Mundo

Día Internacional de los Trabajadores

9-2

Chicago EEUU

Era primero de mayo de 1889 en la ciudad de Chicago, Estados Unidos. Los trabajadores exhaustos de aguantar día a día jornadas laborales de 18 horas con salarios miserables, deciden comenzar una huelga para exigir se cumpla la recién aprobada Ley Ingersoll que fijaba las jornadas laborales a 8 horas. Los empresarios Estadounidenses se negaron a cumplir la ley esgrimiendo violaciones a sus derechos económicos.

Las Jornadas de Chicago

Debido al incumplimiento de dicha ley, los trabajadores iniciaron lo que luego se conocería como las “Jornadas de Chicago”, comenzando una huelga que exigía se cumpliesen las jornadas laborales de 8 horas por parte de los Empresarios. Estas jornadas inmediatamente fueron rechazadas por la prensa estadounidense calificando las jornadas de protesta como «indignantes e irrespetuosas», «delirio de lunáticos poco patriotas», y manifestando que era «lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo».

El New York Times decía: «Las huelgas para obligar al cumplimiento de las ocho horas pueden hacer mucho para paralizar nuestra industria, disminuir el comercio y frenar la renaciente prosperidad de nuestra nación, pero no lograrán su objetivo».
El Filadelfia Telegram decía: «El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate: piensa precisamente en estos momentos en iniciar una huelga por el logro del sistema de ocho horas».
El Indianápolis Journal decía: «Los desfiles callejeros, las banderas rojas, las fogosas arengas de truhanes y demagogos que viven de los impuestos de hombres honestos pero engañados, las huelgas y amenazas de violencia, señalan la iniciación del movimiento».

Convocatoria a la Plaza Haymarket

Convocatoria a la Plaza Haymarket

Los Mortales Enfrentamientos – La Libertad de Expresión

El primer enfrentamiento fue ese primero de mayo donde hordas mandadas por la policía causaron una revuelta que dejo 6 muertos y muchos heridos.

Proclama tras la primera masacre

Proclama tras la primera masacre

El redactor del periódico obrerista Arbeiter Zeitung Fischer corrió a su periódico donde publica una proclama que le costaría a el y a su socio mas tarde la horca, sin ningún reclamo por parte de los demás dueños de periódicos Estadounidenses:

“Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!
¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.
Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.
Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!
Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden…
¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!
¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!…” 

Dos días después se concentraron en la Plaza de Haymarket miles trabajadores que fueron masacrados por 180 policías uniformados. El saldo fue un numero indeterminado de muertos a balas disparadas por los policías que tenían ordenes de disparar a matar a los revoltosos “comunistas”.

Luego de la masacre y como consecuencia de estos sucesos, los principales dirigentes obreros fueron detenidos y condenados a muerte: George Engel, Michael Scwab, Lous Ling, Adolph Ficher, Samuel Fielden, Hessois Auguste Spies, Oscar Neebe y Albert R Parsons.

Estos trabajadores serían recordados hasta hoy como Los Mártires de Chicago, quienes con su vida y su lucha prolongada lograron que hoy todos tengamos mejores y mas justas condiciones de trabajo.

Los Mártires de Chicago

Los Mártires de Chicago

Los Datos y Las Crónicas

  • Con los años, el ex juez John Peter Altgelt, gobernador del estado de Illinois, promovió la revisión del proceso
    Niños trabajadores

    Niños trabajadores

    judicial a los obreros de Chicago, quedando demostrado que todo había sido orquestado para culparlos. En junio de 1893 resolvió absolver a los condenados, liberando a Schwad, Fielden y Neebe.

  • Un millón setecientos mil niños entre diez y quince años soportaban jornadas de trabajo pesado mal pagado de 14 a 16 horas diarias en la industria minera y en la ruidosas fábricas textiles y metalúrgicas entre otros rubros.
  • El 1º de mayo de 1886 se lanzaron a la huelga más de 300.000 trabajadores.
  • El 3 de mayo, se concentraron varios miles de huelguistas y mientras sus delegados parlamentan con la patronal, una provocación sirvió de pretexto para que la policía ametrallara la asamblea, produciéndose 6 muertos y cincuenta heridos entre los obreros.

