Curiosidades

El Abanico, ¿una prenda imprescindible o elemento fundamental de un código oculto?

13 de noviembre 2017.

Desde que el Hombre comenzó su travesía por esos complicados senderos que conocemos como evolución, nuestra especie ha empleado distintos mecanismos para comunicarse. Algunos sistemas más complejos, otros más elementales, algunos muy específicos y sujetos a parámetros culturales más cerrados, algunos con un carácter más universal que otros, pero en fin, todos obedeciendo al objetivo de hacer efectiva la comunicación.

En el momento en el que los distintos lenguajes se fueron haciendo más complejos pero al mismo tiempo convencional, la necesidad de cifrar mensajes ocultos de miradas indiscretas se hizo imperiosa. En esta peligrosa situación podemos encontrar al bello sexo, el cual siempre ha estado subyugado a la inquisitiva mirada de su contraparte masculina.

Entre el período colonial y las primeras décadas del siglo XX venezolano, las mujeres encontraron y perfeccionaron un refinado arte de la comunicación “oculta” valiéndose de un objeto muy sencillo de transportar, que se disimulaba perfectamente mimetizándose con la vestimenta, a este delicado cómplice de tantos amores ocultos va dedicado este artículo.

En el período antes mencionado, las mujeres no tenían libertad de movimiento como la encontramos hoy en día. Cada vez que las muchachas jóvenes salían a dar algún paseo, a hacer una visita, iban a la iglesia, entre otras actividades sociales, eran acompañadas celosamente por una dama de compañía que, en algunos casos eran conocidas bajo el nombre de chaperona. Esta dama de compañía tenía la función de vigilar y cuidar por la virtud de las muchachas. En este contexto, el abanico, prenda que penetró en nuestra cultura importado de España, se convirtió en un elemento imprescindible de la vestimenta de las mujeres. Mediante el empleo de los abanicos, el bello sexo, sobre todo las más jóvenes diseñaron un complejo sistema simbólico para intercambiar mensajes ocultos con amistades o con pretendientes.

El lenguaje del abanico es sumamente elaborado y complicado y podemos dividirlo en dos modalidades. La primera de ellas, que era la que se empleaba más frecuentemente era el código de acciones y mensajes por medio de gestos. El segundo era mucho más complicado y su correcto empleo era menos frecuente y consistía en, literalmente escribir en el aire por medio del abanico. Para hacer esto, las mujeres dividían su espacio frontal en cuatro cuadrantes, dos arriba e igual número abajo. Cada cuadrante tenía a su vez cinco posturas en las cuales colocar el abanico. Cada postura y cuadrante conformaban las distintas letras del abecedario.

Para la manera de mandar mensajes más rápidos con el abanico por medio de maneras específicas de usar el objeto confidente, se requería de igual modo mucha elegancia y discreción. A continuación nos dedicaremos a citar los más comunes, los cuales hemos tomado del web site www.todoabanicos.com:

Sostener el abanico con la mano derecha delante del rostro: sígame.
Sostenerlo con la mano izquierda delante del rostro: busco conocimiento.

Mantenerlo en la oreja izquierda: quiero que me dejes en paz.

Dejarlo deslizar sobre la frente: has cambiado.

Moverlo con la mano izquierda: nos observan.

Cambiarlo a la mano derecha: eres un osado.

Arrojarlo con la mano: te odio.

Moverlo con la mano derecha: quiero a otro.

Dejarlo deslizar sobre la mejilla: te quiero.

Presentarlo cerrado: ¿me quieres?

Dejarlo deslizar sobre los ojos: vete, por favor.

Tocar con el dedo el borde: quiero hablar contigo.

Apoyarlo sobre la mejilla derecha: sí.

Apoyarlo sobre la mejilla izquierda: no.

Abrirlo y cerrarlo: eres cruel.

Dejarlo colgando: seguiremos siendo amigos.

Abanicarse despacio: estoy casada.

Abanicarse deprisa: estoy prometida.

Apoyar el abanico en los labios: bésame.

Abrirlo despacio: espérame.

Abrirlo con la mano izquierda: ven y habla conmigo.

Golpearlo, cerrado, sobre la mano izquierda: escríbeme.

Semicerrarlo en la derecha y sobre la izquierda: no puedo.

Abierto, tapando la boca: estoy sola.

Como hemos podido darnos cuenta, el abanico fue el instrumento cómplice por excelencia de las mujeres, sobre todo entre el siglo XIX y primeras décadas del XX. Ver a aquellas mujeres pasándose mensajes a escondidas y con la mayor discreción y elegancia debió ser un verdadero espectáculo digno de grabar en las retinas. El abanico es solo un pequeño ejemplo en el cual se demuestra la picardía, coquetería e inteligencia de nuestras ancestras. Aún cuando esta conducta ha quedado en desuso desde hace muchos años, es importante que las nuevas generaciones sepan que, el abanico, en otro contexto fue un artefacto cargado de un importante valor social e incluso amoroso. Estas breves líneas no son otra cosa que un abrebocas de lo complejo que fue el empleo correcto del abanico. En algunos pueblos de España, el uso del abanico sigue revistiéndose de un convencionalismo social/cultural digno de, no solo contemplarse, sino de estudio profundo del comportamiento en sociedad del bello sexo.

Alexis Delgado Alfonzo

@historialexis

Historiador

 

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