Curiosidades

Origen de expresiones populares: Mandar a alguien al carajo

25 de mayo 2017.

El lenguaje y las diversas maneras de comunicarse con códigos universalmente conocidos es, en realidad un verdadero arte y apasionante motivo de estudio que han tomado en consideración numerosos antropólogos, filólogos y, en fin una gran cantidad de especialistas. Ahora, ese maravilloso arte de poder establecer un proceso óptimo de comunicación se hace exponencialmente más rico si enfocamos el estudio del lenguaje hacia expresiones o frases con el denominado doble sentido. Sostenemos esta hipótesis debida a que para comprender una frase o expresión con doble sentido, no sólo entra en el proceso de comunicación la picardía, sino que además encontramos de manera implícita un contexto cultural en el cual está inserta esta expresión en doble sentido. Por estos motivos es que, frecuentemente algunas expresiones caribeñas no son comprendidas de igual manera en otras latitudes mundiales; esto no es debido a un problema intelectual, en realidad esa dificultad en el proceso de comunicación es atribuible por completo a fronteras y barreras de índole puramente culturales entre las cuales podemos citar: aspectos religiosos, históricos, cosmogónicos, entre otros aspectos particulares de cada cultura.

La forma particular en la que los venezolanos nos comunicamos, frecuentemente ha sido motivo de reconocimiento mundial, así como ha desatado todo tipo de diatribas sobre los orígenes de algunas expresiones que, su génesis está tan distante en el tiempo que, frecuentemente solemos olvidar como se generaron o, en el peor de los escenarios,  muchos ni siquiera se han formulado la inquietud, ¿de dónde viene tal o cual expresión? En este artículo buscamos indagar y, en la medida de las posibilidades, arrojar un poco de luz sobre los orígenes de la expresión tan común del argot popular de los venezolanos: “mandar a alguien al carajo”.

Para los lectores que no hayan estado nunca en Venezuela y les sea desconocida esta frase tan habitual en nuestra tierra, es importante definir que, cuando solemos usar la expresión “mandar al carajo”, o sus distintas variantes de idéntica significación: “lo mandé para el carajo”, “te mando para el carajo”, “me mandó para el carajo”, entre tantas otras combinaciones, lo que se quiere es hacer mención de apartar a alguien molesto o indeseable de tu lado. En esencia, este es el significado actual de la referida frase. Empero, aunque frecuentemente recurrimos a esta expresión, ¿de dónde proviene la misma para que en nuestros días tenga esa connotación?

Previo al proceso de los aventureros que surcaron los distintos mares en la búsqueda de nuevas rutas comerciales y, posteriormente en la competencia naval por descubrir, o mejor dicho, encontrar nuevos territorios para agregar a los dominios de las distintas casas reales o reinos,  la embarcación por excelencia eran las denominadas carabelas.

Estos navíos, a diferencia de las embarcaciones de combate que se caracterizaban por ser sólidas y de poca elevación, eran naves menos estables y fuertes, tenían velas y menor calado para poder desarrollar mayor velocidad. Entre sus características generales, también podemos encontrar la presencia de un mástil mayor, en el cual se ubicaba en su punto más alto una pequeña y estrecha cesta, por llamarla de algún modo. Esta incómoda ubicación se llamaba Carajo o Caraj y estaba destinada para que, en dicho lugar se colocara un marino vigía que se ocupara de observar cuando vinieran embarcaciones enemigas; aunque también tenían entre sus ocupaciones informar al Capitán y al resto de la tripulación en el momento en el que se visualizara tierra firme.

El asunto de importancia para el objeto divulgativo de este artículo, radica en el curioso y repetido acontecimiento que se vivía a bordo de las carabelas. Frecuentemente los marinos eran individuos díscolos y poco ganados a las órdenes.

Cuando el Capitán deseaba castigar el mal comportamiento o la desobediencia de alguna de sus instrucciones daba la voz “¡anda para el carajo!”. De este modo, no sólo castigaba al disoluto marino confinándole a un lugar, (el carajo), sitio incómodo, estrecho y en el cual se sufría de gran cantidad de mareos debido a su poca estabilidad en la altura del mástil mayor, sino que además, el capitán podía olvidarse de aquel infractor por un buen rato.

Este castigo resultaba efectivo desde una perspectiva disciplinaria, ya que los marinos que eran sometidos al castigo del carajo, con frecuencia solían comportarse de una manera mucho más dócil después de sufrir el castigo.

Como podemos darnos cuenta, desde el origen de la expresión hasta nuestros días, el significado de “anda para el carajo” no dista mucho. Puede que la única diferencia palpable radique que, en el siglo XVI, la voz “anda para el carajo” denotara un castigo en concreto, mientras que en la actualidad, dicha frase suponga una condena más bien de corte simbólica.

En todo caso lo realmente importante cuando se aborda el estudio histórico y antropológico de este tipo de expresiones es, sin lugar a dudas, establecer, no sólo los orígenes verosímiles de las frases, sino tomar en consideración los aspectos que tienen en común las expresiones desde sus orígenes hasta las maneras como se emplean en nuestros días. Por estos motivos es que siempre es importante saber con propiedad el significado de las frases que se usen, ya que las frases no son vacías y, muy por el contrario, tienen historia que es fiel testimonio de la idiosincrasia de los pueblos. En tal sentido, en la próxima oportunidad en la que tú, querido lector quieras “mandar a alguien al carajo”, puedes recordar este artículo y, te garantizo que disfrutarás mucho más del empleo de esa frase popular.

Alexis Delgado Alfonzo

Historiador

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