Caracas

La travesía de comprar fórmula infantil en Caracas

10 de julio 2017.

Para nadie es un secreto que adquirir determinados artículos en la Venezuela actual se ha vuelto más complejo que hace unos años atrás; diversos son los motivos, sin embargo los escollos que tienen que atravesar los padres para suministrar los insumos básicos a sus hijos son en gran medida los mismos.

El día de hoy traemos una historia real, narrada por sus mismos protagonistas, se han cambiado los nombres por solicitud de los exponentes, se trata de la vivencia de Miguel y Ana, una joven pareja de profesionales que en aras proporcionarle a su bebe de 9 meses de edad la fórmula infantil que le sirve de alimento, decidieron atravesar media Caracas para conseguirla.

“Mi nombre es Miguel, te contaré la travesía que pasamos mi esposa Ana y yo para comprar fórmula infantil para mi bebé Aquiles, de 9 meses de edad. Vivimos por el centro de Caracas, llevábamos toda la semana buscando la fórmula en las farmacias que se encuentran por donde vivimos, en vista de que se nos acabó la que teníamos tuvimos que darle al bebé leche de soya, decididos a conseguir la fórmula nos dedicamos todo un sábado a buscarla, no desistiríamos hasta haber dado el máximo en esta búsqueda.

Ana, el bebé y yo decidimos probar suerte al este de la ciudad, nos fuimos a donde dicen algunos ‘al este del este’, y comenzamos por Chacao, al salir de la estación el primer lugar que visitamos fue un Farmatodo, luego de recorrer los anaqueles no encontramos el producto, estaba un poco nublado y lloviznaba un poco, pero decididos a emprender nuestra misión eso no nos detendría.

Salimos del Farmatodo y nos fuimos a un local que hace esquina al salir de la estación de metro Chacao, nuevamente no encontramos nada, decidimos buscar en los alrededores del Centro Comercial San Ignacio, llegando al mercado municipal juro que me iba a fracturar la mano con la quijada de un borracho que le ofreció un botellazo con un recipiente de plástico a Aquiles, sí, tal como te digo, al bebé; ¡insólito, el muy infeliz creía en medio de su borrachera que le había tropezado una silla de ruedas!, al percatarse de su error decidió ‘echarle la bendición’, pues así habrá sido mi cara de… enojo, que su compañero le dijo que fuera a pasar su borrachera a otro lugar.

Seguí caminando con mi furia contenida, mi esposa me dijo que fuéramos al Centro Comercial San Ignacio, de seguro podríamos encontrar fórmula infantil en el Farmatodo de allí, o podríamos encontrar leche de soya en alguna tienda naturista o de ejercicios, luego de caminar todo el centro comercial… nada, caminamos hasta el Sambil y revisamos en las farmacias de allí… nada. Compramos dos compotas y un Lactovisoy con la esperanza de que no le cayera mal al bebe, no estábamos resignados a irnos con las manos vacías. Soy de las personas que después de todo los casos de fórmulas infantiles adulteradas que han dañados a los bebes, se niega a comprar a los ‘bachaqueros’ cualquier tipo de mercancía, en especial una tan delicada.

Finalmente decidimos pasar el rato en familia y disfrutar de tiempo de calidad, nos lo merecíamos luego de caminar múltiples cuadras y dos centros comerciales. Almorzamos para reponer energía, le dimos una compota al bebé y decidimos buscar un lugar donde sentarnos a descansar, justamente cuando mi esposa se disponía a darle pecho al bebé (cosa que a pesar de tener una muy alta cantidad de nutrientes no le calma el hambre), nos saludó una amiga del liceo de Ana, la cual, luego de una breve conversa nos preguntó que hacíamos por allí, le comentamos que buscábamos fórmula infantil para Aquiles, que no habíamos encontrado, ella nos dijo que aproximadamente 30 minutos había visto en el Farmatodo de Los Palos Grandes, ¡wow!, salía el sol de nuevo, y llenos de esperanza no dudamos en llegar hasta el sitio, ya cansados entramos al Centro Comercial Millenium, esa sería nuestra primera parada antes de visitar la siguiente farmacia, esperábamos no recibir la tan temida frase en las farmacias y los negocios visitados ‘no hay, hace tiempo que no llega’, pero resulta que ¡cataplas! Estaban vendiendo dos latas de 400 gramos por persona, el precio era un poco oneroso, pero lo pagamos a pesar de dejar las tarjetas de crédito a reventar porque definitivamente ¿quién no quiere ver a su bebé crecer sano y fuerte?, no imaginas la alegría que sentíamos.

Al salir de la farmacia nos sentamos en una mesa de la feria a descansar un poco y arreglar las cosas, porque con esas cuatro latas de oro podríamos ser blancos de los amigos de lo ajeno, el bebé vio las latas y para mi sorpresa las reconoció, ¡impresionante, las reconoció!, con su bracito agarró la mesa y jaló hasta mover el coche e intentar tomar una lata, le preparamos un tetero con nuestro ‘botín de guerra’ y la cara del bebé era una sola sonrisa mientras veía el proceso, bebió hasta la última gota del tetero y quedó dormido en su coche.

Todo, absolutamente todo, valió la pena….

Daniel Ruiz

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