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En Colombia se disparan los cultivos de coca

06 de marz0 2017.

1818Nunca antes en la historia, Colombia había tenido tantas matas de coca como en este momento. En pocos días el Departamento de Estado de Estados Unidos, específicamente la CIA, anunciará una cifra que supera las 180.000 hectáreas. Desde 2013 se ha duplicado el área cultivada. El año pasado, esta misma entidad había situado los cultivos en 159.000 hectáreas. Un crecimiento del 39 por ciento respecto a 2014. La tendencia que muestra la CIA es consistente en porcentaje con la que presenta el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci) de Naciones Unidas, cuya última medición para 2015 ubicaba los cultivos en 96.000 hectáreas (entregará las cifras de 2016 en un par de meses). La diferencia entre ambas mediciones se debe a que usan distinta tecnología, pero sus tendencias en los últimos 20 años han sido consistentes.

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William Brownfield, secretario de Estado adjunto para narcóticos y asuntos de seguridad de Estados Unidos.

Las alarmas están encendidas. Este lunes llega al país William Brownfield, secretario de Estado adjunto para narcóticos y asuntos de seguridad de Estados Unidos, acompañado de una delegación de alto nivel de la DEA, la CIA y el Departamento de Justicia para analizar el problema con el gobierno colombiano. El jueves pasado, cuando entregó el informe anual sobre la estrategia internacional contra los narcóticos al Congreso de su país, aseguró que en 2015 aumentó en 60 por ciento la producción de cocaína en Colombia, hasta 465 toneladas. Se espera que los datos para 2016 sean más altos. Todo eso augura que la relación con el país del norte se volverá a narcotizar.

Hasta 2015 las evidencias satelitales tanto del Simci como de la CIA mostraban un crecimiento significativo de los cultivos, pero no en todo el país. Los sitios más críticos son Tumaco, en Nariño, y Catatumbo, en Norte de Santander. Le siguen Guaviare, Bajo Cauca, Caquetá, Cauca y Putumayo. En la mayoría de estas regiones hay actores ilegales como las bacrim y el ELN que se disputan el mercado, ahora que las Farc ya no hacen parte del mismo. También es significativo el crecimiento en parques nacionales y en territorios étnicos. En los primeros porque las leyes ambientales prohíben fumigar o hacer programas de sustitución. Y en los segundos se requiere consulta previa con las comunidades para ingresar con cualquier tipo de programa sea de erradicación forzada o voluntaria. En 2016 los cultivos aumentaron en estas regiones y se extendieron a otras.

Después de 30 años de lucha contra las drogas, y casi 20 desde que comenzó el Plan Colombia, el panorama es, por decir lo menos, perturbador. Todo el mundo se pregunta qué pasó. Hay varias respuestas, pero ninguna completamente satisfactoria.

Fumigación aérea, erradicación manual…

Para empezar, desde 2015 se suspendió la aspersión aérea con glifosato, luego de que la Corte Constitucional advirtió los riesgos que implica para la salud humana, según estudios de la OMS. En realidad la fumigación aérea había decaído desde 2013. Y existe un relativo consenso en el país de que esta fórmula, apoyada por los estadounidenses desde hace tres décadas, no resulta efectiva para la realidad de hoy. Primero, porque es ineficaz. La mayoría de los estudios académicos demuestran que requiere mucho esfuerzo y dinero fumigar una hectárea, incluidos los daños colaterales que conlleva para la salud, el ambiente y los cultivos de pancoger. Segundo, porque tras fumigar una región, la gente se va con su cultivo a otra parte, como se ha visto en los últimos 30 años. Tercero, porque hoy los cultivos están escondidos en fincas donde otras siembras legales los camuflan.

Desde 2005 el país empezó a probar la erradicación manual con la Policía y trabajadores civiles y tuvo mejores resultados en cuanto le daba a la fuerza pública mayores posibilidades de controlar el territorio. Pero eran tiempos de guerra y los costos económicos y humanos fueron muchos, especialmente por los campos minados y los francotiradores de los grupos armados, siempre al acecho.

