Historia

LOS ENIGMAS QUE RODEAN EL ASESINATO DE SUCRE, EL GRAN MARISCAL DE AYACUCHO

19 de febrero 2017.

4 de junio de 1830, día viernes, a tempranas horas de la mañana, Antonio José de Sucre y su comitiva, formada por el diputado García Trelles, su asistente Lorenzo Caicedo, sus sirvientes Colmenares y Francisco; cabalgaban confiados por el estrecho a Cabuyal, un sendero quebradizo, angosto y oscuro, rodeado de vegetación y bosques a uno y otro lado.

En las montañas de Berruecos (Colombia), escondidos, cuatro cobardes asesinos lo esperaban, contratados por un vil personaje representante de las más rancias oligarquías del continente. Cuando pasa la comitiva, la voz de una de las hienas criminales que planean la emboscada grita: “¡General Sucre!”. El joven General voltea y en el acto suenan los disparos. Sólo pudo oírsele decir: “¡Ay balazo!”, otras versiones aseguran que yaciendo en el suelo, en su último suspiro, su última palabra fue mencionar su amada ciudad natal, “Cumaná”.

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Antonio José de Sucre, Militar, Político, filósofo, diplomático, estadista y gran escritor, El Gran Mariscal de Ayacucho, El Abel de Colombia, todavía se tejen toda clase de versiones y debates sobre su asesinato en las Montañas de Berruecos, en 1830 justo cuando la espada de la doctrina Monroe estadounidense y la división interna fraguada desde Bogotá y Valencia, colocaban en peligro inminente a la República. El cumanés inmortal se erigió como uno de los más brillantes estrategas y políticos que tuvo el Libertador Simón Bolívar. Su vil asesinato se da en un contexto que analizamos en el siguiente trabajo de investigación.

 

EL AÑO FATÍDICO DE COLOMBIA QUE DESTROZA LA LABOR DEL MARISCAL DE AYACUCHO

Mayo 8, 1830. El Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre deja escrito lo que será la última carta conocida y verificada, que remite al Libertador Simón Bolívar. Tal vez con la premonición de un inminente peligro, o tal vez no, Sucre en su contenido se despliega en elogios hacia quien considera algo más que un líder político o jefe militar:

“Mi General:

    Cuando he ido a casa de Vd. para acompañarlo, ya se había marchado.

Acaso esto es un bien, pues me ha evitado el dolor de la más penosa despedida. Ahora mismo, comprimido mi corazón,  no sé qué decir a Vd.

    Más no son palabras las que pueden fácilmente explicar los sentimientos de mi alma respecto a Vd.; Vd. los conoce, pues me conoce mucho tiempo y sabe que no es su poder, sino su amistad la que me ha inspirado el más tierno afecto a su persona. Lo conservaré, cualquiera que sea la suerte que nos quepa y me lisonjeo que Vd. me conservará siempre el aprecio que me ha dispensado. Sabré en toda circunstancia merecerlo.

    Adiós, mi General, reciba Vd. por gaje de mi amistad las lágrimas que en este momento me hace verter la ausencia de Vd.

    Se Vd. feliz en todas partes y en todas partes cuente con los servicios y con la gratitud.

    De su más fiel y apasionado amigo,

  1. de Sucre”

 

El contexto de la República en la cual ambos genios militares cruzan estas palabras, no es el mejor. 1830 será el año de la definitiva disolución de Colombia, gracias a la conspiración de la oligarquía colombiana desde Bogotá, con el Vicepresidente Francisco de Paula Santander a la Cabeza; y del movimiento de la “Cosiata” urdido desde la godarria Valenciana con el “Centauro” José Antonio Páez a la cabeza.

Artwork by Antonio Meucci, Retrato de Simón Bolivar, Made of oil on copper

Simón Bolivar, 1830, Autor:Antonio Meucci

Ya para enero de 1830, con ocasión de la celebración del Congreso Constituyente de Bogotá, Simón Bolívar remite una carta al mismo, donde llama por última y desesperada vez a la unidad de Colombia. Hace un análisis de las dificultades políticas, sociales y económicas de la Nación, y concluye en forma clara que lo único logrado hasta el momento no ha sido más que la expulsión por la vía de una guerra terrible pero necesaria, del imperio español.

He aquí algunos fragmentos de la misma:

“Ardua y grande es la obra de constituir un pueblo, que sale de la opresión por medio de la anarquía y de la guerra civil, sin estar preparado previamente para recibir la saludable reforma a que aspiraba. Pero las lecciones de la historia, los ejemplos del viejo y nuevo mundo, la experiencia de veinte años de revolución, han de servirnos como otros tantos fanales colocados en medio de las tinieblas de lo futuro…”

“…Las turbaciones que desgraciadamente ocurrieron en 1828, me obligaron a venir del Perú, no obstante que estaba resuelto a no admitir la primera magistratura constitucional para que había sido reelegido durante mi ausencia. Llamado con instancia para restablecer la concordia y evitar la guerra civil, yo no pude rehusar mis servicios a la patria, de quien recibía aquella nueva honra, y pruebas nada equívocas de confianza…”

“…¡Conciudadanos! Me ruborizo al decirlo: la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás. Pero ella nos abre la puerta para reconquistarlos bajo vuestros soberanos auspicios, con todo el esplendor de la gloria y de la libertad.”