    Juicio Haymarket

    Juicio Haymarket

  • El 4 de mayo en un acto en el que participaron más de 15.000 trabajadores, la policía disolvió violentamente el acto, luego que una bomba que cayó entre los policías mató a un agente e hirió a varios de ellos. El ametrallamiento de la multitud produjo 38 muertos y 115 heridos.
  • En Chicago se declaró el estado de sitio y el toque de queda ; el ejército ocupó los barrios obreros, saqueando los locales sindicales, destruyendo sus bibliotecas, imprentas, produciendo cientos de detenciones.
  • Tiempo después se descubrió que los industriales en complicidad con la policía habían montado la provocación a fin de “aleccionar a los revoltosos que no querían trabajar”.
  • Se cambió la pena de muerte por la de prisión perpetua a Michel Seawab, periodista, y a Samuel Fielden, ex predicador metodista.

    Dirigentes obreros ejecutados

    Dirigentes obreros ejecutados

  • El huelguista Louis Ling, apareció “suicidado” en su celda por la explosión de un cartucho de dinamita colocado en su boca a modo de cigarro
  • En Chicago, la segunda ciudad en importancia de Estados Unidos, las crónicas periodísticas relataban que:
    “los obreros parten a las 4 de la mañana y regresan a las 7 u 8 de la noche e incluso más tarde. Jamás ven a sus esposas e hijos a la luz del día. Unos se acuestan en corredores y altillos, otros en barracas donde se hacinan tres y cuatro familias. Muchos no tienen alojamiento, se los ve juntar restos de legumbres en los recipientes de desperdicios como los de los perros, o comprar al carnicero sólo algunos centavos de recortes”.
  • Las luchas posteriores fueron consiguiendo paulatinamente la reducción de la jornada laboral. A mediados de 1886, lograron la disminución a 10 horas alrededor de 800.000 obreros, mientras que 250.000 habían obtenido ya el objetivo de las 8 horas.

Una Crónica Final

José Martí, entonces exiliado en EE.UU, escribió una crónica sobre el linchamiento para el diario La Nación, de Buenos Aires, publicado en la edición del 1 de enero de 1888, titulada “El Golgota de Chicago”, en la cual narró el crimen cometido por las autoridades norteamericanas:

“…Salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro. Spies va con paso grave, desgarradores los ojos azules, hacía atrás el cabello bien peinado, blanco como la misma mortaja, magnifica la frente. Fischer, le sigue robusto y poderoso, enseñando por el cuello la sangre pujante, realizados por el sudario los fornidos miembros. Engels andando de atrás, a la manera de quien va a una casa amiga, sacudiendo el sayón incomodo con las rodillas. Parsons, como si tuviese miedo a no morir, fiero, determinado, cierra la procesión a paso vivo. Ya han puesto el pie en la trampa, bajo las cuerdas colgantes. Aún se ven los rostros, plegaria el de Spies, el de Fischer firmeza, el de Parsons orgullo rabioso, a Engels que hace reír con un chiste a su corchete, se le ha hundido la cabeza en la espalda. Ya le han echado sobre la cabeza como el apagavelas sobre las bujías, las cuatro caperuzas. Y susurra Spies ‘Salud oh tiempos en que nuestro silencio será más poderoso que nuestras voces, sofocadas hoy por la muerte’. La trampa cede. Los cuatro cuerpos caen a la vez en el aire, dando vueltas y chocando. Parsons ha muerto al caer, gira de prisa y cesa. Fischer se balancea, retiembla, quiere zafar el cuello entero, estira y encoge las piernas y muere. Engels se mece en su sayón flotante, le sube y baja el pecho como la marejada y muere ahogándose. Spies en danza espantable, cuelga girando como un saco de muecas, se encorva, se alza de lado, se da en la frente de rodillas, sube una pierna, extendiendo las dos y sacude los brazos, tamborilea y al fin expira, rota la nuca hacia adelante, saluda a los espectadores con la cabeza…”

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