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De alguna manera estaré en la final. Por Lazaro “Papaito” Candal

08 de junio 2017.

Lazaro “Papaito” Candal.

Increíblemente alborozado, asombrado, emocionado y todo lo que terminar en ado pero que sirva para adorar a nuestro seleccionado, no sé como explosionar por la tremenda hazaña realizada por nuestros chamos al llegar al final del Mundial Sub en Corea del Sur, luego de ganar en la tanda de penas máximas a los bravos rivales uruguayos más bravos que nunca, pero que se tuvieron que rendir ante el poderío exultante y triunfador de nuestros héroes.

Ya son más de doce años que Uruguay, que fue nuestro padre futbolístico, no ha podido con nosotros y, por si esto fuera poco, en esta oportunidad recurriendo hasta prórroga y penales para que no les quedara la menor duda de que sí, de que tenemos una escuadra de valientes que no solamente nos han sorprendido a nosotros, sino también al mundo. Creo, en el fondo de mi alma, por los cincuenta y cinco años que te di de mi vida Venezuela que, de alguna manera estaré en la final, para ganarla, y ni siquiera empatarla, ni tampoco la prórroga ni muchos menos los penales. Italia o Inglaterra tendrán que rendirnos tributo.

Hablar del juego, de los méritos, de los nuestros o de los de ellos, hasta cierto punto considero que no llega a alcanzar lo que ello significa para Venezuela que, por vez primera en nuestra historia hayamos llegado a la final de un Mundial Sub-20 la categoría en el fútbol de donde salen las grandes figuras del mañana de todos los equipos participantes. Dios mío, no quiero pensar que futuro tendrán estos impresionantes guerreros que, por si fuera poco, continúan invictos en su peregrinaje futbolero y, por si existiera alguna duda, volvieron a demostrar que para ellos los partidos no importa que duren más de noventa minutos o que incluso se tengan que ganar con penales. Para ellos no hay barreras, ni incomodidades, ni dificultades, ni mucho menos muros a lo Trump, cuando se trata de defender los colores sagrados de una Vinotinto que ha sido bendecida por el Santísimo Sacramento del Altar, los Santos Apóstoles, San Pedro y San Pablo y la madre que me parió. Dios mío, pagaría por poder narrar esta final.

No se puede hablar de individualidades, ni de nombres, ni de méritos, ni de autores de los goles, ya que todo se derrumba ante la inmensa grandeza de un triunfo que alcanza niveles espectaculares de emoción, admiración, cariño, simpatía hacia estos reverendos machos, cuyas familias, hijas del llano y de las colinas de nuestros pueblos, de sus costas y de sus valles, de sus verdes interminables y de sus contornos tan maravillosos de un pueblo tan generoso y solidario, ahora casado con el enorme reto de sus hijos que acaban de despertar el mundo, por eso me sigo acordando del gran Machado con la frase que siempre les digo: “Hoy es siempre todavía”.

Lazaro Candal

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