegranadino y se dirige hacia Jamaica despojada de sus grados militares. En 1835 emprende un viaje a su Ecuador natal en donde no le permiten permanecer. Al ser confiscados sus bienes y en medio de una incesante persecución (lo que induce a la idea de que Manuela aún después de la muerte  Bolívar, constituía  un peligro para los opositores al ideal bolivariano) decide quedarse a vivir en la localidad peruana de Paita donde es acogida. Los veintiún  años que siguen Manuela se dedica a enviar y recibir correspondencias a través de la cuales se entera de los acontecimientos del resto del continente y reaviva constantemente los ideales de la unidad. Es visitada por Melville, Garibaldi, Ricardo Palma, Robinson, entre otros, este último   al igual que Manuela  quedará destinado a la pobreza y la soledad en sus últimos días.

Paita Siglo XIX

Paita, siglo XIX.

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Bahía de Paita, siglo XIX

Estos años llenos de precariedad,  penurias  y confinada a una silla de ruedas, Manuela se procuró su propio sustento gracias a la artesanía, acompañada de sus criadas fieles Jonathá y Rosa, comparte memorias y anécdotas con alguno de sus visitantes; pronto ira sintiendo los achaque graves producto de la difteria, en 1856 la gran Manuela dirá adiós al mundo que la sintío luchar, amar y la condeno finalmente a la  ingratitud,  sus recuerdos físicos fueron quemados junto a su cuerpo luego de su muerte.

 

 

 

Angela Briceño

Historiadora

Fuentes:

[1] Von Hagen, Víctor. Las cuatro estaciones de Manuela. Buenos Aires, México: Editorial Hermes, 1953, 361

[2] Solis de Kin, Fabiola. Encuentros. Encuentro con Manuela Saen. Ecuador. Editorial Abya Yala. 2004 pp. 33

[3] Rumazo González, Alfonzo (1903-2003). Manuela Saenz. La libertadora del Libertador.

[4] Londoño Lopes, Jenny. Manuela Saenz, “Mi Patria es el Continente de la  América”. Mexico.  Revista Cuadernos Americanos. 2008. p. 6.

[5] Londoño Lopes, Jenny. Manuela Saenz, “Mi Patria es el Continente de la  América”. Mexico.  Revista Cuadernos Americanos. 2008. p. 6.

[6]Las mas hermosas cartas de amor entre  entre Bolívar y Manuela. Caracas. Ediciones de la Presidencia de la Republica. 2010.

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