Opinión

La Misma Piedra y El Mismo Resultado. Por Walter Ortiz

13 de enero 2017.

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Walter Ortiz.

LA MISMA PIEDRA Y EL MISMO RESULTADO

Cualquier observador analítico podría esperar que este año 2017 debía arrancar con la necesaria reflexión de parte de todos los sectores políticos del país, dada las verdaderas urgencias del pueblo venezolano, que bien lejos están por cierto de un “cambio político” cuyo cliché impuesto por la derecha latinoamericana esta disfrazado del barniz de la democracia y tolerancia, pero de fondo trae la aplicación de un modelo derogatorio por la vía legal y de los hechos de las Constitución Nacional; es decir retrotraer a toda este continente al estado previo de colonización total y genuflexión a los intereses del gobierno estadounidense y las transnacionales.

Seguridad, alimentación, medicinas, control de la inflación, estabilización de precios, protección del poder de compra de los venezolanos; en líneas generales estas son las problemáticas urgentes del pueblo, las cuales cada vez parece más claro no se van a resolver con elecciones de ninguna especie, y menos con la utilización de artilugios carentes de racionalidad política y jurídica para derrocar el Gobierno del Presidente Maduro, el cual ya solo puede salir por elecciones presidenciales pautadas para 2018.

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Por un lado, el Ejecutivo Nacional ha arrancado un conjunto de políticas públicas concretas para procurar de una buena vez el proceso de recuperación paulatina de la estabilidad económica del país, sacudido por un sinfín de situaciones analizadas y estudiadas hasta el hartazgo.

Ahí se destacan medidas como la de estímulo al uso del dinero electrónico con la reducción de 2% del impuesto al valor agregado para el consumo a través de puntos de venta, así como el incremento salarial de 50% al salario mínimo, a las pensiones, jubilaciones y pensiones, y de impacto directo en la escala salarial de la Administración Pública; todo ello sumado a próximos anuncios en materia de política monetaria y fiscal tendientes a sincerar el esquema del tipo de cambio para estimular la economía, al igual que medidas en materia de protección del empleo y los programas sociales (misiones) implementadas por el Gobierno Bolivariano.

De hecho, ya en par de ocasiones el Presidente de la República ha puntualizado claramente que este 2017 no puede ser otro año más de resistencia sino de avance definitivo, en especial para la resolución efectiva y sostenida de un conjunto de problemas que si están en el radar principal de la gente, bastante divorciados de aquellos que pretenden colocar como centro los opinólogos y generadores de matrices de opinión. Todo esto parece hacer ver que el gobierno nacional se va enfocar centralmente en la agenda económica, social y de gestión de gobierno, dejando el aspecto político al llamado Comando Antigolpe recién creado por Maduro y que encabeza el Vicepresidente Ejecutivo Tareck El Aissami.

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Mientras de un lado vemos esto, pues resulta que del otro la oposición se ha quedado como pegada en una sola música que no genera nada en la población (no lo hizo en 2016 y tampoco lo va a generar en 2017), ya que no deviene de la confianza en un programa político y en un grupo capaz de garantizar estabilidad y progreso a su llegada al poder, sino de la capitalización de una “frustración” o cuestionamiento de la clase política gobernante producto de la crisis: parece que no han entendido que tal cosa ya la lograron capitalizar con su victoria en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015.

Entonces, luego de cometer el error táctico de sacar diez mil caminos para su único propósito: derrocar al gobierno democráticamente electo de Nicolás Maduro; para culminar en derrotas en cada uno de ellos fruto de sus propios errores y de andar aceptando toda clase de tesis y caminos, uno más alocado e inaplicable que el otro; todo parecía vislumbrar que el nuevo año les traería mayor sindéresis y un renovado espíritu propositivo de cara al país, que pudiese ser desarrollado en la agenda de la mesa de diálogo y en las ofertas políticas propias de los comicios regionales.

Para nada. La oposición, aparentemente decidida a echar por el bajante lo conseguido y trabajado en las elecciones parlamentarias, lejos de colocarse en una agenda de propuestas de cara al país y de políticas públicas en los espacios donde tienen poder para hacer ver en concreto la significación real de su trillado “cambio político”; optó por el uso de la mayoría que posee en la Asamblea Nacional para hacer el ridículo del año. Declarar el abandono del cargo del Presidente de la República. Un acto inconstitucional, sin sustento jurídico más allá de aquel que le puedan dar algunos “abogados” genuflexos de pensamiento y busca la vida (los cuales lamentablemente existen), e inaplicable políticamente sin la utilización de la formula de un golpe de Estado a secas y sin muchos adornos discursivos, el cual ni están en capacidad de dar.

Sin duda, no todos los sectores de la oposición carecen de cerebro como para saber el altísimo costo político que están pagando ante el país por acciones de tal naturaleza, no sólo porque carecen de legalidad sino que además restan confianza y generan mayor frustración en sus propios seguidores. Tan grave es este asunto que deja varias preguntas abiertas: ¿Cómo van a pedirle al Presidente de la República que vaya a la Asamblea Nacional a dar su mensaje a la Nación, si lo declararon fuera del cargo? Por simple analogía ¿Un Concejo Municipal determinado o un Consejo Legislativo (siguiendo el ejemplazo de los diputados nacionales) no podría declarar el abandono del cargo de un alcalde o gobernador por la valoración de su gestión de gobierno? ¿Qué consecuencias tendría una acción de esta naturaleza?

Ojala al menos algún sector de la oposición, sin visión suicida política ni de kamikaze, sepa reflexionar y se enmarque en la letra fina de la Carta Magna venezolana, asuma con verdadera valentía los acuerdos de la Mesa de Diálogo Nacional, suelte un ratico el twitter y las redes sociales llenas de etiquetas escritas por laboratorios de “rambos de tecla”, para enrumbarse en el juego político electoral y en el trabajo de gestión en sus espacios territoriales, los cuales por cierto bastante cuestionados están.

El pueblo ni es pendejo ni es ciego. Está observando críticamente toda la situación y sabrá en su momento repartir leñas y premios. Cada quien que lo estime de acuerdo a su rol, posición y acción política, y por supuesto que asuma su parte en la repartición.

@walterjoseortiz

Politólogo Promoción “Simón Bolívar” UCV, con componente docente en la UNEFA

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