Arte

Pelota de Papel, un libro lleno de goles, gambetas, atajadas inolvidables y sueños cumplidos.

12 de marzo 2017.

Pelota de papel es un libro que surgió de la iniciativa del argentino Sebastián Domínguez y de los uruguayos Agustín Lucas y Jorge Cazulo, en el cual se agrupa a reconocidos futbolistas, ex futbolistas y directores técnicos, de la talla de Pablo Aimar, Javier Mascherano, Jorge Sampaoli y Juan Pablo Sorín, entre otros. Además, cuenta con la colaboración de distinguidos escritores y periodistas que colaboraron en la producción y edición de esta obra, tales como Ariel Scher, Juanky Jurado, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri y muchos más. En total participaron 72 personas que durante casi dos años trabajaron con dedicación para darle vida a este sueño colectivo.

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Con 24 relatos en los que se entrelaza íntimas vivencias autorreferenciales, anécdotas de un partido, reminiscencias de la niñez, homenajes a seres queridos y un profundo amor por este juego, nos conducen en un viaje de regreso al fulbito que nos gusta, el que jugábamos en el colegio, en el barrio. El de las canchitas improvisadas. Un fútbol de subsuelo, donde juegan los que no llegaron, los que se volvieron, los que nunca intentaron y los que están por llegar. Un fútbol más cercano, más auténtico, que no tiene que ver con el marketing, las transnacionales, los empresarios, los agentes,  las redes sociales, el fogoneo, ni la venta de humo.

Estos valientes futbolistas, se animaron a escribir y lo hacen bien. Con esta obra vanguardista y disruptiva, están colaborando a romper el molde, a dar de baja a los estereotipos y a los prejuicios literarios. Han demostrado que ellos también son amantes del verbo, de la prosa, que  tienen algo que decir y cuentan con las herramientas para hacerlo. Tienen la capacidad de contar historias y envolver con su narración.  ¿Y quién mejor para hablarnos de fútbol que los propios jugadores? Como expresa Gustavo Lombardi, uno de los que participó del proyecto, “escribir, leer, es sanarse también. Liberarse de esos miedos, ganas, ansiedades”.

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A partir del primer cuento se desata la pasión, entran en juego las emociones.  Con esas composiciones de no más de 3 o 4 páginas que son una exhibición de lo tierno y lo fugaz, seducen y establecen un nexo con el lector. Desde el vamos sentimos el olor a vestuario, la picardía de potrero. Es una obra coherente, que respira y palpita. No hay nada impostado ni artificial. Es un soplo íntimo y personal. Tiene de todo y le sobra. Y en un microcosmos tan turbio y contaminado como el de este deporte, termina por convertirse en un faro de integridad. Una declaración de principios, un sentido de lealtad, de pertenencia y de lucidez.

En este festín literario podemos toparnos con referencias a Roberto Fontanarrosa, evocaciones al Gordo Soriano y citas de Alejandro Dolina. A través de antiguas hazañas, anhelos de juventud, golpes de la vida y frustraciones, nos invitan a revisar el concepto de revancha y hacen hincapié en que el tren de las oportunidades está pasando continuamente, que nos podemos subir en cualquier estación, que nada nos debería hundir sin retorno.

Asimismo, podemos encontrar crónicas que hacen una exacta y cruda radiografía de ese fútbol alejado de los flashes, que no aparece en las portadas de los periódicos y revistas, que no se comenta por twitter ni tevé,  en el que los jugadores no son tratados como estrellas de rock. Nicolás Burdisso nos da cuenta de las limitaciones con las que viven los chicos en las pensiones de los clubes, de lo complejo que es para un muchacho de pueblo acostumbrarse a las grandes ciudades, a un nuevo entorno, a estar lejos de casa y de la protección familiar. De tener que cargar con la responsabilidad de debutar en el profesionalismo porque deben convertirse en el sostén de su hogar. Nos habla de cuando emergen las dudas y contradicciones porque no se está teniendo minutos, y se comienza a apagar la ilusión, y empiezan a preguntarse hasta dónde puede llegar esa aventura, si efectivamente tienen el talento para poder comer de esto, para dedicarle su vida a patear un balón.

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Jorge Cazulo y Juampi Sorín, con matices similares, mismo telón de fondo, distinto tránsito y diferente resolución se animan a recrear la existencia después del retiro. Muestran cómo es la vida de aquel que ha perdido su lugar en el mundo, al que le bajaron el telón, ese que pasa los días añorando el pasado, rememorando su época de gloria, intentando recuperar el paraíso extraviado, el que no le encuentra sentido a su existencia, un jubilado que deambula errante por espacios de anonimato, que no consigue un puerto de partida, que vive llorando la milonga. Retratan magistralmente, con notable sutileza, cómo algunos jugadores al momento de colgar los botines se comienzan a sentir frágiles, incompletos, liminales,  desolados, rotos, fisurados, escindidos, incomprendidos, marginales, desplazados, derrotados.

