Arte

Armando Reverón: Entre azul, blanco y sepia

10de mayo 2017.

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Reverón junto a su inseperable Juanita Mota.

El suelo patrio de esta hermosa nación llamada Venezuela es, sin lugar a dudas una tierra ampliamente fértil en lo concerniente a personajes notables. Deportistas, letrados, héroes independentistas, entre una pléyade de luminarias que hacen de Venezuela una nación sumamente pródiga de hijos ilustres.

A lo largo de este artículo nos dedicaremos a comentar algunos aspectos notables referentes a la vida y obra de uno de los pintores más representativos del siglo XX venezolano, Armando Reverón. Infortunadamente, en el inconsciente colectivo de la sociedad venezolana se tiene una imagen distorsionada e incluso caricaturizada sobre la vida e importancia de la obra de Reverón en el campo de las artes plásticas. Esta distorsión sobre nuestro personaje se ha alimentado gracias a los desequilibrios experimentados por el pintor en los últimos años de su existencia pero que, no deben empañar la valía y técnica tan depurada presentes en la obra de Reverón.

Armando Reverón nace en Caracas el 10 de mayo de 1889. Cuando todavía era un niño muy pequeño, el futuro artista fue entregado por su madre a la familia Rodríguez Zoca quienes vivían en la ciudad de Valencia los cuales se ocuparon de la crianza del chico en esos primeros años. Sin embargo, Reverón no rompió lazos del todo con su familia biológica, ya que, Ricardo Montilla (quien estudió en New York), tío abuelo del muchacho le enseña las primeras nociones del dibujo naturalista y despertó en él la vocación que le acompañaría hasta el último de sus días.

En 1908, Reverón se inscribe en la academia de Bellas Artes para desarrollar todo su potencial. En este recinto coincide con otra futura luminaria de la pintura nacional, Manuel Cabré.

La educación que Reverón recibe en esta primera etapa educativa/artística es de primera categoría, teniendo por profesores a Antonio Herrera Toro, Emilio Mauri y Pedro Zerpa.

No le costó al joven artista ceñirse a los patrones del recinto académico. En este período, Reverón realiza un importante número de Naturalezas Muertas. Con, tan solo 3 años de estudios en la Academia de Bellas Artes, en 1911, Armando Reverón, gracias a la recomendación de sus profesores, recibe una pensión otorgada por la municipalidad de Caracas, mediante la cual, el artista plástico se traslada a Europa para perfeccionar su técnica.

Su primera escala de estudios europeos es España, más específicamente la ciudad de Barcelona, donde se inscribe en la Escuela de Artes y Oficios. Para 1912 retorna brevemente al suelo patrio, pero de inmediato retorna a España, en esta ocasión a Madrid, donde se matricula en la academia de Artes San Fernando. En esta etapa, el pintor venezolano queda gratamente impresionado e influenciado por el trabajo de Goya.

La estadía de Reverón en tierras españolas se prolongaría hasta 1914. En este mismo año es invitado para pasar una temporada en Francia.

Para 1915, Reverón retorna a Venezuela, en donde, desde su capital, Caracas, alterna su trabajo como pintor con las reuniones del Círculo de Bellas Artes al cual fue invitado. Es importante acotar en este punto que, en el momento en el que se crea esta institución, 3 de septiembre de 1912, Armando Reverón se encontraba fuera de Venezuela, sin embargo, a su retorno al país se le considera como un miembro ilustre del selecto grupo.

En 1916, el artista plástico se dedica a pintar al aire libre e ingresa en su primera gran modalidad de pintura basada en la luz, nos referimos a su etapa azul. Al poco tiempo, Reverón toma una de las decisiones más cruciales de su vida, mudarse a La Guaira. En el litoral vive de impartir clases de dibujo.

Imagen relacionada

La cueva (1920)

En los carnavales de La Guaira de 1918 conoce a Juanita Mota, quien sería, no solo su principal modelo, sino la leal compañera de su vida. Para estas mismas fechas, Reverón entra en contacto con el pintor ruso Nicolás Ferdinandov, al cual ya conocía desde el año anterior en Caracas.

Gracias a la amistad con Ferdinandov, Reverón se hace asiduo visitante del puerto de pescadores de Punta de Mulatos, lugar donde vivía el pintor ruso quien entusiasma a su colega a mudarse al litoral.

Para 1921 Reverón se muda al sector las 15 Letras, desde donde, no solo tiene una frenética labor pictórica, sino que además se dedica a la construcción de su famoso Castillete.

Esta nueva situación de vivir apartado de la ciudad significó un importante cambio en la forma de pintar para Reverón, ya que, el artista  se ve influenciado notablemente por la gran cantidad de luz del entorno en el que se dedicaba a crear. De este modo, según el criterio de Alfredo Boulton, Reverón entra en su período blanco.

Para 1933 se le hace su primera exposición homenaje en El Ateneo de Caracas, esta misma presentación se trasladaría al poco tiempo para la ciudad de París.

Para 1940, el genio inquieto de Reverón le lleva a mutar nuevamente su forma de captar la luz e ingresa en su época sepia, marcada de tonalidades color tierra. Esta sería la última etapa del pintor en la corriente naturalista, ya que al poco tiempo, Reverón tendría una muy fuerte crisis psicótica que ya no le abandonaría por el resto de sus días.

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Gracias a esta mencionada crisis, Reverón sería recluido en el sanatorio San Jorge, empero, la percepción del artista ya no sería nunca la misma. Desde ese momento, Reverón ingresaría en su última etapa artística y de vida, marcada en la corriente expresionista, caracterizada por la presencia de elementos y personajes mágicos como sus famosas muñecas de un carácter extravagante que denotaban el mundo interior del artista.

En 1949 se le hace un nuevo homenaje en forma de exposición de sus obras. En 1953 la condición mental del artista sufre una nueva y definitiva debacle, tras lo cual es internado nuevamente. En este mismo año es galardonado con el Premio Nacional de Pintura.

Finalmente, el 18 de septiembre de 1954, el mundo del arte nacional es sacudido por la lamentable noticia del fallecimiento de Armando Reverón en la misma ciudad que le vio nacer, Caracas.

En memoria de su importante  legado, La Galería de Arte Nacional, en 1989, en el centenario del nacimiento del artista, llevaron a  feliz término una muy completa exposición de sus obras, así como la reconstrucción de su castillete  de Macuto para acondicionarlo como el museo Armando Reverón.

De igual modo, el 10 de mayo, fecha de su nacimiento, en eterno homenaje a su legado, en Venezuela se celebra el día nacional del artista plástico.

En el 2014, el Estado declara a la obra de Armando Reverón patrimonio de interés cultural y en el 2016 sus restos mortales fueron trasladados al Panteón Nacional.

Como podemos notar, Armando Reverón es muchísimo más que esa caricatura de locura que se ha comentado de manera simplista, además, a menudo los personajes más ilustres y aventajados terminan cruzando esa delgada línea que separa la locura de la brillantez.

Alexis Delgado Alfonzo

Historiador

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