Opinión

Chávez/Maduro y la Gubernamentalidad Liberal en Venezuela. Por Juan Eduardo Romero.

Chávez/Maduro y la Gubernamentalidad Liberal En Venezuela

Dr. Juan Eduardo Romero

A propósito de cumplirse este 6 de diciembre un año de la derrota electoral del PSUV y el Polo Patriótico, y de cumplirse el 8 de diciembre, tres (3) años del anuncio de Chávez sobre la posibilidad de una sucesión presidencial, y más aún en el marco de una feroz ofensiva económica, que enmarcada en una Guerra de IV Generación, No Convencional (GNC) procura afectar las bases de apoyo del denominado proyecto bolivariano, recurrimos a una aproximación teórica para intentar una explicación problemática de esta compleja realidad.

Partimos de emplear al filósofo francés Michel Foucault y su categoría de gubernamentalidad, desde la cual aborda el problema del Estado, no como un “ente autónomo”, equiparable a la “mano invisible” del mercado de Adam Smith, sino como un elemento moldeado por el saber/poder. Esto es clave, para entender que la gubernamentalidad implica reconocer que no hay una sola instancia de gobierno, sino que existen diversas (familia, trabajo) y que el gobierno, no se ejerce exclusivamente sobre el territorio, sino sobre las personas. Esta definición es esencial, para entender las lógicas de control que se ejercen desde el paradigma liberal en general y del capitalismo en particular.

La gubernamentalidad, la entiende como el régimen del poder, introducido en el siglo XVIII, que tiene por blanco la población, mediante el control de la economía política a través de los denominados “dispositivos de seguridad”. La gubernamentalidad sería una tecnología del poder, a través del cual se facilita el control sobre la población, utilizando técnicas de gobierno que permiten la aceptación de este saber/poder. La gubernamentalidad, como una técnica, define al tipo de gobierno y con esté, el tipo de control sobre la población, mezclando las relaciones entre una microfísica y una macrofísica del poder. En este campo, con la gubernamentalidad, surge la economía política como un principio de limitación de la razón de Estado, sustituyendo a los sujetos de derecho como razón de Estado, por la población, transformando el mercado en la verdadera “razón de Estado”. Es esa trasmutación, el triunfo del liberalismo y su imposición como saber/poder, reproducido en cada instancia de esa población, permitiendo el ejercicio del control y por ende, del poder. Es lo que denominaríamos una “racionalidad económica”.

Ese pensamiento dominante, plantea que es el mercado el principal regulador del proceso económico, a través del establecimiento de precios y que la tarea de un “buen gobierno”, es garantizar la competencia. Es este principio, la base de un análisis económico de la población, pero en sí misma, es la base del análisis de los grupos dominantes. Acá se produce aquello de lo cual hablaba Carlos Marx en la ideología Alemana: “las ideas de las clases dominantes, son las ideas dominantes”. Foucault delata como los instrumentos de gobierno, que forman parte de la “razón de Estado” liberal, reproducen las lógicas de saber/poder desde las cuales se ejerce el control sobre la población. Por lo tanto, cualquier esfuerzo por construir una “acción liberadora”, debiera pasar por desmontar las ideas que esa gubernamentalidad liberal dominante ha impuesto, desde el siglo XVIII.

¿Cómo se relaciona todo este problema del saber/poder en Foucault, de la gubernamentalidad, con el proceso venezolano? De formas diversas y complejas. En primer lugar, habría que entender que el discurso – y la acción de Chávez- es un discurso del poder subversivo. Es decir, un discurso contra-hegemónico que pretende convertirse en hegemónico. Chávez – y cómo herencia Maduro- busca “romper” las lógicas liberales de gubernamentalidad, alterando la “razón de Estado” y la afirmación – heredada y reproducida por la economía política- que el mercado fija los precios en el sector económico y que el Estado debe contribuir al “impulso” de las iniciativas privadas. Lo intenta romper además, con el planteamiento del “Socialismo del Siglo XXI”, que pretende no solo alterar, sino eliminar las técnicas de gobierno implementadas desde la gubernamentalidad dominante liberal. El problema consiste, que esa gubernamentalidad liberal, es reproducida en cada ámbito – diverso- de la población. Desde la escuela, la familia, el trabajo, la religión, los medios, todos los ámbitos de ese campo cultural diverso y heterodoxo muestran – y reproducen – los mecanismos de control gubernamental. Al no desmontarlo, por más que se declaré el carácter socialista de la revolución bolivariana, en la praxis – en la microfísica del poder- cotidiana, no se hace sino reforzar una y otra vez, ese “pensar&hacer” del saber/poder liberal.

