Historia

La Arepa, herencia ancestral venezolana

09 de septiembre 2017.

Una de las manifestaciones gastronómicas de mayor resonancia en la idiosincrasia del venezolano es, sin lugar a dudas nuestra amada arepa. Esta imprescindible compañera de las mesas nacionales ha cruzado nuestras fronteras hasta el punto de convertirse en una perpetua embajadora de la tierra de Bolívar para el mundo entero.

Pero ¿qué se esconde detrás de ese círculo maravilloso de harina de maíz? A lo largo de estas líneas nos dedicaremos a hacer un esbozo histórico introductorio sobre la acompañante de prácticamente todas las comidas del venezolano.

Para iniciar hay que decir que, la arepa es una suerte de torta o pan elaborado con una masa preparada a partir de una harina extraída del maíz y cocinada en un budare, horno, plancha, entre otras maneras posibles. Sin embargo, esta representativa muestra de la gran variedad de la gastronomía nacional tiene unos orígenes que se pierden en la lejanía del tiempo histórico.

Estudios antropológicos e históricos sitúan la presencia del maíz en el continente americano desde antes del tres mil A.C. De igual manera, según los hallazgos arqueológicos, la preparación de los “ancestros” de la actual arepa, datan de fechas muy anteriores de la llegada de los europeos a estas tierras.

Si en la actualidad consideramos el maíz un producto imprescindible para nuestra vida cotidiana, en la antigüedad no era para nada distinto, de hecho, un famoso mito creacionista indígena sostiene que el origen del Hombre proviene del maíz. En este mismo sentido, según sostienen algunos estudiosos de la materia, como el historiador venezolano, Miguel Dorta en su libro “Que Viva la Arepa”, la misma manera de cocer aquellas torticas de harina de maíz con forma circular, tenía en sí mismo un alto valor simbólico, ya que denota una manera de imitar uno de los poderes más influyentes que nuestros ancestros contemplaban en la naturaleza, el sol y la luna.

Desde esas épocas remotas, nuestros antepasados aprendieron a dominar el delicado arte de sembrar una variedad importante de modalidades del maíz, entre los cuales podemos citar el amarillo, el blanco y el rojo, aun cuando, existen muchas variedades entre estos estilos. Cada una de estas presentaciones tiene un clima, suelo y temperatura ideal para su siembra.

Una vez que la mazorca se encontraba lista para ser recogida, los indígenas se ocupaban de desgranar meticulosamente y extraer los granos del maíz, los cuales eran puestos a secar. Posteriormente, valiéndose de una piedra se ponían a machacar los granos hasta reducirlos a una cantidad considerable de polvo, el cual, mezclado con agua, era amasado con afán hasta obtener una masa consistente. En este punto, las mujeres se disponían a hacer unos círculos planos con aquella masa y los colocaban a asarse en una suerte de ollas, para finalmente tener las arepas. Esta predilección por la ingesta de la arepa fue más común en las regiones occidentales de la actual Venezuela. En el oriente del país también se consumió la arepa, sin embargo, el producto de preferencia de los habitantes de estas zonas, según los hallazgos arqueológicos, eran unas tortillas muy delgadas elaboradas a partir de la yuca, llamada casabe.

En el momento que los europeos se topan con los territorios del continente americano y se disponen a colonizarlo, se percatan que muchas características de esta “nueva tierra” eran distintas a las conocidas hasta el momento por ellos. Una de las diferencias que de buenas a primeras se evidenció con más prontitud fue la ausencia del trigo, el cual para  aquel contexto era un producto de gran importancia para el viejo continente. Debido al espíritu aventurero de aquellos primeros conquistadores, aunado a la vital necesidad de alimentarse y a lo que tardaban en llegar las provisiones del viejo continente, los europeos se plegaron en buena medida al estilo de alimentación de los habitantes americanos.

La ingesta de la arepa se fue colando con gran velocidad en las mesas de los colonizadores debido a que, la primera servidumbre en las casas de estos y, por ende, las primeras cocineras eran indígenas. Posteriormente, las indígenas fueron sustituidas de estas labores por la mano de obra de las africanas esclavizadas. Esta nueva servidumbre aprendió el arte ancestral de hacer las arepas que, para esta época tenía una manera de preparación prácticamente idéntico al de los indígenas precolombinos.

Con el paso de los años lo que fue cambiando fue la tecnología que se empleaba para machacar los granos de maíz; es cuando, a las piedras de moler se le añade los molinos. De igual modo se fue modificando los tamaños y formas de los budares empleados para la elaboración de las amadas arepas.

El siglo XIX, sobre todo después de la segunda mitad se caracterizó por la proliferación de inventos destinados a simplificar, no solo la molienda del grano del maíz, sino la elaboración misma de las arepas. Empero, la resistencia a los cambios por el venezolano común sobre todo el de los sectores menos pudientes, hicieron que estas innovaciones tuvieran resultados relativamente limitados.

A inicios del siglo XX, proliferó la industrialización de la molienda del grano de maíz por todo el país, no obstante, uno de los avances más significativos que se ha hecho en aras de simplificar el proceso de elaboración de la arepa es, sin lugar a dudas la invención y comercialización de la harina de maíz precocido, la cual simplifica notablemente el tiempo que se invierte en la elaboración de las arepas que, en la actualidad dista mucho de como se hacía en la época precolombina o colonial. En nuestros días ya no son frecuentes las piedras de moler, molinos e incluso los budares, ya que, gracias a un novedoso invento se pueden obtener las sabrosas arepas en tan solo siete minutos valiéndose de un novedoso invento que se ha comercializado velozmente por todo el país.

Como hemos podido darnos cuenta a lo largo de este artículo, la arepa es mucho más que solo un plato típico nacional. La arepa es una tarjeta de presentación de los venezolanos allá a donde vayamos, ya que, así como se decía en la colonia y se sigue sosteniendo hoy en día, la arepa es el pan del venezolano.

La arepa, desde sus orígenes hasta nuestros días es un elemento unificador que  no está limitado a la eterna lucha de clases. Ella se encuentra por igual en la mesa de los pudientes así como en la de los más humildes, porque en la mesa venezolana, la arepa se ha convertido en una expresión simbólica del nacionalismo.

Para cerrar este esbozo de la historia de la arepa, solo nos queda por citar el título del libro del historiador Miguel Dorta, “QUE VIVA LA AREPA”

Alexis Delgado Alfonzo

Historiador

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