Arte

Antonio Estévez: en quien la música se hizo verbo

12 de enero 2017.

Venezuela se presenta ante el mundo como un suelo fértil en el cual han nacido innumerable cantidad de grandes personajes que han marcado con su virtud, no solo nuestra historia, sino también la de la humanidad. Empero, entre tantos ejemplos de virtuosismo propio de esta tierra pródiga, son numerosos los casos de individuos que, a pesar de su notoriedad han quedado un poco a la sombra en la memoria histórica de nuestro país.

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En esta oportunidad queremos hacer una aproximación a la vida y legado del maestro Antonio Estévez, quien, sin lugar a dudas es uno de los compositores venezolanos de mayor significado y relevancia en el siglo XX venezolano.

El maestro Estévez nació el 3 de enero de 1916 en Calabozo, poblado que para el momento era la capital del estado Guárico en los llanos venezolanos. Desde su infancia se evidenció que, Antonio estaba bendecido por la mano inspiradora de Euterpe, musa de la música y canto lírico para la mitología griega. Por lo que no es extraño ver que su formación musical iniciara de manera tan prematura en la capital (Caracas), en el año de 1923 con tan solo 7 años; estos primeros estudios profesionales deben interrumpirse y ser continuados en 1925 en su pueblo natal. No es hasta 1930 que el maestro retorna al centro cultural del país, Caracas, en esta oportunidad para ampliar sus conocimientos generales de música y para estudiar clarinete en la Escuela de Música y Declamación de Caracas, ubicada en la esquina de Santa Capilla. Debido a sus notables progresos interpretativos, ingresa en la Banda Marcial  Caracas en el año de 1932 y, en el 34 lo hace en la Orquesta Sinfónica Venezuela.

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Sus estudios fueron tutorados muy de cerca por el afamado maestro  Vicente Emilio Sojo entre otras personalidades de notoriedad, quienes lograron florecer en Estévez lo mejor de su arte en esta etapa inicial.

Sin duda alguna, la década de mayores logros para la brillante carrera musical del maestro Antonio Estévez la encontramos en la de los cuarenta:

En 1942 se gradúa como intérprete de oboe, dos años después lo hace como compositor clásico. En medio de estas dos distinciones, en 1943, Antonio Estévez se convierte en fundador y primer director del Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela, el cual, en ese contexto histórico y por mucho tiempo sería considerado por muchos estudiosos como la agrupación coral de mayor prestigio del país.

Su innegable talento y carisma le llevan a obtener una beca para estudiar en Estados Unidos en 1945 y, después de esto, gracias a unos escasos ahorros se dirige a Londres para continuar sus estudios. Retorna al suelo patrio en 1948 en donde se destaca con un estilo de composición clásica nacionalista junto con  otros grandes maestros de la talla de Ángel Sauce, Evencio Castellanos, Inocente Carreño, entre otros. Esta destacada e inspirada forma de dar vida a la Música Académica venezolana le hace merecedor a su primer Premio Nacional de Música en el año 1949.

Su principal obra es, sin lugar a dudas la Cantata Criolla, en la cual el maestro se inspiró en el poema Florentino el que cantó con el Diablo de Alberto Arvelo Torrealba, pero otorgándole el perfeccionamiento sinfónico y lírico para dos voces que, hasta la fecha no tenía precedente alguno.

Desde 1947, el maestro Antonio Estévez se planteó la idea de hacer la composición Musical del poema tradicional en forma de cantata con dos solistas, uno de ellos interpretando a Florentino y el otro al Diablo. Fueron varios años intermitentes en los cuales, Estévez trabajó con intensidad en su magna obra, la cual finalmente cobró vida el 25 de julio de 1954 en el Teatro Municipal. En este espléndido escenario se dejó escuchar por primera vez la Cantata Criolla interpretada por la Orquesta Sinfónica Venezuela y, teniendo como solistas al maestro Antonio Lauro  como el Diablo y a Teo Capriles como Florentino. Por supuesto, la dirección de la pieza estuvo bajo la batuta de Antonio Estévez.

