Opinión

¿30-J, Quién gana en Venezuela?. Por Patricia Méndez

29 de julio 2017.

Patricia Méndez.

Una crisis de Estado no

necesariamente conduce a un nuevo

Estado, puede haber ajustes internos,

en las fuerzas, en las alianzas, en

las políticas, y puede haber una

reconstitución del viejo Estado. Álvaro García Linera, “Empate catastrófico y punto de bifurcación”. 2007

La convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, fue denominada por el presidente de la República, Nicolás Maduro, un desencadenante histórico, retomando palabras de Hugo Chávez cuando decidió en el año de 1997 que se lanzaría a la vía electoral para lograr las trasformaciones que ya antes se hubiera planteado, precisamente por ser, según él mismo asegurase, la única vía para lograr la paz. Sin embargo, las elecciones se realizarán y la oposición no parece dispuesta a ceder en lo que se podría calificar como lo hiciera un politólogo amigo, José Luis Alfaro, un empate catastrófico, termino definido por Gramsci y muy bien delineado para el caso Latinoamericano por el contemporáneo Álvaro García Linera:

“El empate catastrófico es una etapa de la crisis de Estado, si ustedes quieren, un segundo momento estructural que se caracteriza por tres cosas: confrontación de dos proyectos políticos nacionales de país, dos horizontes de país con capacidad de movilización, de atracción y de seducción de fuerzas sociales; confrontación en el ámbito institucional –puede ser en el ámbito parlamentario y también en el social– de dos bloques sociales conformados con voluntad y ambición de poder, el bloque dominante y el social ascendente; y, en tercer lugar, una parálisis del mando estatal y la irresolución de la parálisis. Este empate puede durar semanas, meses, años; pero llega un momento en que tiene que producirse un desempate, una salida. La salida del empate catastrófico sería la tercera etapa de la crisis del Estado, que la vamos a denominar construcción hegemónica ascendente. Está marcada por la conflictividad y, por lo general, se da por oleadas”. (García Linera, 2007. p 26)

En este caso precisamente lo que no logramos atisbar es la salida del empate, puesto que ninguno de los sectores en pugna parece dispuesto a ceder, el gobierno hasta el momento acumula mayores fuerzas internas gracias al apoyo popular que mantiene y a los errores estratégicos cometidos reiteradamente por un sector intransigente de la oposición nacional que al no tener más cartas bajo la manga mantiene la violencia en las calles como único elemento de presión interna, mientras goza del apoyo de la derecha continental, hecho nada despreciable desde el punto de vista político, dado el cambio abrupto del mapa geopolítico a su favor.

Si la ANC era una fórmula para dialogar y plantear una salida a la actual situación no se entiende que la no participación de la oposición pueda representar algo positivo, por el contrario, tal y como ha insistido el presidente a un par de días de las elecciones, es absolutamente necesario hacerlo. Los primeros pasos fueron dados por el gobierno que concedió casa por cárcel a uno de los autores intelectuales de más de 40 homicidios en las pasadas guarimbas de 2014, figura política de importancia para una oposición carente de liderazgos, hecho que fue bastante criticado dentro de las bases del chavismo, quienes finalmente tuvieron que aceptar la medida como otra concesión hecha en favor de la paz. Si las denuncias de Luis Romero, dirigente de Avanzada Progresista son ciertas, esta medida más el estrepitoso fracaso del mal llamado plebiscito, y el efecto del simulacro de ANC habrían tenido algún consecuencias en la oposición, puesto que en efecto se estarían realizando conversaciones entre el presidente y representantes de solo 4 partidos de la MUD en vísperas de Constituyente; sin embargo, podría ser parte de las estrategias de ataque interno de la oposición para desacreditar a ciertos actores, o un hecho real que los sectores en cuestión tratan de ocultar a fin de no manchar su imagen de cara a sus seguidores, a quienes continúan llamando a la calle y a la total intolerancia. De cualquier forma, lo interesante o preocupante del caso es qué exactamente se estaría negociando y cuanto le costara esto al chavismo, como movimiento político, y al gobierno en el marco de este empate en el cual ceder, no significaría estabilizar la situación nacional, pero en el que la paralización es sinónimo de estancamiento y de agotamiento.

Suspender la ANC, relativizarla, o convertirla en un teatro atentaría contra lo que el pueblo ya ha tomado como su última bandera de lucha en una situación que se hace insostenible, si el gobierno en algún punto pretendió que la ANC sirviera como elemento de negociación cometió el error de generar sobre expectativa en su propia base social, razón por la cual, tomar una nueva postura con respecto a esta sería considerada una traición o una claudicación; y en el caso de esta oposición anclada en una narrativa de no retorno, no existe ninguna posibilidad de reconocer públicamente conversaciones que no impliquen la no realización de la Constituyente. Sensato sería que se hubieran sentado a la mesa desde un inicio para generar a partir de esta ANC condiciones para la gobernabilidad y para la inclusión de sus demandas en este nuevo marco normativo, pero eso significaría un gesto democrático que un sector de la oposición no está dispuesto a dar, porque está convencido que ello sería oxigenar a un gobierno al que según sus cálculos le queda un año de vida; ahora, si están tan seguros de eso por qué no esperar, por qué incendiar las calles, sin poder efectivo para un golpe estos incendios se convierten en una bomba de tiempo contra su imagen.

No obstante, la duda persiste, ¿quién gana? ¿Acaso gana el pueblo que podrá verdaderamente desatar un gran debate sobre el funcionamiento del Estado?, ¿Si la Junta directiva de la ANC la controlan los mismos de siempre eso será posible? ¿Si no sirve la ANC para mejorar el funcionamiento del Estado e incluir a sectores adversos en la narrativa política, para qué? ¿Para contener las acciones de la Asamblea en desacato e impedir la fundación de un Estado paralelo? ¿Si la revolución logra consolidarse y desmontar la acción de las fuerzas adversas podría llegar a un punto de bifurcación a pesar de que el mapa regional sea preponderantemente derechista? Todas estas dudas siguen estando latentes a sólo horas de este nuevo escenario electoral que para muchos continua significando una esperanza, y que esperamos se decante por la paz, apostando como pareciera haberlo hecho el gobierno nacional por una resolución democrática que deponga las posibilidades insurreccionales, y que permita una vez más que sea el pueblo quien tenga la última palabra, construyendo una hegemonía moral ascendente cimentada nuevamente en un proceso electoral.

Patricia Méndez

Msc. en Historia; internacionalista, escritora y poeta.

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