Opinión

Editorial de El Nacional: La nueva MUD apenas ofrece una nómina de dirigentes que en general son poco conocidos

21 de febrero 2017.

Después de mucho anunciar, por fin la MUD ha informado sobre su reestructuración. Hemos esperado la información con el interés que merecía, pero nuestras expectativas no quedaron satisfechas. Sabemos que se trata de un primer paso en un plan de renovación, y que, por lo tanto, deben seguir otros capítulos ante cuyo advenimiento seguimos pendientes, pero hasta hora los partidos coligados solo nos han sorprendido con un parto de los montes.

La MUD es importante para la sociedad que clama por cambios urgentes en la política venezolana. A su organización debemos pasos trascendentales para la recuperación de la democracia, como el triunfo en las elecciones parlamentarias. Ha tratado de mantener la llama de la controversia civilizada frente a la dictadura y se ha ocupado de movilizar a sus líderes en las diferentes regiones de nuestra geografía. Llevó los anhelos de la sociedad hasta cúspides que parecían inaccesibles, en suma, pero después, en poco tiempo, en cuestión de un año desolador, protagonizó o acompañó un declive que apenas permite hacer reminiscencia de los logros obtenidos. De allí la necesidad de mirar con cuidado lo que hace, pero especialmente lo que deja de hacer.

De momento, apenas ofrece una nómina de dirigentes que en general son poco conocidos, un repertorio de ciudadanos de buena voluntad a quienes deben presentar en detalle para conocimiento de la ciudadanía. Se trata de personalidades honorables, no cabe duda, pero sin un trabajo previo que no obligue a solicitar que los presenten en detalle, que los suban a la pasarela para apreciar a cabalidad las cualidades que deben tener y sobre las cuales no dudamos, pero que requieren un desfile previo para que no sigan inadvertidas.

El refrescamiento de las élites es bueno y necesario, por supuesto, pero tal vez estemos ante un desfile de medianías de las cuales no se pueden esperar las hazañas que requiere la sociedad para recuperar la confianza en sus dirigentes, para tener la seguridad de que su destino está realmente en las mejores manos. No descalificamos a los integrantes del elenco que ahora se nos presenta, entre otras cosas porque hay que dejarlo actuar para juzgarlos con propiedad, pero parece evidente que, si no son debutantes en la escena, hacían hasta la fecha el papel de segundones en el reparto.

Las circunstancias exigen un esfuerzo político de proporciones extraordinarias. La situación no está para medias tintas. Los reproches se hacen en función de la trascendencia del reto de salir de una dictadura que está acabando con el país. La lucha contra la adversidad requiere de políticos capaces de convocar inmediatamente la atención y el entusiasmo de las masas. ¿Está en eso la MUD actualmente? ¿Dio en el calvo con la nómina que ahora nos ofrece? El hecho de que nos ponga a averiguar la identidad de los miembros de su nuevo equipo de coordinación, porque solo lo sabemos en términos someros, no permite una respuesta sin reservas.

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