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NAVEGANTES DEL MAGALLANES UNA TRAVESÍA CENTENARIA

26 de octubre 2017.

Toda institución, empresa, organización, entre otras que se permita presumir de una trayectoria de 100 años de existencia, cuando mínimo puede catalogarse de exitosa. Ahora, si trasladamos esta longevidad al plano deportivo, entonces estamos en presencia de un auténtico sobreviviente de nuestra historia.

Mientras en 1917, el mundo se debatía por los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa, el fusilamiento de la bailarina y supuesta espía Mata Hari, en la todavía rural Venezuela, en un pequeño bar llamado Back Stop, ubicado muy cerca del Palacio de Miraflores, un grupo muy heterogéneo de jóvenes amantes de la pelota, el día 26 de octubre de 1917, fundaban un club de béisbol que, con el paso del tiempo se convertiría en uno de los más populares del deporte de las cuatro esquinas, nos estamos refiriendo a: Los Navegantes del Magallanes.

Después de barajar varias alternativas para escoger el nombre de la novena, el cual se definió de manera democrática, se eligió la alternativa propuesta por el dueño del Back Stop, Antonio Benítez, Magallanes. Benítez sostenía que ganarle al nuevo club sería tan complicado como navegar el estrecho de Magallanes.

En aquella época de las primeras décadas del Siglo XX venezolano, aparecían y desaparecían equipos de pelota por doquier ya que, hasta la década de los 40, en el país el deporte de las cuatro esquinas era de un cariz romántico y amateur.

Entre aquellos jóvenes que le dieron vida al Magallanes podemos mencionar a:   Luis  y Juan Carratú, Emilio Meneses, Antonio Benítez, la familia Fagre y “los turcos” Alberto y Ricardo Salomón, Vicente Issa y Eduardo Kalil. Practicaron en un terreno del oeste de la capital que, gracias al gran sentido de arraigo que despertó el equipo, con el paso del tiempo adoptaría su nombre (Magallanes de Catia). También de esta época, el Magallanes adopta su primer mote que le acompaña hasta nuestros días, “Turcos”. Esto se debió a la curiosa presencia de libaneses en la novena y, como en Venezuela se ha tomado por costumbre llamar como “Turco” a todo aquel del medio oriente se le adicionó el mote.

Esta primera edición magallanera tendría una duración muy corta debido a que entre 1917 y 1918, Caracas se vio azotada por una epidemia de gripe española que liquidó una buena porción de la población caraqueña, incluyendo a Emilio Meneses, único lanzador de la novena. El primer Magallanes se vio forzado a echar el ancla, pero dejó un sentido de arraigo en sus fanáticos que les permitiría retornar al ruedo con posterioridad.

En el año 1927, después de hacer varias prácticas, el Magallanes, de la mano de Antonio Benítez y el hijo de curazoleños, Luis Carratú, deciden inscribir al equipo “Turco” para el primer campeonato aficionado de segunda categoría, el cual se celebró en el campo pionero del béisbol capitalino, el Stan del Este.

La fecha de inicio de este torneo fue el 14 de agosto de 1927. Nuevamente la fortuna no acompañó al equipo de Catia, el cual solo pudo participar en un encuentro, en el que perdieron con un amplio marcador de 20 a 11 contra el Estrellas Rojas, resultado con el cual el equipo marino quedó eliminado.

Este inicial tropiezo hizo que los directivos del Magallanes se plantearan seriamente cambiar la idea de un equipo prácticamente familiar que tenían hasta el momento, para buscar jugadores fuera de las fronteras de la barriada que con tanta pasión representaban. Resulta casi profético que el primer destino en el cual Magallanes buscara refuerzos fuera justamente en la ciudad de Valencia, localidad en la cual encontrarían hogar luego de más de treinta años.

