Ciencia

La que se nos viene: El espacio, la próxima frontera geopolítica.

01 de diciembre 2016

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Los fuegos artificiales que inician el año , esta vez se vieron desde una altura mayor, los tensiones del ultimo año desencadenaron en una batalla espacial, donde los involucrados intercambiaron cargas nucleares a pocos kilómetros de la atmósfera terrestre. Las potencias se disputan una región del cinturón de asteroides rica en minerales estratégicos. La situación es usada como argumento por un grupo de independentistas marcianos para reclamar derechos propios en la extracción de minerales, necesarios para la terraformación, lejos de las competencias de los terrícolas.

La anterior redacción, que sólo cabe hoy en la ciencia ficción, podría ser un titular en un par de siglos. En la actualidad existen proyectos para el desarrollo de una economía espacial, construcción de colonias en Marte, minería de asteroides y fabricas en el espacio. Elementos que definirán sin duda la realidad geopolítica en unas dos o tres generaciones.

La conquista de nuevos territorios en América, Asia y África permitió a los estados que financiaron esos viajes convertirse en potencias militares de alcance global y la expansión de la cultura europea, generando nuevas relaciones y nuevos estados que han definido el equilibro geopolítico hasta nuestros días. La mayoría de los conflictos globales que vemos en el siglo XXI son consecuencia de antiguos repartos coloniales o choques entre las áreas de influencia pretendidas por potencias.

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La conquista del Sistema Solar tendrá tres diferencias importantes con el proceso de expansión europea de hace cinco siglos. En primer lugar, ya somos capaces de determinar la cantidad y disposición de los recursos disponibles en la mayor parte de los cuerpos celestes a a nuestro alrededor. Desde hace pocos años sabemos que existe oro en la luna, que existe agua y mineral de hierro en Marte, diamantes en algunos cometas y aunque no sabemos como vamos a llegar, ya sabemos donde están y como se comportan. Cristóbal Colon partió en 1492 de España más o menos a ciegas y regresó pensando que había estado en Asia.

En segundo lugar, ni Marte, ni la luna tienen población, no será necesario un genocidio para conquistarlos. La primera ciudad marciana será fundada sobre terreno verdaderamente virgen. Todos los estados latinoamericanos fueron fundados por los colonizadores europeos luego de un proceso de limpieza que exterminaría, en algunos caso de manera absoluta, las poblaciones originarias y su cultura.

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En tercer lugar, el actual derecho internacional prohíbe la reclamación territorial por parte de algún estado en los cuerpos espaciales. Corporaciones privadas transnacionales desarrollaran la exploración y comercialización de los recursos obtenidos en el espacio, lo que aumentará la capacidad de presión política de éstas sobre los gobiernos de La Tierra. Durante el siglo XV las compañías de explotación colonial vivían al amparo de estados, y no al contrario. Estados Unidos y Luxemburgo ya han empezado a otorgar derechos de explotación sobre asteroides.

Los procesos de extracción de minerales en el espacio exterior, no requerirán de los controles ambientales necesarios en la Tierra, donde a medida que el medio ambiente de la tierra sea más frágil, la población sea mayor y los minerales disponibles en estado natural sean más escasos, las restricciones legales para la explotación de la naturaleza serán mucho más estrictas que en la actualidad, a lo que hay que sumar que la mayor disponibilidad creara precios tan bajos que no será rentable ni siquiera extraerlos.

Los primeros colonos espaciales, estarán ligados a algún estado nacional terrestre y por lo tanto sometidos sus leyes. Pero al ser enviados por empresas privadas, también deberán someterse al contrato que tales individuos hayan firmado con ésta. Se encontraran los colonos entre el sometimiento a leyes y tratados administrados a millones de kilómetros o someterse a las normas de la empresa que le suministra, aire, agua y alimentos.

La competencia en la tierra se trasladará entonces a Marte, donde se establecerán primero estados “vasallos” de potencias terrestres a fin de liberarse de algún tratado u organización inconveniente. Los descendientes de los primeros colonos tarde o temprano llegaran a la conclusión de que resulta más conveniente una declaración de independencia que continuar atados a la tierra. Los nuevos estados serán ahora la sede de las compañías colonizadoras que se beneficiarán de las exportaciones a la tierra, sin pagar impuestos a gobiernos terrícolas. En 2016 un grupo de cientificos ha propuesto a tal fin la fundación de “Asgardia” un estado con base en el espacio, destinada a desarrollo tecnológico.

De vuelta a la tierra, los países que logren avanzar más rápidamente en el proceso de colonización extraterrestre ejercerán su poder sobre los menos desarrollados. Aquellos que no desarrollen la ciencia y tecnología necesaria para apropiarse de los recursos disponibles en el exterior serán insostenibles como entidades económica y políticamente independientes. La mano de obra barata que hoy muchos países explotan como una ventaja competitiva ya habrá sido hace tiempo suplantada por robots y los recursos naturales considerados “estratégicos” ahora serán disponibles mediante explotación en el espacio exterior.

Las intrigas, la competencia y el afán de conquista seguirán escribiendo nuestra historia, el mismo impulso que nos hizo construir la civilización de hoy en día con sus comunidades también nos llevó a pelear guerras, a destruir el medio ambiente y a convivir con la desigualdad, cosas que llevaremos cuando expandamos la casa. Nuestros descendientes también verán el cielo, verán el mismo vacío que vieron nuestros antepasados y seguirán preguntándose ¿hay alguien más allá afuera? Solo que un “allá afuera” distinto.

Jeanpier Anayajeanpieranaya

Internacionalista Egresado UCV.
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