Arte

Gabriel García Márquez: El hijo del telegrafista o el Premio Nobel de Literatura

06 de marzo 2017.

Los seres humanos frecuentemente solemos ser mezquinos al momento de hacer juicio de valores. “Dime con quién andas y te diré quién eres” dice el argot popular. Empero, no son nuestras amistades o nuestro lugar de nacimiento lo que condiciona lo que somos o seremos.

Es difícil encontrar unos orígenes más humildes que los del protagonista de este artículo y, no obstante esa condición no le impidió convertirse en una de las mentes más brillantes de su contexto y uno de los escritores de mayor notoriedad de Latinoamérica. Su manera de reflejar la crudeza de la realidad colombiana y del continente, mezclando de manera magistral elementos mágicos con realidades palpables le hicieron un nombre de mucho peso en el complicado mundo de las letras.

Gabriel José de la Concordia García Márquez nació el 6 de marzo de 1927 en Aracataca, humilde poblado del norte de Colombia. Muchos lectores confunden a Aracataca con el pueblo imaginario de Macondo, producto de la inquieta creación del autor cafetero, quien, en un elocuente gesto de humildad le gustaba que le llamaran el “hijo del telegrafista de Aracataca”, haciendo clara mención al modesto empleo de su padre.

Desde muy pequeño, el Gabo quedó bajo el cuidado de sus abuelos paternos, mientras sus padres se fueron del poblado en la búsqueda de mejores posibilidades. Sus abuelos definitivamente fueron una influencia en la futura carrera de escritor del jovencito. Su abuelo, Nicolás Márquez, fue un veterano Coronel y su abuela, doña Tranquilina, quien sufría deficiencia visual severa. Con sus distintos estilos y personalidades le dieron luces a la floreciente promesa de las letras latinoamericanas. El primero con anécdotas militares y la segunda con relatos de leyendas y cuentos mágicos, sin quererlo fueron moldeando como la arcilla la imaginación del futuro escritor.

Entre complicados años propios de una familia humilde transcurrieron los primeros años de la infancia y más temprana juventud de García Márquez. En 1947, gracias a una beca, el Gabo se muda a Bogotá para estudiar derecho en la Universidad Nacional. Por distintas circunstancias nunca se graduó de abogado, empero inició una muy próspera carrera como reportero, iniciada como columnista en el diario el Universal de Cartagena. En esta época, junto con un nutrido grupo de jóvenes con inquietudes voraces de literatura, García Márquez se une al llamado Grupo de Barranquilla, organización destinada a revisar con auténtico espíritu analítico los escritores más influyentes del momento, entre los cuales, los favoritos del Gabo fueron Virginia Woolf y William Faulkner.

Para la década de los cincuenta publica su primera novela, La Hojarasca, la cual sería la piedra inicial de aquel inmenso castillo de obras literarias entre las que destacan: El Coronel no Tiene quien le Escriba, Relatos de un Náufrago, El Amor en Tiempos del Cólera, Crónicas de una Muerte Anunciada, La Mala Hora, Los Funerales de la Mamá Grande, El Otoño del Patriarca, Vivir para Contarla, entre muchas otras hasta llegar a su obra magna, Cien Años de Soledad.

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García Márquez tuvo un conjunto de amistades que causaron revuelo y numerosos comentarios por ser personajes que detentaban el poder aún cuando en las antípodas de la forma de concebirlo y emplearlo. Entre estas amistades podemos mencionar dos muy elocuentes para ilustrar esta característica, Fidel Castro y Bill Clinton. Al primero de estos le conoció cuando trabajaba como reportero para un diario de ideas de izquierda, entre las cuales fue un apasionado militante. En este diario, el “hijo del telegrafista de Aracataca” debía informar cómo era el panorama cultural y político colombiano a La Habana. Para algunos especialistas, el Gabo era un fiel admirador del poder, mientras que para otros, García Márquez atesoraba la amistad de poderosos a pesar de no agradarle el poder.

En 1967 es publicada la que fuera su obra de mayor notoriedad, aquella que se tradujera a más de 30 idiomas y que le hiciera vender una cantidad superior a los cincuenta millones de ejemplares a nivel mundial, Cien Años de Soledad. De esta obra, además de experimentar con mayor solidez el estilo de escritura, realismo mágico, en el que se yuxtaponen los elementos duros propios de la realidad y los fantasiosos característicos del mundo mágico. La obra captura la atención del lector de principio a fin.

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En el 2007, García Márquez, en medio de un elocuente homenaje contó una preciosa e ilustrativa anécdota de los tiempos en los que le daba vida a la novela. En esos 18 meses en los que escribió a diario sin dejar un solo día sin hacerlo, la situación económica de la familia era realmente precaria, por lo que las deudas se agolpaban con la misma velocidad que las ideas en la mente del escritor. En esos duros tiempos, el Gabo no percibía peso alguno, por lo cual, una vez que tenía en sus manos el manuscrito de la novela terminado, el escritor y su esposa se dirigieron a la oficina del correo para enviar el trabajo de más de 500 páginas desde Ciudad de México donde vivían hasta Buenos Aires donde quedaba la editorial. Una vez empaquetado el manuscrito, el empleado pesa el paquete y le dice a la pareja que el costo del envío es de poco más de 80 pesos. La esposa del autor revolvió todo lo que tenían encima para enfrentar la delicada realidad que lo único que tenían eran 53 pesos; ante este desolador panorama, la pareja decide dividir el material en dos entregas y mandan la primera. Con mucha preocupación  el matrimonio se da cuenta al llegar a su vivienda que, la parte enviada a la editorial argentina fue la segunda y no la primera. Pero antes que pudieran reunir la cantidad necesaria para enviar el inicio de la novela, el editor les estaba dando un adelanto a la pareja para que enviaran la primera entrega para poder leer el inicio de una novela tan atrayente y maravillosa. El resto del cuento es historia, Cien Años de Soledad se convirtió en el mayor éxito literario del continente americano de habla hispana.

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La trayectoria de García Márquez fue premiada en numerosas oportunidades con prestigiosos galardones como el Premio Rómulo Gallegos, entre otros. Sin embargo el clímax lo alcanzó cuando, en 1982 fue distinguido con el premio Nobel de la Literatura.

El 17 de abril del 2014 muere en Ciudad de México el gran escritor dejando tras de sí un inmenso legado para la posteridad.

Resumiendo estas breves líneas, los humildes orígenes no son lo que nos determinan, tampoco el modesto trabajo de los progenitores, lo que en verdad es importante es hacer con pasión y amor todo lo que nos proponemos, porque, al fin y al cabo, el “hijo del telegrafista de Aracataca” y el premio Nobel de la literatura fueron la misma persona, Gabriel García Márquez.

Alexis Delgado Alfonzo

Historiador

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