La fumigación aérea y la erradicación manual decrecieron hace un lustro porque era más eficaz atacar otras partes de la cadena del negocio, donde hay mayores intereses de grupos criminales, como los laboratorios y el tráfico propiamente dicho. Al fin y al cabo, los cultivadores solo reciben el 1,4 por ciento de las ganancias. Tanto en interdicción como en destrucción de laboratorios hay mejores resultados frente al pasado, pero ante un país inundado de coca esto es una victoria pírrica que demuestra que el narcotráfico sigue siendo extremadamente rentable.

Pero no solo la menor erradicación explica el nuevo auge. Otras razones inciden en la dinámica de los cultivos. Una de ellas es que una vez se anunció el punto cuatro de La Habana, relativo al problema de las drogas, muchos campesinos empezaron a sembrar coca porque vieron una oportunidad de recibir asistencia del Estado. Esto ocurrió en 2014 y por esa época se dispararon los cultivos. En varias regiones los periodistas han escuchado que las propias Farc incitaron a la gente a sembrar con este fin. El investigador Daniel Rico dice haber descubierto en sus trabajos de campo en regiones como el Catatumbo que la gente está llena de hoja de coca, pero no hay compradores, lo que respalda la tesis anterior, pues ya no están las Farc para regular ese mercado ilícito. Algo similar ha encontrado Hernando Zuleta, director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas, de la Universidad de los Andes, quien asegura que en la actualidad hay más hoja que capacidad de procesamiento.

También hay consenso en la incidencia de la minería ilegal y el precio del dólar en este aumento de la coca. La primera porque hace un lustro, cuando los cultivos bajaron a su punto mínimo, se estaba viviendo un auge del precio del oro. Muchas regiones como Cauca, Nariño y Bajo Cauca coinciden en ambas actividades y la gente pasa de una a otra según varíen los precios del negocio ilegal. A eso se suma que en el periodo de marras el dólar se disparó de 1.800 a 3.200 pesos, lo cual volvió el negocio un 40 por ciento más rentable y enriqueció aún más a los narcotraficantes locales.

Sin embargo, el gobierno tiene otra explicación. Según el Observatorio de Drogas de Colombia, del Ministerio de Justicia, hay cambios estructurales en el negocio del narcotráfico y ahora quienes lo manejan compran la hoja y no la base ni la pasta de coca; además dan un 40 por ciento más del precio. El gobierno tiene evidencias de que cada vez más mexicanos y brasileños están al frente de las fábricas de cocaína, con equipos muy sofisticados que funcionan como complejos industriales. Aunque al año las autoridades destruyen por lo menos 230 de estos laboratorios, persisten miles en las selvas, fincas y hasta en sectores urbanos.

Sean cuales sean las variables externas, lo cierto es que la política pública de erradicación y sustitución estuvo de capa caída por varios años y el país está pagando los platos rotos por ese descuido.

Daniel M. Rico, es uno de los mayores expertos que hay en Colombia sobre narcotráfico. En esta entrevista con SEMANA critica duramente la manera como se está enfrentando en Colombia el problema de los cultivos de coca.

Daniel M. Rico señala: Yo he recorrido estos meses los departamentos con más coca del país y nadie me ha hablado de un aumento significativo en los precios de la hoja o la pasta de coca. Por el contrario, son más los territorios donde ha bajado el precio y sin embargo, la gente cultiva ahora más. Mire lo irónico y profundamente complejo del asunto, en el Catatumbo el precio se cayó a 1,6 millones el kilo de base y da pérdidas; hace unos años cuando, estaba vivo Megateo –Cabecilla del EPL–, se llegó a pagar por encima de tres millones. Por eso la gente está en una crisis económica durísima y enterrando sus kilos de base porque no hay quien compre, pero, contrario a lo que diría la teoría económica, la oferta de coca no baja sino sigue creciendo.

En la edición de mañana la segunda entrega del reportaje de SEMANA:  En Colombia se disparan los cultivos de coca.

SEMANA

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