Para cuando Bolívar exclama estas ideas, la Colombia que ha derrotado al imperio español está agotada en diversas maniobras conspirativas. A ello no escapa el Mariscal Sucre, quien a pesar de no estar nada ganoso para el ejercicio del Poder Político, bien desempeña su labor a favor de la Unidad territorial que él mismo ha ayudado a edificar con su espada libertadora. El desempeño de Sucre, como genio militar, no se limita a una lealtad indudable a Bolívar, sino a edificar el proyecto por este concebido.

La lealtad de Sucre a Bolívar, un elemento peligroso para los intereses divisionistas, ¿Motivó esto al asesinato del Mariscal de Ayacucho?

Sucre, quién desde 1809 ya está en los azares de la Escuela Militar y que en 1813 pelea bajo las ordenes de Santiago Mariño y los “libertadores de oriente”, no se consume en regionalismos baratos o artimañas politiqueras, ni se lisonjeaba entre los botines de la guerra. Es un patriota fiel que cree y considera la libertad americana y la expulsión de cualquier imperio opresor como su labor más sagrada.

Tales axiomas, llevan al futuro Mariscal de Ayacucho a desconocer vehementemente la jugada política de Mariño de restaurar la situación de 1811, a partir del Congresillo de Cariaco del 8 de mayo de 1817, donde a espaldas de Bolívar se declara un gobierno provisional y una capital en Nueva Esparta. Bolívar, quien ni siquiera está presente en semejante ardid político, denuncia como nulo e ilegítimo todo cuanto se ha decidido allí.

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Sucre, junto a varios generales y políticos se trasladarán entonces a Guayana, a unirse al mando del libertador Simón Bolívar como Jefe único de las fuerzas libertadoras. Desde ese momento y con la tarea que el Libertador encomienda al cumanés,  de gobernar Guayana y ser comandante general del Bajo Orinoco, se dará la fraternal unión que llevará al futuro Mariscal a desempeñar las más altas responsabilidades en pro del proyecto de unidad americana.

Antonio José de Sucre, southamerican independence hero, born in Venezuela. Great mariscal of Ayacucho, president of Bolivia, governor of Quito and marquis consort of Solanda and Villarocha by his marriage with Mariana Carcelén de Guevara. / Antonio José de Sucre. héroe sudamericano de la independencia nacido en Venezuela. Gran mariscal de Ayacucho, presidente de Bolivia, gobernador de Quito y marqués consorte de Solanda y Villarocha por su matrimonio con Mariana Carcelén de Guevara.:

Y es que a diferencia de muchos generales cercanos a Bolívar, Sucre desempeñará un papel superior en la labor de extender territorialmente a Colombia, a través de los procesos de liberación de los pueblos del Sur, así como en el empeño de su juicio político y su capacidad creadora, la cual más de una vez será puesta a prueba con sobrados éxitos, si bien en miles de oportunidades Sucre aborrece el ejercicio del poder de la política. Bien se lo escribirá en un Juramento en Chuquisaca, el 28 de octubre de 1827, donde manifiesta abiertamente su “repugnancia a la carrera pública” y  el “incesante tormento que (le) rodea en el ejercicio del poder”.

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Su buen desempeño en Cumaná, como Jefe de Estado Mayor, lo llevan a ser ascendido a General de Brigada, ratificado por el mismo Bolívar en 1820, y en noviembre de aquel año una vez dada la liberación de toda la Nueva Granada, sucre es encomendado por el Libertador a redactar un documento de gran valor histórico, considerado el primer tratado de derechos humanos en el marco de una guerra. Se trató de la redacción del Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra, el cual firmará el Libertador con el general español Pablo Morillo el 26 de noviembre de 1826.

Este documento será catalogado por Bolívar como “el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra”, lo cual de suyo se convirtió en un elogio a la capacidad creadora de un General Sucre con la habilidad y empeño de redactar él, de su puño y letra, todos sus documentos.  El armisticio será el preludio de la Batalla en el Campo de Carabobo donde quedará sellada la Independencia de Venezuela. Avanzaba el proyecto de una sola Nación.

Se erigía Sucre como la espada más eficaz y leal de El Libertador y por ende en un objetivo principal a ser aniquilado por factores conspiradores.

En la próxima entrega continuaremos develando:

LOS ENIGMAS QUE RODEAN EL ASESINATO DE SUCRE, EL GRAN MARISCAL DE AYACUCHO

Emiliano Villa.

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