Historia

24 de junio de 1821 en Carabobo se selló nuestra independencia

24 de junio 2017.

Son muchas las jornadas que han llenado de gloria las páginas de historia de nuestra nación, no obstante, aquella vivida en el Campo de Carabobo en la mañana del 24 de junio de 1821 es, sin lugar a dudas una de las más brillantes y trascendentales. No solo porque fue la batalla que marcó con el sello de irreversible el proceso de independencia de Venezuela, sino que además, desde una perspectiva militar fue una verdadera obra maestra del Libertador Simón Bolívar.

En el desarrollo de este artículo nos enfocaremos a tratar de extraer el acontecimiento real de lo ocurrido en Carabobo para, de este modo quitarle un poco del halo de epopeya mágica de la que escritores del momento y posteriores han recubierto a una de las batallas más notables de la guerra de independencia.

Para empezar, hay que aclarar que, cuando nos referimos a la batalla de Carabobo de 1821, no debemos limitarnos exclusivamente a relatar una batalla, ya que, en realidad los acontecimientos de Carabobo fueron únicamente el episodio definitivo de una campaña militar compleja y bien planificada entre los principales generales patriotas, entre los que destacan Bolívar y Sucre.

La Campaña de Carabobo fue planificada por Simón Bolívar y Antonio José de Sucre desde inicios de 1820, empero, debido al Tratado de Regularización de la Guerra, firmado por Pablo Morillo y Simón Bolívar y redactado por Sucre, según el cual se llamaba a una tregua en las hostilidades entre los bandos realistas y patriotas, la implementación de la Campaña de Carabobo fue postergada. Sin embargo, desde finales de 1820, los realistas empezaron a incumplir algunos de los acuerdos pactados en el armisticio, por lo que, el Libertador decide retomar los enfrentamientos y poner en ejecución el proyecto de la Campaña de Carabobo.

La Campaña en sí tenía dos propósitos fundamentales: El primero de ellos era dividir las fuerzas militares realistas en varios focos que les hicieran menos peligrosos. En segundo término, pero a su vez estrechamente ligado al primero, acorralar a la columna vertebral debilitada del ejército realista a cargo de Miguel de la Torre con el claro propósito de asestarle un golpe mortal a la causa monárquica.

Desde abril de 1821 los distintos jefes de cada plaza patriota empezaron a movilizarse en distintas maniobras militares. Algunas de estas movilizaciones estaban destinadas a tomar algunos territorios importantes a nivel estratégico para la Campaña como lo fue la ciudad de Valencia, empero, también se hicieron batallas destinadas a llamar la atención de las tropas realistas. De la Torre y Morales mordieron el anzuelo de la trampa tendida por los jefes patriotas como Bolívar, Cedeño, Bermúdez, Saraza, entre otros y fragmentaron el ejército del contingente principal de la columna realista para dividirlas entre los distintos focos de batallas que los patriotas estaban fomentando por la mayor parte del centro y occidente del país.

A medida que la Campaña de Carabobo seguía su plan de acción de batallas aparentemente aisladas, el ejército patriota avanzaba hacia Carabobo desde todas las plazas posibles (Caracas, Aragua, Barinas, Calabozo, Barquisimeto y el oriente del país incluyendo la isla de Margarita).

El 23 de junio en la tarde ya todo el ejército patriota se encontraba reunido y debidamente organizado en columnas de vanguardia, retaguardia y refuerzo, mientras, del otro lado del campo de batalla, el jefe realista, Miguel de la Torre contaba con un ejército con una cantidad de hombres equiparada con los patriotas (6000 efectivos aproximadamente), empero, las tropas realistas se encontraban disminuidas en número en comparación con la cantidad que poseían al inicio del año y todo gracias a las maniobras distractoras previstas por el Libertador en la Campaña de Carabobo.

El día 24 de junio a las 11 de la mañana empezaron las maniobras bélicas que, a diferencia de los otros combates presentes en las sangrientas campañas independentistas, en esta batalla se combatió con un estilo completamente acorde con la usanza europea, es decir con una marcada división de las columnas y batallones de cada uno de los dos ejércitos, mientras que los dos comandantes se dedicaron, cual rey del ajedrez, a dar las órdenes y estrategias que se ejecutaban en el campo de batalla. Esta característica no fue para nada habitual en las guerras de independencia de Venezuela, ya que, en esta tierra, cuna de héroes y heroínas, por lo general se combatía cuerpo a cuerpo en una suerte de todos contra todos, en donde las estrategias militares eran escasas.

La batalla duró pocas horas y, a decir verdad, el arrojo de los llaneros comandados por “el Centauro” de los llanos, el general José Antonio Páez, quien estaba a cargo de la vanguardia, fueron los que tomaron el mayor liderazgo en un combate en el que las tropas patriotas encausaron definitivamente el rumbo de la libertad nacional.

Es un terrible error común afirmar que con la victoria obtenida en el inmortal campo de Carabobo se logró la independencia de Venezuela, ya que, algunos reductos realistas siguieron presentando una tímida resistencia a los patriotas hasta 1924. Lo que sí se puede sostener es que, gracias a los resultados derivados de la exitosa Campaña de Carabobo fue que se encausó definitivamente la victoria de la causa independentista. De igual modo, es importante hacer un esfuerzo por tratar de entender los acontecimientos históricos en su justa dimensión, sacando a estos del halo novelesco en el cual se les ha introducido, ya que estos aspectos románticos, si bien es cierto que exaltan los sentimientos patrióticos, tampoco es menos verdadero que nos alejan sensiblemente de la realidad histórica. Por ejemplo, es muy común que, al momento de comentar los acontecimientos de la batalla de Carabobo, nos anestesiemos con la anécdota romántica de la muerte de Pedro Camejo (el Negro Primero), y dejemos de lado la formidable estrategia militar desplegada por los jefes patriotas desde 3 meses antes de la batalla definitiva. En tal sentido, el llamado es a, siempre tomar una postura analítica y crítica ante el estudio de cualquier acontecimiento histórico.

Alexis Delgado Alfonzo

Historiador.

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