Opinión

Leopoldo en casa: Otra vez el país frente a un balcón | Por Daniel Lara F.

09 de julio 2017.

Daniel Lara.

No recordaba la dirección exacta de la casa de Leopoldo, pero era imposible no encontrarla. Solo al cruzar la esquina de la transversal, se veía el gentío aglomerado. Y allí, en la esquina, estaba apostada la única vigilancia que había en toda la zona: una patrulla de Polichacao con cinco agentes que impedían el paso vehícular, a menos que se fuese vecino de esa calle.

¿Cuál es la casa del preso? La del gentío aglomerado enfrente. La de la acera llena de reporteros. La que tiene las cornetas instaladas a las afueras del portón. Primera impresión: la casa del preso no esta rodeada de policías sino de partidarios y periodistas.

Para ser el preso político más prominente de los últimos tiempos, con más prensa y campañas a su favor, la cantidad de personas aglomeradas y de policías vigilando era pequeña. Era fácil ir de un lado al otro de la acera, atravesar la multitud y volver al punto inicial. La lluvia era insistente, y dispersaba por momentos. Segunda impresión ¿Dónde está el gentío que acompañó a Leopoldo el día de su entrega en la Avenida Francisco de Miranda de Caracas, en 2014? Recuerdo haber estado allí y no poder ni caminar. ¿Dónde está ese gentío?

El sentimiento era de extravío, incredulidad, cierta alegría y muchas dudas. Varias personas, al reconocer una cara, se acercaban a saludar, primero, y a preguntar, después: ¿Qué te parece la vaina?. Esa era la pregunta. Eso fue lo que rondó mi conversación con Pedro García Otero, compañero de Radio Caracas o con Sergio Contreras, preso político recién liberado y buen amigo. O con varios oyentes del programa que se acercaron a saludarme. Toda la conversación llegaba al mismo sitio ¿Qué te parece la vaina?

Siendo así, la impresión general era: Qué bolas. ¿Y ahora qué?

De vez en cuando una consigna se dejaba escuchar. De cuando en vez alguna jocosidad aparecía, como la de la señora que al llegar gritó “¡Leopoldooooo lleguéeeee! ¡Divórciate y venteeeeeeee!”. Pero después de las risas, después de la conversación, volvía la duda. Toda la calle era una sola pregunta: ¿Y ahora?

Varios dirigentes de Voluntad Popular tomaban la palabra para hacer indicaciones. El concejal del municipio El Hatillo Reinaldo Díaz arengaba montado en el muro de la casa. Daban vueltas dirigentes del partido de Leopoldo de todo nivel. Pero en determinado momento, nos dimos cuenta de un detalle: había algunos dirigentes que habían logrado entrar, otros permanecían afuera. Adentro estaban David Smolanski, Juan Guaidó, Freddy Guevara. Afuera, permanecían los diputados Gaby Arellano, los recién vestidos de anaranjado Franco Casella y Winston Flores o Ismael León. Los dirigentes juveniles y estudiantiles Hasler Iglesias y Ana Karina García, daban vueltas entre la muchedumbre sonriendo y saludando. Y varios dirigentes mostraban su intención de querer entrar a la casa, sin que el cancerbero de ocasión, el ex ministro carlosandresista Roberto Smith, lo permitiera.

Era una especie de alcabala la de Roberto. Había chistes en el ambiente. Que si llegó a la casa primero que el propio Leopoldo. Que si fue el encargado de hacer el desayuno. Que si era el director del despacho in péctore. Pero fuese como fuese, asumió el control del acceso a la quinta, dejando pagando plantón a prominentes dirigentes, como al sucesor de Leopoldo en la alcaldía de Chacao Emilio Graterón, el diputado de ABP Richard Blanco, concejales del partido naranja o dirigentes de distinto nivel de la organización. Dentro de la casa, pocos. En la acera, quien quisiera.