Del estado Carabobo se trajeron a tres jugadores de gran calidad y renombre local como lo fueron: Manuel “Pollo” Malpica, Balbino “El Indio” Inojosa y Gustavo Coronel, todos ellos jugadores del equipo Latinos. Sin embargo, aquí no se quedaron las ambiciones del Magallanes, ya que incluyeron como refuerzos a sus primeros importados: el dominicano Néstor Sánchez, Juan Sosa de Puerto Rico y el cubano Lázaro Quesada.

La destacada participación de esta repotenciada nueva versión del Magallanes de 1928 acabó por darle una importante reputación, situación que fue aprovechada por los dirigentes “Turcos” para retar al mejor equipo del momento, el Royal Criollo, novena que había sido fundada en 1922. Sin embargo, estos desestimaron el reto al considerar que el Magallanes le faltaba alargarse  los pantalones para llegar a su altura.

Lejos de desanimarse, la novena del oeste de Caracas siguió jugando gran pelota hasta derrotar en dos juegos seguidos a otro de los grandes equipos del momento, el Santa Marta, con lo que la popularidad de los “Turcos” se incrementó. Ante esta inobjetable muestra de calidad, el club Royal, representante de la populosa barriada de Sarría, presionado por el ascenso de su antiguo desestimado rival, decide enfrentarles en un mini torneo llamado Copa Londres, en donde sería tomado como campeón al ganador de dos de tres juegos.

Magallanes de 1929.

El primero de los encuentros fue ganado por los royones, pero, para sorpresa de éstos, los dos siguientes fueron obtenidos por el Magallanes. El segundo de ellos fue el 16 de febrero de 1930, donde, “El Indio” Inojosa lanzó un blanqueo de nueve entradas en las que solo permitió un par de inatrapables.

Sin proponérselo, la actitud arrogante que inicialmente asumió el Royal Criollo, aderezado con el malestar que esto dejó en los fanáticos del Magallanes, seguido de la obtención de la Copa Londres por el Magallanes a expensas del Royal, fue lo que, con el tiempo sentó las bases de la rivalidad de rivalidades, Caracas -Magallanes.

En abril de ese mismo año treinta, se juega por primera vez el torneo de la Liga de Béisbol de Primera Categoría. Dicho torneo, para malestar de los de Sarría, fue ganado por el Magallanes, a pesar que el equipo royón se había hecho con algunas de las mejores piezas de los “Turcos”, entre las cuales, la de mayor jerarquía fue Balbino Inojosa.

La temporada siguiente, la de 1931 fue muy importante para afianzar la rivalidad entre Magallanes y Royal, ya que desde el inicio de la contienda, estos dos clubes coparon todas las atenciones, hasta el punto de que el club de Sarría ganó el campeonato, teniendo a su recién adquirido rival como subcampeón.

En la temporada de 1932, el Magallanes añadió a sus filas a dos emblemáticos jugadores, los hermanos Luis y Ernesto Aparicio, padre y tío del, hasta ahora único Salón de la Fama venezolano, Luis Aparicio. Sin embargo, la fortuna no estuvo de la mano de los de Catia en ese torneo y, tampoco para los de Sarría, quienes vieron como dos equipos nuevos asumían los puestos de honor. El campeón fue el Caribe BBC, mientras que el segundo lugar fue obtenido por un club creado por Gonzalo Gómez, hijo del dictador Juan Vicente Gómez. Este club se llamó Concordia y, desde su fundación, la mayoría de los equipos contrarios no querían enfrentarle por temor a las reacciones que pudieran adoptar la familia presidencial que, desde antaño, habían mostrado claro interés por el béisbol.

Si la temporada treinta y dos fue negativa para el Magallanes, la del año siguiente significó la debacle, ya que el hijo del dictador, enojado por no haber ganado el torneo anterior, mantuvo una política de intimidación y de ofrecer gran cantidad de dinero a los mejores jugadores de la liga. En este momento aún no podía hablarse de jugadores profesionales, por lo que la perspectiva que se les diera a los jugadores una remuneración económica, aunado al temor de hacerle un desplante a la familia del dictador, de seguro hizo muy atractivos los ofrecimientos de Gonzalo Gómez.

