Caracas

Caracas, la capital que olvidó sus tradiciones

08 de noviembre 2017.

Desde que el Hombre se ha dedicado a fundar ciudades, poblados, principados, reinos, imperios, entre otras divisiones político/administrativos, así como tratar de impartir su cultura y tradición en procesos de expansión territorial, los seres humanos hemos sido acompañados por el sentido de arraigo, el cual se sustenta, en gran medida por un conjunto de tradiciones que hacen a cada lugar distinto del otro.

Normalmente cuando un imperio o civilización conquista a otro, uno de los procesos innegables más comunes es el de transculturización, mediante el cual, la civilización vencedora impone su cultura sobre la conquistada. La excepción que confirma a la regla la encontramos en el Imperio Romano, el cual, a pesar de haber conquistado a Grecia, a nivel cultural, el vencido conquistó culturalmente al vencedor.

En el caso de las ciudades capitales de la mayor parte de los países podemos ver que, sus costumbres y tradiciones son habitualmente impuestas a las regiones del resto de la nación. Empero, el caso venezolano es realmente peculiar ya que su flamante capital, Caracas, con el devenir del tiempo, lejos de ser un factor dominante, culturalmente hablando, ha naufragado en sus tradiciones y manifestaciones culturales para convertirse en una ciudad cosmopolita pero prácticamente sin arraigo.

En este artículo, en vísperas del 450 aniversario de la capital,  nos dedicaremos a mencionar algunas de las tradiciones y manifestaciones culturales que se han dejado de lado o se han perdido en el tiempo en la memoria de los vecinos de más antigua data de aquellos gloriosos años de la Caracas de los techos rojos, aún cuando puntualmente nombraremos también algunos íconos que siguen siendo representativos de la capital venezolana.

Desde la perspectiva del que tiene el agrado de escribir estas líneas, una de las tradiciones caraqueñas más bellas que podemos encontrar, es la peculiaridad de que sus vecinos le dieran nombre a las esquinas de las parroquias que conforman el corazón de su ciudad. Esta característica, en Latinoamérica únicamente la encontramos en Puebla (México) y en Caracas.

Esta es una tradición muy bella pero que desgraciadamente, en los vecinos más jóvenes no se les inculcan los motivos por los cuales cada esquina caraqueña tiene el nombre que se le ha dotado. Nombres como El Chorro, La Gorda, Peligro y Gradillas, para el caraqueño común no son más que referencias espaciales, dejando de lado los motivos históricos por los cuales se llamaron así, estas designaciones obedecen a personajes representativos del lugar, a situaciones ocurridas, entre otras.

La mayor parte de los caraqueños escuchan todo tipo de género de música: joropo, bachata, urbana, entre otros, pero se olvidaron de los tradicionales valses, pasos doble, merengues o retretas. Hermosas manifestaciones de la música tradicional caraqueña que era muy común escuchar en familia los domingos en la Plaza Bolívar.

Desgraciadamente el nombre de Guaire, para los que tenemos la bendición de haber nacido en Caracas, es sinónimo de retrete y, más allá de repugnancia no nos sentimos representados por la magnificencia que otrora representó el río que atraviesa nuestro bello valle.

Al igual que lo ocurrido con los nombres de las esquinas caraqueñas, nomenclaturas como Catia, Guaicaipuro, Tiuna, Chacao, entre otras no tienen resonancia ancestral para muchos caraqueños.

Son pocos los capitalinos que recuerdan que en la populosa zona de Catia existía una laguna en la cual era tradicional hacer paseos en bote, sobre todo en épocas de carnaval y semana santa. Pero esta laguna fue cubierta con cemento para urbanizar la zona.

Muchos recordarán y, los más jóvenes, tal vez escucharon de la existencia de un querido y pintoresco personaje llamado Isidoro, el cual fue el último cochero con carruaje tirado por caballos en la capital.

Gracias a Dios, uno de los íconos más representativos de nuestra amada Caracas desde sus primeros habitantes indígenas, hasta nuestros días es el maravilloso e imponente cerro El Ávila o también conocido  con el nombre indígena de Waraira Repano, el cual ha sido inmortalizado por innumerables artistas internacionales y nacionales de la talla de Manuel Cabré, por tan solo mencionar uno.

Sería muy complicado escribir un artículo de Caracas sin mencionar a una de las personas que, a pesar de no haber nacido en este suelo, le escribió canciones preciosas a “La Sucursal del Cielo”, Billo Frómeta.

Resulta muy curioso que, siendo Venezuela un país eminentemente beisbolero y que en su capital nació y se desarrolló la rivalidad de rivalidades de nuestro deporte nacional, Leones del Caracas – Navegantes del Magallanes, en la actualidad sean pocos los caraqueños que recuerden que el segundo de estos equipos también fue fundado en Caracas y, por si eso no fuera poco, lo hicieron 25 años antes que el Cervecería Caracas, antecesor de los Leones del Caracas.

Tal vez resulte contradictorio y hasta irónico, pero el momento histórico en el siglo XX en el cual Caracas tuvo una preponderancia más importante a nivel nacional en lo concerniente a tradiciones y cultura, fue bajo la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. En esos años de opresión, el general instauró festividades locales como los carnavales de Caracas que serían recordados en el imaginario de los que pudieron vivir esa época.

Son cientos de aspectos y tradiciones que se han perdido en el tiempo que, motivado a razones obvias de extensión no podemos mencionar en este artículo que, por demás solo tiene la pretensión de crear conciencia en los caraqueños de rescatar y amar sus tradiciones. Sin embargo, esperamos que se cumpliera el objetivo de hacer recordar a los que vivieron todas estas tradiciones y, a los que no tuvieron la dicha de hacerlo, incentivarlos a investigar sobre ellas para de este modo garantizar que perduren por siempre. Como dice la canción del maestro Billo Frómeta, “Caracas, ciudad hermosa, tú eres bella Caracas la cuna del Libertador”.

Finalmente quiero, como amante enamorado de la ciudad donde nací, Caracas, darle gracias a mis padres y a mi abuelo quienes me educaron con este sentido de arraigo y pertenencia tan profundo hacia mi ciudad, a ellos va dedicado de todo corazón este artículo que, deseo cerrarlo citando nuevamente al maestro Billo: “Para cantarte a ti puse al arpa todas las cuerdas de oro, para cantarte a ti mi garganta escogí a un ruiseñor, para cantarte a ti mi Caracas he pedido al poeta que le ponga a mi verso toda su inspiración”

Alexis Delgado Alfonzo

Historiador

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