Se pidió por el audio colaboración para que la prensa hiciera su trabajo. Es que se disponía a hablar Freddy Guevara, quien sentaría la posición oficial de su partido. En efecto, el diputado y vice presidente de la AN hizo el gran esfuerzo de dirigirse a los presentes, rodeado de los micrófonos y cámaras de los periodistas. Por las cornetas se escuchaba su voz emocionada, entre mensajes y consignas. Era imposible verlo, su tamaño no ayudaba. Leyó unas palabras de Leopoldo que, de vez en cuando, eran interrumpidas por vítores y aplausos. El consabido “¡sí se puede!” lo más sonado. Pero las preguntas seguían.

Un asistente me preguntó si yo era el de Radio Caracas. Cuando le respondí que sí, se sorprendió y me recriminó por no estar en primera fila, para preguntarle a Freddy. Le dije, y lo pienso aún, que la noticia no estaba ahí. Para mí la noticia no era lo que podrían declarar los dirigentes sino lo que decía la gente. Las razones de los asistentes. ¿Por qué estaban ahí?

Pero hay una pregunta que sigue rondando. El comunicado del TSJ habla de “medida humanitaria por razones de salud”. Siendo así, la pregunta es ¿Qué tiene Leopoldo? ¿Cómo se siente?

Freddy terminó de hablar y los reporteros le preguntaron en tropel. Decidió responder una pregunta ¿Hubo algún arreglo para la liberación? Freddy hizo lo que pudo: responder como el periodista que es y no como el político que también es: “A Leopoldo se lo llevaron a la cárcel treinta hombres armados, él no lo decidió. Igualmente, hoy treinta hombres armados lo sacaron de la celda y lo llevaron a su casa, el tampoco lo decidió”. Una respuesta genial, pero no del todo veraz: Leopoldo sí decidió ir a la cárcel. Si bien se lo llevaron treinta o más hombres armados, él decidió entregarse. Siendo así, ¿Por qué no pensar que su casa por cárcel tuvo también un componente de decisión personal, en una persona que indició que quería ser el último preso liberado de todos los existentes hoy?

No le repreguntaron sobre eso. Pero una reportera hizo la pregunta básica: ¿Cómo está la salud de Leopoldo, cómo se siente?. Es obvio que si lo liberan “por razones de salud”, nos preguntemos eso. Esa pregunta no tuvo respuesta por parte de Freddy, sino por parte del propio Leopoldo, pues en ese preciso momento se subió al muró bandera en mano y empezó a gritar “¡Aquí estoy Venezuela! ¡Sí se puede!”. Todos olvidaron a Freddy metido en problemas para responder. Corrieron los reporteros, se movieron las cámaras, gritaron los presentes, se agitaron las banderas.

¿Cómo se siente Leopoldo, como está su salud? Pues gritaba, agitaba los brazos, sonreía. Brincaba, saludaba. ¿Tiene fiebre? No lo sabemos. ¿Tiene dengue, zika, uñero, tos, gripe? No lo sabemos. Pero allí estaba el prisionero doméstico saludando a quienes  se aglomeraron frente a su casa. Sinceramente, no se le veía enfermo. Se le veía feliz.

Leopoldo dejó de saludar y entró de nuevo. Gente lloraba, se abrazaba y chocaba las manos. Gritos y cánticos. Cantaron el himno. Y poco a poco, se fueron retirando.

Quedaron unos pocos, la prensa seguía allí. Cuando me iba, una caravana de motorizados con franelas que decían “Yo soy libertador” iban subiendo al sitio. Al llegar a la esquina, un señor me abordó y me dijo: “Epa Lara ¿Qué te parece la vaina?“.

Mi respuesta es la misma que cuando llegué: oiga, no se. Sinceramente, no se.

Pero me sigue causando ruido ver en la historia nacional a la gente esperando debajo del balcón a que se asome alguien a decir algo. Desde el 19 de abril de 1810, los venezolanos esperamos debajo de un balcón. ¿Que les parece la vaina?.

Daniel Lara.

@DLaraF

Internacionalista. Conductor del programa Y Así Nos Va transmitido por RCR 750 AM. Editor y co-fundador de La Cabilla.

 

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