Arte

TERESA CARREÑO UNA HEROÍNA CON PIANO Y SIN FUSIL

26 de diciembre 2016.

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Tradicionalmente  estamos acostumbrados a atribuir la sublime condición de héroe o heroína a personajes que, con cuyo valor y arrojo bélico nos han inspirado y, de manera simbólica fortalecen el sentido de arraigo y pertenencia. Por otra parte, también la labor de un puñado de políticos o diplomáticos, gracias a sus posturas y aportes les han granjeado la misma distinción. Sin embargo, la cultura occidental a la cual pertenecemos, hemos sido muy estrechos al momento de otorgar la distinción de personaje notable (héroe o heroína) a otra clase de individuos de probado virtuosismo en ámbitos distintos a la guerra o la política.

El legado cultural, femenino, histórico, gerencial y musical de Teresa Carreño es tan amplio y espléndido que, con su angelical manera de dominar las artes interpretativas a derrumbado la, en momentos insondable muralla que suponen los cánones tradicionalistas y los prejuicios que suelen impedirnos ver como heroína a una mujer en  el ámbito de la vida que le tocó asumir.

Nuestra querida artista y heroína nace en la ciudad de Caracas el 22 de diciembre de 1853 y es bautizada con el nombre de María Teresa Gertrudis de Jesús Carreño García. Viene al mundo en el seno de una familia pudiente y de una prosapia familiar de gran relevancia. Su padre fue Manuel Antonio Carreño, quien es recordado para la posteridad como el creador del manual de urbanismo y buenas maneras, que fue tan popular que, históricamente es recordado como el manual  de Carreño; además era sobrino de Simón Rodríguez. Por otra parte, su madre era  Clorinda García de Sena y Rodríguez del Toro, sobrina de María Teresa del Toro y Alaiza, quien fuera la esposa del Libertador.

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Desde muy niña, Teresa Carreño mostró habilidades magistrales en la interpretación del piano, hasta tal punto que, con tan solo seis años compone su primera obra.

Debido a la creciente inestabilidad política reinante en el suelo patrio, la familia Carreño García decide emigrar y establecerse en New York en el año de 1862.

Apenas recién llegada a los Estados Unidos, Carreño prosigue con sus estudios musicales y deleita a los conocidos de la familia en conciertos privados; aunque el 25 de noviembre de ese mismo año, la joven artista debuta en grande con su primer concierto en un teatro. La presentación de la niña tuvo una muy buena crítica, lo que le valió hacer una gira de cinco conciertos.

Con tan importante caudal de talento, Teresa Carreño es invitada a dar un concierto privado al, entonces presidente Abraham Lincoln en la Casa Blanca en otoño de 1863. Según  nos refiere el anecdotario, la prodigiosa niña, al darse cuenta que el piano de la Casa Blanca se encontraba             desafinado, después de interpretar varias piezas se negó a seguir tocando en esas condiciones. El presidente Lincoln, después de darle unas palmadas en el hombro a la niña, le pidió que tocara su canción favorita. Carreño lo hizo, pero le dio algunas variaciones a la partitura para poder sortear el problema de afinación del instrumento.

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Con el paso de los años, Carreño perfeccionó mucho más sus habilidades y viajó por buena parte de los Estados Unidos, Cuba, Francia y España. En estos atractivos destinos culturales, Teresa Carreño, no solo deleita a todos con sus conciertos, sino que además se dedica a estudiar canto, con lo que diversificó su campo de ámbito musical. En una de esas giras, conoce y se casa con un violinista. Al poco tiempo tienen su primera hija, la cual, motivado al exigente tiempo de la gira en la que, tanto Carreño como su esposo andaban, dejaron a la bebé bajo los cuidados de una amiga de la pianista.

La gira resultó ser un completo desastre, lo que, aunado a la pérdida del segundo hijo de la pareja y a la muerte del padre de Teresa, el matrimonio finalmente terminó por disolverse.

Este descalabro profesional y sentimental dejó  a Teresa Carreño en una delicada situación económica que no le permitía, ni mantener a su hija, ni tan poco a sí misma. La amiga que cuidaba al bebé le propuso adoptar a la niña con la única condición que, la madre no volviera a verla nunca más. Con el corazón destrozado y, por el bien de la criatura, Teresa se vio forzada a aceptar.

Cual ave Fénix, Teresa Carreño, aferrada a su incuestionable talento, renace de sus cenizas. Retorna a las giras, teniendo buenas críticas, contrae matrimonio nuevamente y tiene  tres hijos.

En 1887 retorna a Venezuela para una presentación en el Teatro Guzmán Blanco por iniciativa del presidente de nombre idéntico al del teatro. Carreño y su esposo fueron los productores de este evento.

La noche del estreno, el director de la orquesta no asistió y, Teresa Carreño, para evitar la suspensión del concierto, toma la batuta y se estrena como directora. Sin embargo, el poco nivel de preparación  de los músicos y, el más escaso nivel de popularidad del presidente repercutieron en que la presentación no agradara a los asistentes.

Por asuntos legales derivados del descalabro que supuso esa presentación, Teresa Carreño debió quedarse en el país retenida por el gobierno, ya que uno de los músicos demandó que no se le habían cancelado sus honorarios profesionales. Gracias a la intervención del presidente Guzmán blanco, la pianista se le permitió salir de Venezuela.

Después del mal trago experimentado en el suelo patrio, Carreño sigue su carrera musical y su vida familiar. Se separa de su esposo, vuelve a casarse y tiene otros dos hijos. Tiene brillantes conciertos en Estados Unidos y Canadá, hasta dar el gran paso de su carrera como lo fue abrirse paso en el ámbito musical de Alemania. Para muchos expertos, fue en estas tierras teutonas donde la pianista venezolana alcanzó el punto más alto de su carrera.

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En 1917, siendo ya una de los más grandes exponentes del género, Teresa Carreño organiza una gran gira sudamericana. Antes de iniciar la misma, la heroína venezolana, ofrece un concierto en la isla de Cuba con la filarmónica de la Habana.

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Esta sería su última presentación, ya que al término del concierto, Carreño se sintió muy mal de salud. El médico que la examinó le diagnosticó parálisis parcial del nervio óptico, por lo que debía suspender la gira, tomar una dieta especial y guardar reposo absoluto en su casa de New York.

Aunque se tomaron todas las medidas prescritas, el 12 de junio de 1917, la amada pianista fallece.

Sus cenizas fueron traídas a Venezuela en 1938 y, desde el 9 de diciembre de 1977, su memoria es reconocida en el Panteón Nacional.

Esta maravillosa mujer de manos menudas y de talento infinito fue considerada la mejor intérprete de Sudamérica y toda una heroína en el ámbito musical ya que era muy poco frecuente encontrar a una mujer que se dedicara a la música a nivel profesional en ese momento histórico que le tocó vivir.

Aunque Teresa Carreño vivió pocos años en su suelo patrio, ella siempre se definió como venezolana en todos los lugares donde dejó bien en alto el tricolor nacional. De igual modo, en la opinión de numerosos especialistas, el estilo de Carreño guardó siempre el ritmo propio de la musicalidad de esta maravillosa tierra de gracia, cuna de héroes y heroínas que llamamos Venezuela.

 

Alexis Delgado Alfonzo

Historiador

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