Opinión

Walter Ortiz: EL CAMBIO RESTAURADOR

26 de agosto 2016.

Con irresponsables llamados a la violencia y un caminar por la cornisa entre el precipicio del fascismo revanchista y el respeto a la democracia, la constitución y las instituciones, la oposición intenta por cualquier vía conseguir su anhelada salida del Presidente Nicolás Maduro, para edificar en una especie de terreno fértil, un conjunto de acciones políticas, económicas y sociales que nadie a profundidad conoce, pero que ellos han sabido velar con el uso del cliché del “cambio”.

Esta misma táctica fue utilizada de forma muy inteligente durante la campaña del actual Presidente de la República Argentina Mauricio Macri, quien a través de diversas herramientas de comunicación hizo énfasis en la palabra “cambiemos”, nombre incluso de la alianza política que resulto victoriosa en el ballotage de finales del año pasado.

cambiemos macri

Ahora bien, esta para nada ingenua e inconexa acción de la derecha latinoamericana, bajo el amparo del Gobierno de los Estados Unidos de América, esconde un proceso evidentemente restaurador de todas las políticas públicas que durante los años 80 y 90 del siglo XX azotaron a la región, sumando a nuestros pueblos a procesos sistemáticos y continuos de pobreza crítica, deserción escolar, desempleo, inflación y desmonte de todo nicho industrial, por medio de procesos de privatización masivo que en nada terminaron beneficiando el desarrollo de nuestras naciones.

Por supuesto, sería absurdo desconocer o pretender tapar la brutal crisis económica que azota a Venezuela, cuyas características estructurales exclusivamente rentistas, mono productoras y mono exportadoras, lo convierten en una débil economía que eventualmente sufre más y hasta sucumbe en períodos de crisis profundas, con mayor grado de problemas a las que aquejan a otras economías de la región.

Tal cosa, muy propia de nuestra nación, se ha convertido en verdadero talón de Aquiles que debemos solventar con ajustes, dolorosos en muchos aspectos, y medidas de emergencia que entre el ensayo y el error se erigen en alternativa a la terrible vorágine inflacionaria y especulativa del sistema de precios (por ejemplo los Comités Locales de Abastecimiento y Producción), sumado a paliativos como el ajuste en materia salarial. Dichos procesos, débilmente explicados por el Gobierno Nacional, responden al problema de ser una economía anchísima en subsidios de toda clase y tipo, que ve ahora la necesidad de reducir estos espacios intentando hacer más eficiente el destino del dólar petrolero, en el marco de un Estado históricamente corrupto y clientelar el cual no hemos podido demoler a pesar de los esfuerzos de todos estos años.

Pero una cosa es reconocer errores e intentar solventarlos, fundamentalmente en pro de los intereses del pueblo, incluso tomando medidas fuertes que para nada redundan en popularidad, y otra muy distinta es retomar nuevamente la senda neoliberal de manera abierta y sin mayor desparpajo, como si tal cosa hubiera redundado de manera positiva en la América Latina de finales de siglo.

Esto lo afirmamos basados en el hecho que, al tratar de auscultar sobre los aspectos fundamentales de la oferta de los sectores opositores a los gobiernos progresistas de la región, lo que nos encontramos son un paquete de medidas que cualquiera de los informes de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), midió y concluyó como rotundos fracasos para el desarrollo social del continente, más aun en el aspecto económico que era la línea central de la acciones recomendadas (y en muchos casos impuestas a sangre y fuego) contra nuestros países, coadyuvando en nada a procesos de industrialización y empeorando la dependencia de economías mucho más fuertes como la estadounidense o la europea de entonces.

En un momento donde políticos, artistas, escritores e intelectuales de los más amplios espectros de la derecha asumen el llamado “cambio político” como la panacea que eventualmente resolverá todos los problemas de Venezuela, barnizado con discursos llenos de palabras universalmente saludadas y hermosas como democracia, libertad, igualdad, fraternidad, salud, educación, entre otras; se vuelve necesario enfocar en las ideas que implicaría tal cuestión que, repito, ha sido inteligentemente trabajada desde los tanques de pensamiento en Washington, a través del marketing que tiende a banalizarlo todo.

Valga en tal sentido dejar para el ávido lector las siguientes cuestiones: ¿Cuál es la situación política, económica, social y de estabilidad institucional de Libia, Irak, Afganistán o Siria luego de las intervenciones militares de las potencias estadounidenses y europeas? ¿El derrocamiento de Fernando Lugo en Paraguay o Manuel Zelaya en Honduras redundaron en algún aspecto positivo para los pueblos de estos países, en función de las promesas realizadas por quienes llevaron a cabo estas acciones? ¿El pueblo argentino se encuentra sustancialmente mejor (o al menos en un nivel de satisfacción apreciable) con las políticas implementadas por el Presidente Mauricio Macri para atender la crisis económica de esa Nación?

Sirte antes y despues

Site,Libia, antes y despues de la intervención. Foto derecha: Manu Brabo/AP

faluya

Faluya, Irak, antes y despues de la intervención, hasta principios de agosto 2016 era uno de los bastiones del Estado Islamico

Luego de encontrar las respuestas correspondientes, con mayor agudeza cualquier persona al menos podrá preguntarse el sentido real del denominado “cambio”. Su propósito, su teleología; saber en pocas palabras cual sería el destino de nuestros países. Pareciera que los factores pretendientes del poder tienen en la mira ser simples ejecutores de las ideas de restauración neoliberal implementadas en América Latina a finales del siglo pasado, con las nefastas consecuencias sociales que generalizaron procesos de inestabilidad política en la región. Más allá de la coyuntura actual de la crisis, es bueno mirar esto, no vaya a ser que lejos de caer en una nube nos conduzcamos en caída libre al precipicio.

 @walterjoseortiz

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