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El cambio climático deja sin luz a Zambia

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LAGO KARIBA, Zambia — Incluso ahora, cuando la sequía y los efectos del cambio climático se han vuelto cada vez más visibles por estos lares, la presa Kariba ha sido una fuente constante y casi interminable de algo raro en África: electricidad tan barata y abundante que Zambia podía exportar una parte a sus vecinos.

La energía generada por Kariba —una de las presas hidroeléctricas más grandes del mundo, en uno de los lagos artificiales más grandes del mundo— contribuyó a la estabilidad política de Zambia y ayudó a que su economía creciera rápidamente.

Sin embargo, una severa sequía empeorada por el cambio climático ha bajado el nivel del agua a un récord mínimo, por lo que Kariba genera tan poca energía que los apagones han paralizado a los ya de por sí dañados negocios del país. Después de una década de ser el estandarte de la vanguardia del crecimiento africano, Zambia, ahora en caída rápida y preocupante, lucha para pagarle a sus funcionarios y ha pedido ayuda al Fondo Monetario Internacional.

“La presa Kariba nos hizo abrir los ojos; fue una especie de confirmación de que este puede ser un problema ocasionado por el cambio climático”, dijo David Kaluba, el coordinador nacional de la Secretaría Interina para el Cambio Climático en el gobierno.

La rápida caída de Zambia muestra cómo el fenómeno amenaza el desarrollo económico en África, un continente especialmente vulnerable a los efectos del cambio climático y cómo contribuye a eliminar las pocas ganancias obtenidas en los últimos años.

Al mismo tiempo que la caída mundial de precios de productos agrícolas ha devastado África, la sequía y otros patrones del clima relacionados con el cambio climático también han afectado negativamente a algunas de las economías más grandes del continente: desde Nigeria en el oeste, a Etiopía en el Cuerno de África, hasta Sudáfrica en su parte más baja.

Durante las próximas décadas, se espera que África se caliente más rápido que el resto del mundo, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. A pesar del acuerdo alcanzado en París en diciembre que comprometió a casi todos los países del mundo a bajar sus emisiones de gases de efecto invernadero, no está claro cuánto dinero tendrá África para mitigar los efectos del cambio climático y adaptarse a él.

Zambia todavía depende mucho de la ayuda internacional para manejar el cambio climático, y ha sido lenta para planificar cómo enfrentarse a las consecuencias. Danny Simatele, experto en cambio climático de la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, dijo que “desgraciadamente, lo que sucede en Zambia es en realidad lo que está sucediendo en el resto de África”.

 Una vista del río Zambezi desde el muro de la presa Kariba, donde los niveles del agua han bajado debido a la poca lluvia. Foto: Joao Silva para The New York Times

Una vista del río Zambezi desde el muro de la presa Kariba, donde los niveles del agua han bajado debido a la poca lluvia. Foto: Joao Silva para The New York Times

La crisis energética ha aumentado la preocupación en Zambia en torno al cambio climático, algo que no se había logrado durante años y décadas en los que sucedieron otros cambios, como el aumento de la temperatura o pautas de lluvia irregulares. Ahora, la gente en todo el país está pendiente del nivel del agua en Kariba —que estaba al 13 por ciento de su capacidad durante una visita reciente, por encima apenas del bajísimo 11 por ciento que tenía en enero— igual que está pendiente de sus equipos de fútbol favoritos.

Joe Mulenga, un carnicero de 28 años, me contó que se había enterado del cambio climático por la televisión hace más o menos un año y que después hizo una búsqueda en internet sobre el tema. “Ahora está aquí. Ya lo estamos sintiendo; es real”, dijo. “Estoy muy preocupado”. Francis Ndilila, que dirige el comité energético en la Cámara Industrial de Comercio de Zambia, dijo que el cambio climático ya ha tenido un “efecto directo al frenar nuestro desarrollo económico”. Las proyecciones de crecimiento en Zambia, que se estimaban en más de 7 por ciento de la década que finalizó en 2015, se redujeron a la mitad.

Los problemas en la presa derivan del fenómeno meteorológico El Niño, que ocasionó la peor sequía en décadas en algunas partes de África. Los agricultores que dependen de la lluvia y no tienen sistemas de riego se han visto muy afectados.

Otros países también dependen de la energía hidroeléctrica además de Zambia: Zimbabue, Mozambique, Tanzania y Malawi. En Zambia, esa fuente constituye el 95 por ciento de la electricidad. La producción de la presa Kariba, que normalmente genera más del 40 por ciento de la energía del país, ha disminuido a casi un cuarto de su capacidad.