De esta política, el equipo más perjudicado fue el Magallanes, el cual, a pesar de estar evidentemente disminuido salió al ruedo. Sin embargo, el 13 de julio de 1933, teniendo un registro de 1 ganado por 3 perdidos y, ante el evidente ventajismo que gozaba el equipo de La Victoria, el Concordia, el directivo, jugador y manager del Magallanes, Luis Carratú, decide retirar al equipo del torneo, con lo que, la novena de Catia naufragaría por segunda oportunidad en su historia, ya que en los años sucesivos, el Magallanes jugaría solo algunos encuentros de poca importancia y, por otra larga temporada se quedaría anclado en el puerto del anonimato.

Durante 7 años se mantuvo fuera de los campos de juego el Magallanes, hasta que, en 1940, un visionario, Carlos Labaut, dueño de una tienda de electrodomésticos adquiere la divisa y retorna el Magallanes a la pelota. De esta década de los 40 se pueden mencionar tres aspectos que han quedado para la historia del equipo, en primer lugar se le colocó uno de los apodos que, hasta la fecha acompaña al club, “Los Eléctricos”. Contrario a lo que se piensa, este apodo nada tiene que ver con el color azul del equipo, Eléctricos era el nombre de la tienda de Carlos Labaut, dueño del equipo. En segundo término, de aquella época data el nombre de Navegantes, inspirado por el periodista y promotor deportivo Abelardo Raidi. Por último y, podría decirse que más importante, el nacimiento de la eterna rivalidad con los Leones del Caracas.

A mediados de la década de los 50, la Nave Turca naufraga una vez más, siendo sustituida primero por Oriente y, posteriormente, por Orientales. A mediados de la década de los 60, un importante promotor deportivo, El Catire Istúriz, compra la novena y, tras negociar con Labaut por los derechos sobre el nombre Magallanes, el antiguo dueño  de la novena turca permite utilizar la nomenclatura.

Magallanes, en 1969 se muda a su actual casa en el estado Carabobo y, en la década de los 70 gana las dos primeras Series del Caribe, no solo para su historia sino para Venezuela también, amparados en buena medida por una serie de importados de inmensa valía para la divisa que la historiografía conoce como: El Poder Negro.

La década de los 80 fue de total austeridad en títulos para los “Turcos”, pero su fanaticada supo dar el apoyo necesario para su novena, la cual supo recompensar a sus fieles seguidores en la década siguiente con una de las generaciones más brillantes de la historia de los Navegantes del Magallanes. La generación de los 90 ganó tres títulos y dos de ellos fueron ante su eterno rival.

Desde el 2000 hasta la fecha, los Navegantes del Magallanes han alternado algunas temporadas negativas con grandes torneos que le han visto escribir páginas doradas de su dilatada trayectoria que ya celebra 100 años.

Como dice una de las famosas canciones del maestro Billo Frómeta: “No sé si seremos Turcos, Eléctricos o Navegantes”, pero los Navegantes del Magallanes, sin lugar a dudas son, no solo la institución deportiva más antigua del país, sino que además son un auténtico patrimonio cultural y deportivo de la nación.

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Vidal López.

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Luis Camaleón García.

Mitchell Page y Dave Parker

Mark Funderburk junto a Barry Bonds.

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Carlos García.

Juan Carlos Pulido

Alvaro Espinoza Navegantes Del Magallanes

Luis Raven.

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Melvin Mora.

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Ferddy García.

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Johan Santana.

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Rubén Quevedo.

Richard Hidalgo.

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Geremi González.

José Altuve.

Carlos Zambrano.

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Pablo Sandoval.

Magallanes Campeon con Pablo Sandoval MVP

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Adonis García

Endy Chavez.

Alexis Delgado Alfonzo (@historialexis)

Historiador

 

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