El pensamiento liberal – y neoliberal- busca extender – y lo ha realizado con éxito- a todos los ámbitos, esas lógicas de dominación del mercado. Así, la relación madre- hijo – esencial en las afectividades- es presentada por esa gubernamentalidad liberal, como una relación de mercado, donde el “tiempo” dedicado es una inversión de capital, determinado por la “calidad” de los cuidados otorgados. Es una “inversión” de la madre en el futuro del hijo. Es una imposición simbólica de la lógica del mercado y que forma parte “natural” de los procesos sociales, explicados a la población.

En otro ámbito, esa gubernamentalidad hace posible plantear a la familia como una “unidad de producción”, donde cada uno de los miembros debe contribuir a ampliar el capital (social) de su grupo. El esfuerzo, es “una inversión rentable” y eso se enseña y reproduce, a través del impulso individual de superación y la “naturalización” de la competencia por ser mejores y aceptar el egoísmo y el individualismo, como patrones socialmente aceptados. Esta gubernamentalidad, como saber/poder transforma la concepción del trabajo como trabajo/explotador, y lo coloca (a los trabajadores) como empresarios de sí mismos. Con eso, las desigualdades sociales se desvanecen y se “vuelven líquidas”. El trabajador es un “empresario de sí mismo”, que tiene su propio capital (su capacidad) y que puede transformarlo en una inversión que se amplíe. No existe explotación, sino sólo la “capacidad de inversión individual” para alcanzar metas y prosperidad.

¿Qué relación tiene con lo sucedido el 6-D/2015?. La respuesta viene por entender, como la disociación – o licuefacción-  de la realidad económica, a través de la extensión de la idea de esa gubernamentalidad liberal, que la razón de Estado debe someterse a la lógica del mercado y que hacerlo conduce a la prosperidad y negarse a la crisis, nos permite comprender los mecanismos de control – y manipulación- que han hecho posible desde el 2012, que la inflación se dispare pasando de 20,1% a un 56,2% en 2013, un 68,5% en 2014 y en el año electoral de 2015 a un 180,9%. Las acciones de saber/poder (y control) de la gubernamentalidad le asignan la “responsabilidad” al Estado (socialismo del siglo XXI), que al negar el mercado produce esta crisis.

Se amalgaman e interactúan diversos mecanismos de control de las técnicas de gobierno de esa gubernamentalidad liberal, para hacer ver que “la crisis” es producto de la negatividad de aceptar y reproducir las normas del mercado. Es el fracaso del modelo subversivo e insurgente del socialismo del siglo XXI, cuando la realidad no trasmutada es que ese Estado y las relaciones de poder y sometimiento, no han sido vulnerados en su esencia y que la etiqueta de “socialismo del siglo XXI” no es más que un ocultamiento de un capitalismo de Estado, que sigue actuando dominante y excluyente, sometido a tradiciones de control económico de los agentes del sector propietario.

Estas fluctuaciones en esta gubernamentalidad liberal- financiera, que hace depender todo del mercado especulativo, es lo que nos permite entender como un país que dedica más de 25.000 millones de US$ al pago de su deuda, siga teniendo una calificación de riesgo país muy alto. Que a pesar de los ajustes de precios de productos esenciales de la canasta alimenticia (harina, pastas, arroz, etc) no se haya producido un incremento de la producción, pero tampoco se ha notado una baja de la producción de las empresas contraviniendo las tesis economicistas. Todo debe enmarcarse, como esa gubernamentalidad liberal- financiera esta tan arraigada en la psiquis de la población, que a pesar de los apoyos electorales de los sectores populares al proyecto bolivariano, en su “esencia” esos sectores sigan justificando las lógicas – técnicas- de gobierno que justifican el control a través del dominio sobre el saber/poder.

El ablandamiento psicológico, adelantado con apoyo de medios de comunicación social en todo el período 2013-2015, nos permite entender el “fracaso” electoral del 6-D/2015, como una consecuencia de la pervivencia inmutable de los valores de control del poder, implementados a través del control de la población por las técnicas de gobierno de la gubernamentalidad liberal, que siguen intactos, en un Gobierno que se declara socialista aunque sus prácticas técnicas no lo sean. Por eso esas tensiones, entre un querer hacer subversivo/socialista y una realidad/hacer provista por la gubernamentalidad liberal- financiera siguen intactas y atentan contra el proyecto bolivariano. No discutirlo es una grave omisión y una gran torpeza.

Dr. Juan Eduardo Romero

Historiador/politólogo

Director del Centro de Investigación y Estudios Políticos estratégicos (CIEPES)

Juane1208@gmail.com

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