Por su parte, Gustavo Lombardi se introduce en el universo de la ciencia ficción y viaja en el tiempo para evidenciar lo insoportable, anémico, anodino, gris y distímico que sería el mundo sin poder jugar a la pelota. Dimensiona la importancia de este deporte y hace un llamado de atención para que lo cuidemos y para que valoremos las actuaciones de los futbolistas y dejemos de hacerlos cargo de nuestras miserias cotidianas.

Pablo Aimar dedica sus líneas a su padre. Sebastián Saja va en la misma dirección y le escribe a su madre, a la cual fantasea con volver a ver en una atajada que lo eleve hasta el cielo. Adrián Bianchi, hace lo propio y coloca negro sobre blanco en un cuento que tiene como protagonista al maestro Carlos Timoteo Griguol. Jorge Sampaoli, dejando ver la notable influencia del negro Fontanarrosa, le realiza un sentido tributo a un amigo que lo acompañó a dar sus primeros pasos al lado de la raya de cal. Roberto Bonano, fiel a la tradición de los grandes escritores rosarinos, narra de manera magistral el partido de su vida, el cual no fue vistiendo la camiseta de River ni del Barcelona, sino en su barrio natal, junto a sus amigos de infancia, los cuales según lo que expresa espera tener la oportunidad cruzárselos de nuevo.

Entre tanto, Mónica Santino, la única mujer del club, logra plasmar cómo ha sido la experiencia de dirigir a Las Aliadas, un equipo de fútbol femenino que hace vida en la Villa 31 de Retiro (Buenos Aires) que tuvo que poner el cuerpo y remarla desde abajo para conseguir que se les permitiera jugar en la cancha de su comunidad, luchar por un espacio para las mujeres, enfrentando una cultura machista que las expulsa, que las invisibiliza. Al mismo tiempo, que da sus impresiones acerca del mundial de fútbol que participaron en Alemania y en el que compartieron con distintas oncenas, las cuales padecen  problemáticas semejantes.

Kurt Lutman, aquel irreverente jugador que despuntaba en la sub-17 albiceleste serie 93, al cual el retiro lo encontró temprano por anteponer el interés colectivo a su carrera y al bienestar personal, nos deleita con una cautivante anécdota de compromiso social, en la que ilustra las precarias situaciones que se viven en las zonas más depauperadas  y lo que significa “hacerse hombre” en un barrio. Nos comenta que allí, en las villas miserias, el infierno no está tan lejos y que al cielo hay que construirlo, en la Tierra, sin pedirle permiso a nadie.

Y para cerrar, no había un mejor texto que el de Javier Mascherano. En el cual el zaguero, realiza sin mencionarlo un sentido homenaje a Tito Vilanova, el ex-técnico blaugrana que falleció en 2014. Un conmovedor relato que muestra que -aunque el fútbol es amor, es pasión es contagio, es poder para cambiarlo todo- la pelota también puede pasar a segundo plano en algunos momentos de la vida.

En este volumen, todos la tocan cortita y al pie. Nos devuelven la pared y hasta nos dejan mano a mano con el arquero. Nos invitan a jugar en su equipo para siempre. Sueñan y nosotros soñamos con ellos. Y donan las regalías de este libro y participan en eventos sociales,  para que muchos niños más tengan la oportunidad de soñar.

En suma, esta suerte de antología de historias que se clavan en el ángulo, nos habla de las ilusiones, decisiones, dilemas, responsabilidades, abismos, tensiones existenciales, desafíos y nos trae a colación la frase de Luis Alberto Spinetta: “Después de todo tú eres la única muralla, si no te saltas nunca darás un paso”.

En alguna ocasión el célebre César Luis Menotti dijo que, quien sólo sabe de fútbol, ni de fútbol sabe. Estos muchachos, a través de esta aventura llena de aprendizajes y descubrimientos,  se han demostrado que no solamente saben mucho de fútbol, sino que además la pelota es un universo más amplio que una cancha y que la biblioteca puede ser una tribuna.

Gracias muchachxs por materializar esta obra que representa y engloba aquello que me gusta, quiero y me identifica. Gracias muchachos por descartar la nada y elegir el todo.

Augusto Gil Zambrano.

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