Opinión

La oposición en su laberinto. Por Walter Ortiz

16 de junio 2016.

El panorama político nacional, en el marco de un contexto general complejo, da cuenta de una oposición que, tal como lo advertimos, empieza a pagar el altísimo costo político nacional e internacional de haberse retirado de la mesa de diálogo nacional para desarrollar una agenda de factura estadounidense en pos del derrocamiento del gobierno democráticamente elegido de Nicolás Maduro.

Con el único atenuante de un lamentable saldo de muertos, heridos y pérdidas materiales que afectan la ya suficientemente complicada economía nacional; el resultado de este atajo violento es la nada. No ha habido explosión social, no se ha dado su anhelado golpe de Estado y, en la actualidad, lo que existen son focos irredentos compuestos por cualquier cosa menos por manifestantes pacíficos, ya que hasta quienes militan en la oposición y se incorporaban a las movilizaciones convocadas por la MUD, simplemente han dejado de hacerlo ante el evidente contenido violento de estos llamados.

A semejante panorama se suman dos elementos. El primer lugar una dirigencia política opositora que, hipotecada a intereses foráneos, ni siquiera ha tenido el tino de proponer una hoja de ruta clara, embebida en la borrachera del atajo inconstitucional, que pueda colocar ante el país una agenda seria incluyendo una propuesta de país. Todo lo resumen en frases hechas de poca credibilidad y un círculo vicioso donde se debaten y se aplauden entre ellos mismos.

En segundo lugar una inédita aliada que a pesar de ser ni más ni menos que la Fiscal General de la República, dedicó esta semana a cometer un conjunto de errores en los cuales va perdiendo la cualidad de credibilidad tan necesaria para llevar a cabo la acción política pretendida; arrastrando además a la oposición a legitimar el Tribunal Supremo de Justicia que otrora vituperaron y negaron en su existencia.

Lo único realmente en pie que tiene la oposición en estos instantes es a su jefe político. El Presidente de los Estados Unidos, al cariz de sus predecesores, ha decidido continuar la agenda genocida de la élite estadounidense, ávida de recursos estratégicos y muy disminuidos en capacidades políticas. Habrá que ver si sus retorcidas ideas de crear un gobierno paralelo (estilo CNT de Libia) llegan a cuajar teniendo en cuenta las constantes derrotas que les hemos propinado en el campo diplomático, frenando sus intentos de aislamiento, como sucedió en la ONU con la aplastante victoria venezolana para presidir el Comité de Descoloniaje de esa organización, o en las constantes derrotas en el seno de la extinta moralmente Organización de Estados Americanos.

Entonces cabe hacerse la pregunta. ¿Qué hará la oposición con el cronograma electoral? Tal cosa no es un problema menor, y ellos a sabiendas están contestes, por el simple hecho que al ya tener fechas claras del proceso regional así como del referido a la Asamblea Nacional Constituyente, se le presentan un cúmulo de complicaciones.

Basta mencionar los siguientes. La complicación internacional de presentar a LA República Bolivariana de Venezuela como un sistema político dictatorial. La presión internacional que se les revertirá hacia ellos de negarse a sentarse en una mesa de diálogo (con todas las flexibilidades probables y posibles para tratar de hacerla más efectiva a la anterior). La renuncia al sistema político actual y los cargos de poder que ello implica. La dificultad propia de tratar de sostener un discurso unitario en torno a una eventual no participación electoral dado el hecho de una posibilidad real de victoria en varios espacios cimentada en la popularidad alardeada por ellos y en el resultado de las elecciones parlamentarias de 2015.

De paso, una negativa a participar cuando menos en la elección regional, les colocará no solo al margen del sistema político sino a merced de los factores más extremistas y aislados de la población que tratarán de generar una agenda superior de insurgencia cuyas lecciones históricas han sido poco aprendidas.

El cronograma electoral les ha puesto un problema central el cual no podrán soslayar por mucho tiempo. Una oposición sin estructuras reales de poder político corre el peligro de su propia extinción político, por vía de su sustitución en organizaciones mucho más ancladas en el siglo XXI y en la tarea de construcción de un programa que pueda ser presentable a los venezolanos, y no las clásicas formulas neoliberales que se caen a pedazos en Brasil y Argentina, por solo poner dos ejemplos.

Producto de su genuflexión a poderes extranjeros y a su incapacidad política de ganar mas adeptos que entre sus propias filas (sin contenido político, ni programa, ni agenda sino a punta de clichés), la oposición política está ahora en la encrucijada de tener que tomar decisiones al margen de los anhelos de sus jefes del norte, sin cometer un nuevo error que los colocaría en peligro inminente, entregando un salvavidas a la Revolución Bolivariana.

No podemos olvidar que, por ejemplo, cuando comenzaban los años de la Revolución Cubana y las dificultades parecían colocarle en problemas serios, saltó la invasión de Playa Girón que, a pesar de los millones de planes y jueguitos de guerra, culminó derrotada contribuyendo a la consolidación del proceso de liberación de esa Nación. Amanecerá y veremos.

@walterjoseortiz

Politólogo Promoción “Simón Bolívar” UCV, con componente docente en la UNEFA

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