Opinión

Nicmer Evans: No se aguanta más

11 de agosto 2016

Nícmer Evans  Nicmer Evans.

En nombre del socialismo, el gobierno de Maduro ha logrado que los salarios, que se habían dignificado con Chávez, hoy se conviertan en sal y agua.

Es indignante escucha la historia de amigos y allegados, de cómo se trata de sobrevivir. Recientemente en una reunión en uno de los sectores más populares de La Vega, en Caracas, nos contaba el anfitrión de la triste situación de los avances de transporte, la disminución del parque automotor por falta de mantenimiento, la cantidad de gente que se está quedando sin trabajo y todas las odiseas que debe vivir para él y su esposa poder comer una o dos veces al día.

A su vez, una médica comunitaria, haciendo post grado en el Hospital Vargas, nos contaba como hay días que ella y sus 14 compañeros de promoción, se encuentran al mediodía sin nada que comer, porque sencillamente a ninguno les alcanza lo que gana para hacer la comida en casa y poder llevarla en una vianda y mucho menos soñar con poder comprar un “menú ejecutivo”.

Otros, más cercanos aún, familiares jubilados de Barquisimeto, nos han llamado con lágrimas en los ojos, confesando que su pensión ya no les alcanza para si quiera poder mantener algo de alimento en la nevera para darle al nieto cuando los visita.

En el 2007 el salario mínimo venezolano era el más alto de América Latina, 650 $ al cambio oficial, y al paralelo uno 450 $, hoy en esa misma escala, tomando en cuenta que ahora el salario básico es menor que la bonificación de alimentos, está con la bonificación en 51 $ en el paralelo y 33 $ en precio oficial, pero si lo calculamos sin la bonificación, está en 15 $ al paralelo. Existe otra valoración oficial que ya es ridículo usar para el cálculo de 10 Bs. por dólar, del cual ya ni se menciona su asignación mensual para importaciones, ya que al final igual ninguno de los privilegiados lo usa para calcular el precio final.

En este desastre, ya el problema no es de distribución de los alimentos, que existe de manera grave, tampoco el problema es de escasez de divisas para la adquisición de productos básicos, el problema ya no es la especulación y el “bachaque”, el problema es que el salario no alcanza, que en ninguna parte del mundo se vive dignamente con un dólar diario, y menos si es lo único que puedes alcanzar como valoración justa de tu trabajo.

Es por todo lo anterior que esto no es socialismo, pero peor aún, es un modelo perverso que pretende en nombre de una revolución defenestrada, castigar a los que no tienen ninguna responsabilidad en el desastre, mientras los culpables compran inmuebles en New York, Bogotá, Miami, Panamá o Madrid, y hacen sus mercados los fines de semana en Aruba o Curazao en avionetas privadas.

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