Historia

Gutenberg el primer masificador de los libros

03 de febrero 2017.

Uno de los hábitos más antiguos y deliciosos que ha generado la humanidad es sin lugar a dudas la lectura. Empero, ¿qué se esconde tras un buen libro?, ¿cómo evolucionó el libro hasta convertirse en nuestro amigo fiel de todos los días? A lo largo de estas líneas, nos dedicaremos a ver como fue la trayectoria de la divulgación del libro desde la edad media hasta mediados del siglo XV.

Desde la antigüedad, la búsqueda del conocimiento por medio de la investigación y, por ende dejar  plasmados todos los estudios o reflexiones derivadas, le otorgaron al manejo del lenguaje y más específicamente al escrito un poder de suma importancia.

Por muchos siglos la divulgación de los textos, bien fueran médicos, filosóficos, políticos o religiosos fue realmente restringido ya que la única manera conocida era, una vez que se escribiera el original o que se consiguiera algún escrito antiguo, se les entregaba a los monasterios católicos, para que en estos recintos dedicados a la oración y al estudio, por medio de sus monjes y frailes dedicados al oficio noble y erudito de copista, reprodujeran fielmente el contenido de cada manuscrito que se les encargara. Contrario a lo que muchos piensan, muchos de estos monjes copistas no sabían ni leer ni escribir; simplemente se dedicaban a la imitación y reproducción fiel del original que se les entregaba. Estos monjes analfabetas eran frecuentemente empleados para copiar tratados de medicina o textos en el que se manejaran ciertos temas sobre los cuales, la Iglesia tuviera algún tipo de restricciones. De esta manera, se garantizaba que el conocimiento que se estaba reproduciendo no se difundiría de una manera indiscriminada, por lo cual podemos entender que la difusión del conocimiento era totalmente restringida ya que eran pocos los ciudadanos que eran capaces de leer y, aunado a esto, la divulgación de los textos era muy limitada.

¿Quiénes eran los beneficiados por la copia de libros en la antigüedad? Fundamentalmente los que encargaban copias de textos eran grandes dignatarios de  la Iglesia, así como algunos monarcas y personajes que tuvieran el suficiente capital económico e influencias políticas como para encargar copias de libros. En promedio, un copista podía demorarse un aproximado de diez años en hacer la reproducción de un libro, claro está dependiendo de la extensión del ejemplar y de las condiciones de iluminación de los monasterios donde trabajaban los copistas.

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Esta dinámica antes descrita se mantendría toda la edad media hasta entrado el siglo XV, cuando en Alemania, un modesto pero visionario personaje inventaría un artefacto que revolucionaría el mundo cultural en lo sucesivo. Nos estamos refiriendo a Gutenberg y su vástago, la imprenta.

 

Johannes Gutenberg nació en Maguncia, poblado perteneciente al antiguo Sacro Imperio Romano Germánico, en la actualidad, Alemania, hacia el año de 1400. Aunque no se tienen muchas certezas de sus datos biográficos debido a sus orígenes muy humildes. Desde su juventud se dedicó al oficio de orfebre y trabajador de todo lo relativo al manejo de los metales, en donde destaca su labor como herrero primero y de platero posteriormente.

Debió haber cursado estudios universitarios para el año de 1419 ya que consta que se matriculó en una casa de estudios superiores, sin embargo no se sabe nada de su etapa académica o incluso no se sabe si pudo culminar sus estudios, ya que el mismo año de 1419 muere su padre. En este período se le pierde un poco la huella al personaje en las tinieblas del tiempo.

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En la década siguiente se vuelve a tener noticia de Gutenberg ya que solicita un crédito para desarrollar una “alocada idea” para hacer una máquina que fuera capaz de imprimir libros en un tiempo infinitamente más rápido que la velocidad de la empleada por los monjes copistas.

La idea de aquella máquina impresora de documentos, Gutenberg la diseñó a partir de la prensa empleada para extraer el zumo de las uvas para elaborar el vino. Junto a la mencionada prensa, Gutenberg le añadió unos paneles en los que se ubicaban una a una las letras del abecedario, se les colocaba tinta y, al bajar la plancha en la que previamente un operador o impresor había colocado la transcripción del texto, con lo cual se obtenía como resultado una impresión del material.

El crédito se le otorgó por medio de un comerciante aún cuando había mucho recelo por la funcionalidad de tan ambicioso invento, por lo que, el prestamista accede a colocar el capital con dos condiciones: la primera de ellas era que sería accionista en el taller de impresiones de Gutenberg y, la segunda condición era que, el yerno del prestamista trabajaría como ayudante del inventor. Este pariente estaba esencialmente era para comprobar el trabajo de Gutenberg, aún cuando, con el paso del tiempo fue aprendiendo el arte de la impresión.

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El primer prototipo se presentó en la década de los cuarenta y, no es sino hasta 1449 que se completa la primera impresión de estilo tipográfica que fue el misal de Constanza. Sin embargo, algunas fuentes sostienen que la confección de este misal fue con un papel que se puede datar en 1474, es decir de una época posterior a Gutenberg, por lo cual no es de su autoría.

 

La obra más representativa de la época de impresor de Gutenberg es la denominada Biblia de Gutenberg o la Biblia de cuarenta y dos líneas. Se le otorgó este nombre porque el impresor diagramó la copia de una manera que, cada página tenía esa cantidad de renglones por  cada hoja.

Tres años después de iniciar el proceso de edición de numerosos ejemplares de la Biblia, Gutenberg no fue capaz de terminar de pagar el préstamo con el que le dio vida a su obra, la imprenta y es forzado a salirse de la sociedad del taller de impresión, el cual quedó en posesión del prestamista, quien siguió disfrutando del negocio en sociedad con el yerno que había sido aprendiz del inventor. Por su parte, Gutenberg vivió en la total miseria en su Maguncia natal hasta, finalmente morir el 3 de febrero de 1468.

Parece increíble en nuestros días pensar que los inicios de la impresión de los libros que, en nuestro tiempo es algo tan común, en sus orígenes fuera una industria con tantos tropiezos y que, su legítimo inventor tuviera el infortunio de morir en total abandono, después de haber creado una tecnología que, sin lugar a dudas revolucionó el mundo de la cultura y el conocimiento.

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Alexis Delgado Alfonzo.

Historiador

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