Opinión

La lógica de una victoria. Por Walter Ortiz

30 de octubre 2017.

El chavismo es una comunidad política muy fuerte que supo construirse a partir de un constructo ideológico (el árbol de las tres raíces, Bolívar, Zamora y Rodríguez) y un líder que fue capaz de retomar esas banderas a partir de una rebelión contra un sistema política sistemáticamente excluyente: Hugo Chávez Frías.

Todo esto se entremezcló no solo en la consolidación de un sistema político democrático, participativo, protagónico y de alto involucramiento de sectores históricamente borrados del mapa por quienes pretendieron sostener el poder para el beneficio exclusivo de pequeños grupos fundamentalmente monopolios económicos y la protección de lisonjas políticas.

La Constitución Bolivariana no fue edificada bajo los cimientos de una partida de dominó en una quinta capitalina; sino que contiene una lucha histórica precisamente de sectores sacados del camino no en la Venezuela de 1958, sino en la Venezuela de 1830. Tanto es así que precisamente hay muchos aspectos que la Carta Magna contiene los cuales aún no exhiben logros importantes o ni siquiera se han desarrollado del todo.

Tal contenido ha resistido los embates de enconados enemigos, que lograron incluso derrocar por vías no legales al Presidente Hugo Chávez, sufriendo luego una contraofensiva demoledora en 48 horas; entre intentos electorales y violentos transitó la oposición mientras en la acera del frente se desarrollaba un modelo de redistribución de riqueza nacional que permitió a grandes capas de la sociedad elevar su calidad de vida, con el único peligro que este proceso se daba en torno al exclusivo proceso de producción, distribución y comercialización del petróleo, cuestión que ponía en peligro el sostenimiento de este modelo, dada la fragilidad de la fuente de sus excedentes.

Una vez se da el deceso del Presidente Chávez, empieza el trabajo de la alianza de derechas internacionales, con ejecutores internos bastantes definidos, para demoler la Revolución Bolivariana ahora liderada por Nicolás Maduro. Tarea fácil en la concepción de los tanques de pensamiento de Washington dado la posible reversibilidad de todo el proceso con su líder fundamental fuera de juego.

Con poca inteligencia y si mucha soberbia, sus actores internos ejecutaron una jugada llamada “La Salida”, que fue una táctica violenta más acabada después del ensayo general de abril de 2013 (momento del desconocimiento violento del resultado de las elecciones presidenciales del 14 de abril); poco había visto del rechazo popular que por general tiene aventuras de este tipo, incluso sin revisar la experiencia de la lucha armada de la izquierda en los años 60 del siglo XX, como para dar visos sobre las profundas causas del no cumplimiento de su objetivo revolucionario de hacerse del poder.

No contento con ello, apoyaron solapada o abiertamente un sistemático proceso de bloqueo contra la República Bolivariana de Venezuela que hace daño al pueblo. Bloqueando pagos de CITGO a su casa matriz PDVSA por el suministro petrolero a EE.UU. Mal poniendo a la empresa petrolera en todos los foros económicos internacionales, cerrándole así acceso a crédito siendo solvente como lo ha sido todos estos años con sus compromisos financieros; incluso pasando agachados con el decreto de Obama que nos declara “amenaza inusual y extraordinaria”. Lo último fue no decir nada con respecto a las sanciones directas anunciadas contra Venezuela, atizadas en una visita por América Latina del Vicepresidente de EE.UU. Mike Pence donde afirma que hay que incrementar (no echar andar es decir ya venía desarrollándose) las presiones económicas y diplomáticas contra el país.

Al abrigo de este intento de asfixiamiento económico y político, incluida la Alianza del gobierno e Washington con el Gobierno de Colombia que genera un mercado de divisas a un precio inflado capaz de cubrir con la máquina de dólares la demanda enorme que tiene la economía venezolana; la oposición no solo ha hecho mutis o ha manifestado su respaldo sino además no propone absolutamente nada ni ejecuto acciones desde sus espacios de poder para desarrollar una opción creíble que les generara confianza en el conjunto de los venezolanos y venezolanas.

Por supuesto, amenazada y bajo asedio, la Revolución Bolivariana lo que hizo fue defenderse y colocar un punto de necesaria estabilidad en la búsqueda de una paz que anhelaban los venezolanos después de más de 100 días de inútil violencia insurreccional. Entonces la Asamblea Nacional Constituyente sacó de paso a la oposición al punto de caer en un juego jurídico que a nadie importó, ni importa a estas alturas, ya que de suyo cumplió todos los extremos constitucionales su convocatoria, como políticamente quedó luego instalada y apoyada masivamente dicha instancia.

Estas sucesivas derrotas políticas generaron una diáspora en la oposición, que tutelada por Washington llevó su estrategia política en la irremediable salida de Maduro del Poder bajo una especie “transición” que solo está en sus cabezas pero nada tiene que ver con la realidad de una Venezuela que puede llegar a cuestionar un gobierno (lógico en democracia) pero que no está cuestionando las bases del sistema político nacidas al cariz de la Constitución de 1999.

En razón de lo anterior, llegaron en la peor forma posible a una elección regional, donde incluso reclamar transparencia del Poder Electoral ni siquiera ejercieron ejemplo de la misma en unas primarias opositoras de las que surgieron reclamos por doquier de los cuales los venezolanos desconocemos resultados.

La línea de conexión entre un chavismo revitalizado y en mayor unidad, producto del asedio y el ataque cada vez más abierto pero constante e incrementado, se juntó con el declive de un sector opositor que salió con las tablas en la cabeza en su intento de derrocar al gobierno constitucional de Venezuela, utilizando toda clase de subterfugios.

Por supuesto, en un escenario como las venideras elecciones de alcaldes del 10 de diciembre y las presidenciales de 2018, la oposición se enfrenta a una encrucijada casi definitiva, dividirse entre dos factores uno electoral y otro abiertamente insurreccional o presentarse en un solo bloque ante cualquiera de estas opciones.

Su tutelaje de Washington es enorme, tanto que es previsible que tengan que continuar el guion de conversión de Venezuela en un estado fallido con una dictadura para justificar una acción militar contra el país. Cuestión peligrosa con los antecedentes de Irak y Libia destruidos y de la existencia en nuestro territorio de reservas estratégicas para el sostenimiento de un modelo cada vez más voraz como el capitalista.

Tal cosa solo excluirá a la oposición de cualquier opción futura de llegar al poder, pero si pondría en peligro la estabilidad y existencia de nuestra nación como un estado soberano, lo cual es una línea sobre la cual trabaja el pentágono con mayor velocidad de la que creemos. Las victorias traen alegrías y nuevas amenazas.

@walterjoseortiz

Politólogo Promoción “Simón Bolívar” UCV, con componente docente en la UNEFA

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