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La Cantata criolla se presentaría una vez más en ese año, pero en esta oportunidad en el marco del Primer Festival Latinoamericano de Música de Caracas, en donde, en presencia de la crema y nata musical del continente, el maestro Antonio Estévez, con lágrimas en sus ojos por la felicidad experimentada deleitó a tan regio público en la Concha Acústica de Bello Monte el 5 de diciembre de 1954.

Desde el mismo año de su estreno, la Cantata Criolla gozó de tanto éxito que, en ese mismo 1954 obtuvo el premio Vicente Emilio Sojo.

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Miguel Delgado Estévez

En palabras de uno de los sobrinos de Antonio Estévez, Miguel Delgado Estévez, en los años en los que el maestro estuvo haciendo la composición de su obra magna, viajó a los llanos para tener la inspiración que le faltaba para precisar algunos conceptos musicales y fue allí cuando conoció a uno de los más notables personajes de la música llanera de todos los tiempos, el Indio Figueredo, con lo cual terminó de robustecer su trabajo, ya que sirvió para tomar elementos musicales que le permitieran darle forma a la parte del poema “La Porfía” y particularmente al contrapunteo de Florentino y el Diablo. Entre sus notas se puede evidenciar el perfecto empleo de la yuxtaposición de la música tradicional llanera y la académica, para darle vida a una representación espléndida de los caracteres simbólicos de la luz y la obscuridad o el bien y el mal.

En la década de  los sesenta, Antonio Estévez pasa por Inglaterra y Francia para perfeccionar sus estudios musicales. En este período es contactado por el maestro Jesús Soto para la ambientación sonora del pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de Montreal. La obra Musical compuesta por Antonio Estévez se llama Cromovibrafonía. El terremoto de Caracas impidió la inauguración del pabellón Venezolano. También en estos años, Estévez experimenta una nueva etapa en su carrera e incursiona en la música electrónica y electroacústica.

Los maestros Vinicio Adames y Antonio Estévez en la Sala de Conciertos de la UCV, durante los ensayos preparatorios del concierto del XXV Aniversario del Orfeón Universitario. Fotografía tomada por Felipe Izcaray:

Vinicio Adames y Antonio Estévez.

Retorna al país y, desde la década de los 70 con el apoyo del Centro Simón Bolívar  detenta el cargo de director del Instituto de Fonología Musical hasta el año  1979.  .

En 1987, Antonio Estévez muy delicado de salud debido a la artritis, pero siempre de la mano de la inspiración de su vida, la música, se hace acreedor por segunda vez en su vida del Premio Nacional de Música.

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Finalmente, el 26 de noviembre de 1988, el gran maestro emite la última nota de su vida la cual se seguirá escuchando en la eternidad por los coros celestiales que desde esa fecha está dirigiendo.

El legado de Antonio Estévez sigue vivo entre todos los que apreciamos el valor de la música tradicional venezolana y la Académica.

Es preciso también resaltar que, la memoria histórica de la obra del maestro Antonio Estévez se vio homenajeada en 1983 cuando el Orfeón Universitario de la UCV fue declarado Patrimonio Artístico y Cultural de la Nación. De igual modo, en el marco de la celebración del Bicentenario de la Independencia en el 2010, se escogió a la Cantata Criolla como pieza representativa de las festividades, en esa oportunidad dirigida por la iluminada batuta del maestro Gustavo Dudamel.

En la figura del maestro Antonio Estévez podemos encontrar una fuente de inspiración para todos los que nos sentimos orgullosos de los valores culturales de esta Tierra de Gracia, muy especialmente, el que tiene el privilegio de escribir estas líneas quien goza de la dicha de ser sobrino nieto del maestro.

La Cantata Criolla de Antonio Estévez, video cortesía del Director Felípe Izcaray:

 

Alexis Delgado Alfonzo 

Historiador.

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