Historia

De los misiles, el teléfono rojo o bien el zapato de Jrushchov

02 de agosto 2017.

Es raro ver entre la gente que vivía para el año 1962, la inquietud en sus ojos o la angustia en su voz, cuando se habla de aquellos turbulentos 13 días de agosto de ese año, cuando el mundo estuvo a tan solo palabras de una guerra nuclear.

El clima de tensión vivido en esos tiempos y las decisiones tomadas por las dos principales potencias de la segunda mitad del siglo XX, generaron un vuelco en los paradigmas de las relaciones internacionales y es caso de estudio de muchos analistas políticos, diplomáticos y juristas hoy por hoy.

Para ese agosto del año ’62, los actores de nuestra historia eran dos, o mas bien tres, solo que uno de ellos no era más que un novato en el escenario político, y con el infortunio de tener que estar bajo la sombra política de un coloso llamado URSS. Me refiero, evidentemente a Cuba.

Cuba no fue más que el terreno en donde se jugó un partido (que tuvo todo menos amistoso) entre dos equipos que estaban ávidos de dejar de mostrar sus garras y empezar a usarlas, sin embargo, pudo más el poder de la palabra que el poder de la decisión visceral de usar los juguetes bélicos.

Nunca faltó el descabellado general que en la casa blanca, a modo del mayor T.J. Kong de la parodia de Stanley Kubrick Dr. Insólito, pretendiera lanzar la bomba y agitar su sombrero texano, pero afortunadamente esos ánimos bélicos no salieron a flote… del todo.

La pregunta obligada: ¿qué fue y qué pasó? Pues bien, el asunto se remonta un poco más atrás del año ’62. Para los tiempos en los cuales, triunfante y vitoreado, entran en La Habana Fidel y sus barbudos, comienzan algunas reformas de tipo social que no eran del todo simpáticas para la administración americana del momento, sin embargo si contaban con la aprobación y el beneplácito soviético. Muchas fueron las acciones de provocación e incluso de invasión de Cuba por parte de los americanos, pero muchas fueron las ocasiones en las cuales los soviéticos y su muy bien conformada red de espionaje dieron con el traste en estas intenciones. Fue entonces cuando Jrushchov, aprovechando la impericia política o quizás la necesidad de protección cubana, propone colocar unos “misiles de alcance medio”, sin embargo, estos misiles podrían llegar tranquilamente a Washington antes que los americanos se dieran cuenta. Un avión U2 toma unas fotografías del espacio aéreo cubano y detecta los misiles, desatando así los 13 días más inquietantes vividos en el Kremlim y en la Casa Blanca. Mucho de lo que se sabe ahora, solo eran rumores para la época, tiempos en los cuales no todo se debía saber “por secreto de estado”…

Célebre es la discusión en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, entre Nikita Jrushchov y Dean Rusk, cuando Nikita se saca el zapato y golpea tres veces el mesón solicitando ser escuchado y respetado por su jerarquía. Pero más celebre aún es que un personaje como Dean Rusk, que en su autobiografía admite haber presentado la renuncia en muchas ocasiones a Kennedy y que era más proclive a una intervención militar, fuera aclamado en la sala oval de la Casa Blanca por lograr una salida diplomática al asunto.

¿Cómo termina la historia? Finalmente, una llamada telefónica y acciones racionales prelaron sobre el anhelo de dominación y de insertar temor en la mente del adversario. Ambas naciones sabían quién era quién en el concierto de las naciones; ambas naciones sabían que eran capaces de hacer; ambas naciones sabían que pretextos para atacarse sobraban y si no, se inventaban, pero de igual forma, ambas naciones sabían que destruyendo todo con armas atómicas poco lograrían al final de todo. Es cuando nace el conocido teléfono rojo, suerte de conexión directa Moscú-Washington. Ese teléfono fue parte integral del conflicto político más interesante de la segunda mitad del siglo XX. El asunto quedó zanjado cuando los norteamericanos aceptan retirar una serie de misiles que tenían apostados en Turquía y prometen no atacar Cuba, mientras que los soviéticos  garantizan retirar los misiles de Cuba, tratado por debajo de la mesa que no se daría a conocer, sino después de 6 meses…

A todas estas, saltan varias interrogantes: ¿Dónde estaba Castro en estas negociaciones? ¿Qué hizo la OEA? ¿Dónde se metieron los países latinoamericanos? Es sencillo de responder: la OEA, ante las presiones de Estados Unidos, decide crear una fuerza latinoamericana de tarea, la cual sería la garante de la no intromisión armada soviética en América (¿estamos seguros de esto?) Por su parte, el resto de los países latinoamericanos fueron en parte cómplice, en parte espectadores, en parte solo mirones, en un conflicto que veían como tan lejano pero que estaba mucho más cerca de lo que suponían.

Finalmente, la política cubana… bueno, se describe de manera fácil con un dicho de los llanos venezolanos: Cuando los burros grandes hablan, los chiquitos se callan.

Daniel E. Delgado Alfonzo

Internacionalista

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