Reportajes

JACINTO CONVIT: una visión humanitaria de la medicina

Daniel Ruiz.

Hoy, 12 de mayo de 2016, a dos años de la partida física del Dr. Jacinto Convit; médico y científico venezolano precursor en los estudios de enfermedades endémicas en nuestro país, y precursor en el desarrollo de una vacuna contra la lepra, hemos querido traer su visión humanitaria con relación a una de las carreras profesionales más importantes en todo el mundo, tal y como lo es la medicina.

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Foto: www.jacintoconvit.com

Son muchos los cargos profesionales y docentes que tuvo, cursos que promovió, sociedades científicas en las que estuvo acreditado, concursos, premios científicos y designaciones, trabajos presentados en reuniones científicas, pero en esta oportunidad queremos destacar un aspecto que, si bien no se cursa como carrera en una universidad; el Dr. Jacinto Convit nunca descuidó, el sentido humanitario, que no sólo todo médico; sino que toda persona (estudiada o no) debería tener.

El Dr. Convit decía “Nuestra misión en este mundo es para hacer un esfuerzo por los otros seres que necesitan ese esfuerzo, y la profesión médica es la profesión que le da mayor oportunidad al ser humano de expresarse, de que pueda expresar su amor por la gente, por eso es que creo que la profesión médica es la más grande de las profesiones (…) si se cumple su cometido”

Nació en Caracas; en la parroquia La Pastora, el 11 de septiembre de 1913, fue el segundo de cinco hermanos, creció en un núcleo familiar bastante hogareño, se casó con Rafaela Marotta D’Onofrio, quien fue su compañera por más de 60 años.

Foto: www.jacintoconvit.com

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Cursó estudios en el Colegio San Pablo y en el Liceo Andrés Bello, bajo la dirección del Profesor Don Rómulo Gallegos y luego del Profesor Don Pedro Arnal. En el año 1938, recibió el grado de Doctor en Ciencias Médicas, en la Universidad Central de Venezuela. La base de sus estudios la desarrolló aquí en nuestro país.

A inicios de su carrera profesional se dedicó a la investigación, docencia y asistencia en el área de la Dermatología, especialmente en la enfermedad de Hansen (lepra), en la cual hizo destacados aportes. Posteriormente, hace importantes desarrollos en Leishmaniasis, Oncocercosis y Micosis Profundas, entre otras áreas de su interés.

El Dr. Convit, inmortalizado en un video, nos relata cómo inicio su vida profesional en la antigua leprosería de “Cabo Blanco”, cerca de Maiquetía, en la cual observó con detenimiento como los pacientes eran sometidos a un aislamiento compulsorio (es decir, a la fuerza) y olvidados allí, como relegados de la sociedad, es por ello que él junto a un grupo de colegas llegaron a la conclusión de que había que cerrar la leprosería como procedimiento de lucha contra la enfermedad.

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Foto: www.jacintoconvit.com

Posteriormente, procedió a buscar estudiantes de medicina en los últimos años de la carrera en la UCV para transformar a Cabo Blanco en un centro de tratamiento y curación de la enfermedad. Hizo contacto con países como Brasil, Filipinas e Inglaterra, los cuales también contaban con leproserías. Cooperando entre todos; seleccionaron un medicamento que resulto ser sumamente activo en la curación del enfermo de lepra (Diamino-Difenil Sulfona) y combinado con un segundo medicamento (Clofamina) curaron una serie de personas, demostrando que la lepra era curable.

Presentó junto a otros colegas un nuevo plan para curar al enfermo, basado en que la persona debía iniciar su mejora y curación en el lugar donde vivía, rompiendo de esta manera el prejuicio de la sociedad respecto a la enfermedad.

Crearon un laboratorio de exámenes médicos para hacer seguimiento a la evolución de los pacientes, y un laboratorio de producción de medicamentos; en el cual elaboraban los comprimidos para los enfermos.

Los pacientes ayudaban en la leprosería (la cual ya tenía un nuevo rumbo), ellos formaban parte activa en todas las labores que allí había que desarrollar, junto con los estudiantes de medicina manejaban un ambiente de esperanza y optimismo.

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Foto: www.jacintoconvit.com

El nuevo tratamiento para la lepra evolucionaría en tratamiento ambulatorio, control familiar y educación de la población; estas medidas fueron tomadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y adoptadas en todo el mundo.

El Dr. Convit impulsó este cambio en el tratamiento de la lepra porque tomaba en cuenta que el paciente ya por el simple hecho de estar enfermo sufría, y era inhumano separarlo de sus seres queridos y confinarlo a una hospitalización compulsoria.

Consideraba que era necesario reforzar el hecho de que el médico era un amigo, un servidor público con interés en que el paciente se recuperara, es por ello que durante toda su vida insistió en la formación humanística del médico.

Sostenía que la medicina era una profesión adaptada a la mujer, a su estructura, vocación y sentimientos; porque en la mujer se puede desarrollar más que en el hombre una compenetración con el que sufre, tanto así que cuando vio que los estudiantes de medicina eran en proporción igualitaria hombres y mujeres expresó “se salvó la medicina”, considerando este hecho una extraordinaria oportunidad para esta rama de la salud.

Foto: www.jacintoconvit.com

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Luego de controlar la lepra y otras enfermedades endémicas, Convit se planteó el reto de crear un centro de investigaciones científicas, dando origen al Instituto de Dermatología, el cual posteriormente pasó a ser el actual Instituto de Biomedicina de Caracas, el cual es desde el 2 de julio de 1973, la sede del Centro Internacional de Investigación y Adiestramiento sobre Lepra y Enfermedades afines de la Organización Mundial de la Salud. Allí, después de mucho esfuerzo conjunto y continuo, surgió la vacuna contra la lepra, que sirvió de base para la vacuna contra la leishmaniasis.

Su más importante logro individual en el campo médico ha sido el desarrollo de una vacuna capaz de prevenir y curar la lepra, al que se agrega también al desarrollo (en equipo con sus colaboradores del Instituto de Biomedicina) de la vacuna contra la leishmaniasis cutánea. Convit también hizo aportes significativos en el conocimiento de enfermedades infecciosas, como la Oncocercosis y Micosis profundas.

Pero lo más importante es que a pesar de sus logros, nunca dejó de la el aspecto humano, y podemos dar fe de ello cuando vemos que expresa lo siguiente de su experiencia en Cabo Blanco muchos años después: “Aprendí a cuidar a los pacientes desempeñando labores de médico, juez, odontólogo y consejero, que sirvieron ampliamente para enriquecer mi conocimiento sobre la enfermedad y profundizar sobre el aspecto humano de los enfermos”.

Foto: www.jacintoconvit.com

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