 Pherry Mwiinga, ingeniero hidráulico, observa el río Zambezi en Zambia, donde se registran niveles históricamente bajos de agua. Foto: Joao Silva para The New York Times

Pherry Mwiinga, ingeniero hidráulico, observa el río Zambezi en Zambia, donde se registran niveles históricamente bajos de agua. Foto: Joao Silva para The New York Times

Hace poco, no salió ni una gota de las esclusas de la presa. Se podían ver algunas áreas rocosas del fondo del río que alimenta el lago Kariba, y partes de las paredes de la presa, que suelen estar sumergidas, estaban decoloradas. Este año, las lluvias llegaron tarde a Zambia y además en poca cantidad, sin embargo, fuertes lluvias recientes al norte del país han traído esperanza.

“Una vez que el flujo nos llegue en unas semanas, esperamos un aumento razonable, no mucho”, declaró Pherry Mwiinga, uno de los ingenieros hidráulicos del Organismo Regulador del Río Zambezi que administra la presa.

Entre 1960 y 2003, la temperatura promedio anual de Zambia subió 1,3 grados Celsius, y las precipitaciones han disminuido 2,3 por ciento cada diez años. La temporada de lluvias es más corta ahora y hay sequías más frecuentes. Cuando cae la lluvia, lo hace con gran intensidad, lo que suele causar inundaciones.

Los gobiernos africanos han dicho que se necesitan grandes inversiones para construir sistemas de riego, canales e infraestructura resistente al clima, además de desarrollar otras fuentes de energía renovable. En el acuerdo climático firmado en París en diciembre, los países ricos, grandes emisores de gases de efecto invernadero, ofrecieron 100 mil millones de dólares al año a partir de 2020 a naciones en desarrollo para lidiar con el cambio climático. Sin embargo, la cantidad no es jurídicamente vinculante y los términos de su desembolso son vagos. “Es poco claro”, dijo Kaluba de la Secretaría del Clima de Zambia. “Vemos 100 mil millones esparcidos en los documentos, pero no se ha concretado”. Robert Chimambo, un activista ambiental de la Red por el Cambio Climático de Zambia, dijo que “el gobierno no puede hacer muchas cosas sin la ayuda de donantes”.

El hecho de que Zambia depende de la energía hidroeléctrica ha agravado sus problemas. El precio del cobre, su principal bien de exportación, cayó porque China disminuyó su demanda. Debido a la falta de lluvia y los bajos niveles de agua, Zambia se ha visto forzada a programar apagones —muchas veces son también no programados—. Los apagones aumentan los costos de producción, por lo que las minas de cobre han despedido a miles de trabajadores.

En un país acostumbrado a una fuente segura de energía, la sequía y los consecuentes apagones han afectado inmediatamente negocios grandes y pequeños.

Para la Acerera Good Time en Lusaka, la productora de acero más grande del país, los cortes de energía significan perder una tercera parte de su capacidad de producción así como constantes desperfectos en sus máquinas. Incapaz de alcanzar sus objetivos de producción, el año pasado la compañía se volvió improductiva por primera vez en su historia.

La Acerera Good Time se inauguró en Zambia hace una década como parte de una oleada de inversiones chinas en el país y en otras partes de África. En ese momento, los empresarios chinos no sopesaron la respuesta del gobierno al cambio climático cuando tomaron la decisión de invertir, dijo Jacky Huang, el director de la Acerera Good Time, que emplea a 600 zambianos y 60 chinos.

“Ahora ya tomamos en cuenta lo que el gobierno hace para encarar el cambio climático”, dijo Huang, y agregó que su compañía abandonó recientemente un plan de expansión debido al suministro irregular de energía eléctrica. “Es un factor que debemos considerar”.

En un área de Lusaka llamada Kalingalinga, los negocios pequeños e informales también se quejaron de perder clientes y dinero. Ahora muchos comerciantes duermen cuando la luz se va y trabajan cuando vuelve la luz.

El único negocio que al parecer sí está creciendo es la renta de generadores a diésel, una fuente de energía —y de contaminación— popular en muchas naciones africanas que no tienen suficiente electricidad.

En tal situación, el negocio ha sido tan bueno que sus cinco empleados no han tenido un solo día de descanso desde que abrieron hace más de tres meses.

“Ni siquiera vamos a la iglesia”, dijo Sheila Kandala, de 20 años. “No es justo. El domingo se supone que debemos descansar”.

 Un trabajador en la Acerera Good Time en Lusaka, Zambia, donde los apagones han afectado la producción. Foto: Joao Silva para The New York Times

Un trabajador en la Acerera Good Time en Lusaka, Zambia, donde los apagones han afectado la producción. Foto: Joao Silva para The New York Times

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